Fox y ‘Alito’: no los une el amor, sino el espanto

JULIÁN ANDRADE/EL BASTIÓN
Los edificios que albergan las oficinas del PRI sobreviven como testigos de mejores épocas. Algo deslucidos y lejos de la vitalidad de antaño, parecen resistir no solo el paso del tiempo, sino las inclemencias de la política.

En el vestíbulo, un busto de Alfonso Reyes y una cita: “La paz como la democracia, solo da sus frutos donde todos la respeten y amen”.

A esas oficinas acudió Vicente Fox para reunirse con Alejandro Moreno, Rubén Moreira y Manuel Añorve.

El expresidente de la República llegó a la Presidencia en el año 2000 con la promesa de sacar al PRI de Los Pinos, y lo logró bajo el paraguas de la alianza entre su partido, el PAN, y el Verde Ecologista.

La reunión de Fox con la dirigencia priista permite apreciar cómo ha cambiado —y cómo no— México. Quienes ven una incongruencia en el mandatario que encabezó la primera alternancia democrática en el poder olvidan los parámetros de la disputa política de hace más de dos décadas.

Aquella elección fue difícil tanto para el PAN como para el PRI. Para los primeros, porque la contienda era cuesta arriba en un panorama donde aún no existían las facilidades democráticas que vendrían después. Para los segundos, representados por Francisco Labastida, porque terminaron derrotados y, como remate, tuvieron que pagar una multa millonaria impuesta por el IFE (hoy INE) debido al uso de recursos ilegales en el llamado Pemexgate.

¿Qué puede unirlos ahora? ¿Existe una convergencia posible entre la derecha liberal —hoy volcada a la ciudadanía— de los foxistas y la propuesta de centro del PRI?

Sí la hay, y radica exactamente en lo mismo que unió al PAN, PRI y PRD en la contienda de 2024: la defensa del sistema democrático que esas mismas fuerzas partidistas ayudaron a construir.

Por eso cobra sentido el llamado hecho por Fox y Moreno para edificar un frente ciudadano que reivindique y, sobre todo, ayude a corregir el rumbo para frenar la deriva democrática. Fox participa activamente a través de su organización civil, Alma de México, impulsando lo que considera prioritario.

Sin embargo, el problema para quienes promueven esta convergencia desde la trinchera democrática es que la pura bandera institucional ya no alcanzará. Debe ir acompañada de propuestas locales específicas y, ante todo, de candidaturas genuinamente comprometidas con los valores que enarbolan.

Una parte sustancial de la derrota de 2024 no se gestó en las urnas, sino en las traiciones que vinieron después. Por ello, quizá la alianza más poderosa deba darse, precisamente, en las cámaras legislativas. Pero para que esto sea siquiera imaginable, se requieren acuerdos firmes a distintos niveles.

¿Quieren Alito y Fox volver a los privilegios de antaño? Supongo que sí, pero a uno muy en particular: que los votos cuenten y se sigan contando con autoridades independientes, contrapesos reales, Estado de derecho y todas las garantías del debido proceso.

Podrían decir, parafraseando a Jorge Luis Borges, que “no los une el amor, sino el espanto”.

Por elpiripituchi

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