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Everardo Meléndrez: la fuerza de las aulas que mueve al SNTE 27 en Sinaloa

Columna | Por Carlos Rochín Mercado

En la política sindical, como en la política nacional, el ruido suele usurpar el lugar de la fuerza. Hay quienes confunden presencia en redes con arraigo y discurso encendido con organización. Everardo Meléndrez Hernández ha caminado en sentido contrario: con perfil bajo, tejido fino y trabajo intenso por toda la geografía sinaloense. Por eso, cuando el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE emita la convocatoria para renovar la Sección 27, su nombre no llegará como ocurrencia de última hora; llegará como la expresión de un proyecto que lleva años construyéndose desde las escuelas y muy cercano a las base.

El calendario no admite interpretaciones caprichosas en favor de nadie. El Estatuto del SNTE establece que los comités ejecutivos seccionales duran cuatro años y que corresponde al Comité Ejecutivo Nacional expedir la convocatoria; además, la elección debe resolverse mediante voto directo y secreto. Genaro Torrecillas López asumió la Secretaría General el 9 de noviembre de 2021 para el periodo 2021-2025, de modo que el relevo de la Sección 27 está estatutariamente pendiente. La democracia sindical no puede reducirse a un acuerdo de cúpulas: la última palabra pertenece a las y los trabajadores de la educación mediante sufragio universal, libre, directo, secreto, personal e intransferible.

En ese terreno, Meléndrez tiene un bagaje que no se improvisa. Suma 17 años dentro del magisterio y una década de experiencia en el Comité Ejecutivo Seccional, distribuida en dos periodos. Actualmente ocupa la Secretaría de Trabajo y Conflictos de Primarias al lado del maestro Torrecillas, una cartera que obliga a conocer expedientes, derechos, agravios y soluciones, es decir, el pulso real de la organización. Nació y se formó en Escuinapa, pero se asume hijo adoptivo de Guamúchil, donde reside; desde la región del Évora ha extendido una red que hoy alcanza el norte, el centro y el sur del estado.

La medición más visible ocurrió hace apenas unas semanas, durante el encuentro por su cumpleaños. Distintas coberturas periodísticas registraron a más de tres mil asistentes, entre docentes, personal de apoyo, directores, supervisores y jefes de sector provenientes de diversos municipios. Un festejo no sustituye una elección y una multitud no equivale automáticamente a votos; afirmarlo sería echar campanas al vuelo. Pero reunir semejante número sin convocatoria electoral formal sí constituye una demostración de músculo, capacidad de convocatoria y liderazgo. En política, las fotografías no ganan por sí solas, aunque algunas revelan quién ya tiene estructura.

¿Se le alinearon los astros? Tal vez, pero la política no es astronomía: es circunstancia, relaciones y oportunidad. La llegada de Graciela Domínguez Nava a la gubernatura interina, tras la licencia indefinida de Rubén Rocha Moya, modificó el eje del poder estatal. Para Everardo, ese movimiento tiene una lectura especial por la mancuerna de trabajo y confianza que ambos construyeron desde la etapa de Graciela al frente de la SEPyC. Eso no significa que el Gobierno deba intervenir en la vida interna del sindicato, lo cual sería inaceptable; significa que Meléndrez conoce los canales de interlocución institucional que una dirigencia seria necesita para defender al magisterio sin someterse al poder.

El segundo movimiento también le favorece. Imelda Castro fue nombrada el 26 de agosto coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Sinaloa. Dentro del gremio nunca fueron desconocidas las simpatías de Meléndrez por esa propuesta; sin embargo, mantuvo la institucionalidad y evitó convertir su responsabilidad sindical en plataforma partidista. Esa combinación le suma: coincidió con una corriente política que terminó imponiéndose, pero no rompió los puentes internos ni hizo de la Sección 27 una sucursal electoral. Supo estar sin desbordarse y esperar sin desaparecer.

Existe, además, una capa menos visible en su manera de hacer política. Su disciplina, reserva y tejido territorial recuerdan a una vieja escuela de operación que conoció los años de mayor poder territorial y capacidad de negociación del SNTE. No hace falta ponerle nombres propios a esa genealogía: basta recordar que aquellas redes no se extinguieron, conservan cuadros, memoria y conexiones, y todavía forman parte de los equilibrios internos frente a la etapa encabezada por Alfonso Cepeda Salas. Meléndrez parece tener una virtud poco común: puede dialogar con la conducción presente sin desconocer las estructuras históricas que aún pesan cuando se toman decisiones de grandes ligas.

Precisamente Cepeda Salas abrió un nuevo escenario el 27 de agosto, en Pachuca, al señalar que el próximo Consejo Nacional analizaría si se detienen algunas convocatorias seccionales hasta después de los comicios constitucionales de 2027, para evitar injerencias políticas. Conviene precisar: hasta ahora es una posibilidad por resolver, no una determinación firme ni un anuncio específico para Sinaloa. Si el relevo se aplaza, Meléndrez tendrá más tiempo para ensanchar su organización; si la convocatoria sale pronto, deberá convertir simpatía en votos. En cualquiera de los dos escenarios, hoy aparece como el competidor más sólido y el perfil a vencer dentro de la Sección 27.

La propuesta para las maestras y los maestros debe ir más allá de respaldar un nombre. Una vez publicada la convocatoria, la base tendría que exigir compromisos públicos y medibles: defensa jurídica oportuna; transparencia en plazas, promociones y recursos; una agenda firme sobre pensiones, salud y seguridad social; protección para las comunidades escolares golpeadas por la violencia; y rendición de cuentas directa en cada región. A Meléndrez le corresponde convertir “Juntos Somos Más Fuertes” en un pacto verificable, donde cada trabajador encuentre representación y donde la unidad no sea silencio impuesto, sino pluralidad con rumbo.

Concluimos que, Everardo Meléndrez todavía no es secretario general, porque en un sindicato democrático nadie debe proclamarse antes de que hablen las urnas. Sin embargo, los hechos colocan su proyecto en la primera línea: tiene oficio, territorio, estructura, interlocución y una coyuntura política que, aplazada la elección o no, lo fortalece. Los astros pudieron acomodar el escenario, pero el liderazgo no cayó del cielo; fue tejido escuela por escuela y municipio por municipio. Cuando el SNTE suelte la convocatoria, la Sección 27 no buscará solamente un relevo: podrá elegir una nueva generación de poder sindical. Everardo representa sin duda, un liderazgo joven, vigoroso y de tejido fino que llega a la antesala de la renovación sindical con territorio, oficio y una correlación política favorable.Y hoy, con dedo de fuego, hay que decirlo, el nombre que más pesa es el de Everardo Meléndrez, si no lo creen, al tiempo…

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SEP 7 2026

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