
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Eso es el aprendizaje. Entender de repente algo que siempre has entendido, pero de una manera nueva”, Doris Lessing (1919-2013) Novelista británica de origen iraní.
EL RELEVO
Hay generaciones que llegan al poder porque el paso del tiempo termina abriéndoles espacio. Otras, en cambio, tienen que abrirse camino demostrando que están preparadas para asumir responsabilidades que tradicionalmente pertenecían a perfiles con décadas de experiencia.
Estrella Palacios Domínguez pertenece a esta segunda generación.
Su principal desafío no consiste en convencer a Morena de que representa el relevo político dentro del movimiento. Eso prácticamente nadie lo discute. La verdadera prueba será demostrar que ese relevo posee la madurez suficiente para conducir un estado que atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente.
Porque la juventud genera expectativas.
Pero solamente los resultados construyen liderazgo.
Ahí comienza realmente el análisis sobre Estrella Palacios.
Su aspiración no puede entenderse únicamente como la intención de una política joven de crecer dentro de Morena. Representa algo mucho más profundo: el intento del partido gobernante por demostrar que cuenta con una nueva generación capaz de conducir el segundo piso de la Cuarta Transformación sin depender exclusivamente de quienes construyeron el movimiento desde sus orígenes.
La discusión es mucho más amplia que una candidatura.
Se trata de saber si Morena está listo para comenzar una nueva etapa o si todavía necesita refugiarse en los liderazgos que consolidaron el proyecto durante los últimos veinte años.
Estrella Palacios aparece justamente en el centro de ese debate.
La generación que ya no quiere esperar
Durante décadas, la política sinaloense estuvo dominada por una regla casi inquebrantable: los cargos más importantes llegaban después de muchos años de recorrer estructuras partidistas, ocupar responsabilidades menores y esperar el momento en que las generaciones anteriores decidieran hacerse a un lado.
Era una política donde la antigüedad pesaba tanto como la capacidad.
Morena modificó parcialmente esa lógica.
La irrupción del movimiento permitió que muchos perfiles llegaran al servicio público sin recorrer necesariamente los caminos tradicionales del PRI o del PAN. Sin embargo, conforme Morena comenzó a gobernar, también surgió un nuevo fenómeno: los liderazgos fundadores empezaron a consolidarse como la generación dominante del partido.
Hoy esa generación enfrenta su primer gran reto.
Renovarse.
Estrella Palacios representa precisamente esa posibilidad.
Su trayectoria política creció prácticamente al mismo tiempo que Morena se consolidaba en Sinaloa. No pertenece a la vieja política tradicional, pero tampoco es una improvisada que apareció únicamente porque el partido llegó al poder.
Su carrera ha estado ligada al crecimiento del movimiento.
Eso le permite presentarse como parte de una generación que no busca desplazar a quienes construyeron Morena, sino demostrar que el proyecto ya tiene condiciones para caminar con nuevos liderazgos.
La diferencia parece pequeña.
En realidad, es enorme.
Porque una cosa es sustituir personas.
Otra muy distinta es sustituir generaciones.
Mazatlán fue mucho más que una alcaldía
En política existe una enorme diferencia entre administrar un discurso y administrar una ciudad.
La primera permite explicar problemas.
La segunda obliga a resolverlos.
Mazatlán se convirtió en el espacio donde Estrella Palacios dejó de ser únicamente una figura partidista para convertirse en una gobernante sometida al juicio cotidiano de los ciudadanos.
Y gobernar Mazatlán no significa administrar cualquier municipio.
Es conducir la principal ciudad turística del estado, uno de los motores económicos de Sinaloa y uno de los escaparates más importantes del Pacífico mexicano.
Cada decisión tiene repercusiones inmediatas.
La actividad turística no admite improvisaciones.
La inversión exige certidumbre.
Los servicios públicos funcionan bajo una presión permanente.
La seguridad adquiere una dimensión distinta cuando millones de visitantes llegan cada año al puerto.
Gobernar Mazatlán obliga a entender que una ciudad turística nunca duerme.
Las temporadas vacacionales no representan únicamente derrama económica.
También significan mayor responsabilidad institucional.
Esa experiencia constituye uno de los activos más importantes de Estrella Palacios.
Porque deja de hablar desde la teoría.
Habla desde la práctica.
Ya enfrentó problemas reales.
Ya administró recursos públicos.
Ya coordinó equipos.
Ya tomó decisiones cuyos resultados fueron evaluados diariamente por la ciudadanía.
Eso modifica completamente su perfil político.
Sin embargo, también aumenta la exigencia.
Quien ya gobernó un municipio importante no puede pedir confianza únicamente con promesas.
Debe responder por resultados.
Y esos resultados serán inevitablemente comparados con las condiciones actuales de Mazatlán.
La cercanía como forma de ejercer el poder
Existe una diferencia evidente entre la manera en que Estrella Palacios ha construido su liderazgo y la forma en que otros actores políticos han desarrollado el suyo.
Mientras algunos perfiles proyectan autoridad desde la experiencia administrativa o el control de estructuras partidistas, Estrella ha privilegiado una narrativa basada en la cercanía.
Sus recorridos muestran una constante.
Asambleas.
Reuniones vecinales.
Encuentros con pescadores.
Conversaciones con comerciantes.
Diálogos con mujeres.
Visitas casa por casa.
No parece una estrategia improvisada.
Responde a una forma específica de entender la política.
La idea consiste en transmitir que gobernar comienza escuchando.
Que las decisiones públicas deben construirse desde el territorio y no exclusivamente desde las oficinas.
Ese enfoque conecta con uno de los principios históricos de Morena.
El movimiento nació caminando colonias, ejidos y comunidades.
No nació dentro de las instituciones.
Por eso, cuando Estrella insiste en recorrer el estado, también envía un mensaje interno.
Está recordando cómo se construyó Morena.
Pero la cercanía también tiene un límite.
Escuchar genera empatía.
No necesariamente genera gobernabilidad.
Una parte importante de la ciudadanía valora que sus autoridades recorran colonias y mantengan contacto directo con la gente.
La otra parte espera algo distinto.
Resultados.
La verdadera prueba para Estrella consistirá en demostrar que ambas cosas pueden convivir.
Que escuchar sirve para tomar mejores decisiones.
Y que esas decisiones terminan mejorando la vida cotidiana.
La política de las emociones
Uno de los aspectos menos analizados de Estrella Palacios es su manera de comunicar.
Mientras algunos aspirantes construyen discursos cargados de cifras, indicadores y experiencia acumulada, ella suele privilegiar las emociones.
Habla de bienestar.
De comunidad.
De mujeres.
De familias.
De esperanza.
No es casualidad.
Las campañas contemporáneas dejaron de ganar únicamente mediante estadísticas.
Hoy las emociones ocupan un lugar central en la construcción del liderazgo.
La gente puede olvidar cuántos millones se invirtieron en una obra.
Difícilmente olvida cómo se sintió durante un gobierno.
Si percibió cercanía.
Si encontró respuestas.
Si sintió acompañamiento institucional.
Estrella parece haber entendido esa lógica.
Su comunicación intenta conectar primero con las personas y después con los datos.
Sin embargo, las emociones también necesitan respaldo.
Un proyecto político no puede sostenerse indefinidamente sobre percepciones.
En algún momento deberá demostrar resultados concretos.
La emoción abre la puerta.
La eficacia mantiene abierto el camino.
La sombra inevitable de Claudia Sheinbaum
Toda figura emergente enfrenta un desafío complejo.
Construir identidad propia.
En el caso de Estrella Palacios, esa tarea resulta todavía más delicada porque su crecimiento político ocurre durante el primer gobierno encabezado por una mujer en la historia de México.
La llegada de Claudia Sheinbaum modificó profundamente la política nacional.
También modificó las expectativas dentro de Morena.
Hoy existe un espacio natural para el crecimiento de nuevos liderazgos femeninos.
Eso favorece a Estrella.
Pero también genera una pregunta inevitable.
¿Hasta dónde su proyecto posee identidad propia?
La cercanía con el liderazgo nacional puede abrir puertas.
Pero ninguna candidatura estatal puede depender exclusivamente del respaldo presidencial.
Los ciudadanos terminan votando por quien conocen.
Por quien sienten cercano.
Por quien consideran capaz de resolver los problemas de su estado.
Estrella deberá construir una narrativa que dialogue con el proyecto nacional de Morena sin perder personalidad política.
No necesita parecer otra Claudia Sheinbaum.
Necesita demostrar que puede ser la primera Estrella Palacios.
La seguridad será el examen definitivo
Todos los aspirantes pueden hablar de desarrollo.
Todos pueden hablar de bienestar.
Todos pueden hablar de inversión.
Pero existe un tema que terminará definiendo la elección de 2027.
La seguridad.
Sinaloa vive una realidad distinta.
La violencia dejó de ser una estadística.
Hoy forma parte de la vida cotidiana.
Las familias modificaron horarios.
Los comercios cambiaron rutinas.
Los jóvenes crecieron en un ambiente muy diferente al de hace apenas algunos años.
Por eso, cualquier proyecto político será evaluado principalmente por su capacidad para recuperar la tranquilidad.
Hasta ahora, Estrella Palacios ha construido una narrativa basada en la cercanía, la participación y el bienestar.
Tarde o temprano deberá complementarla con una propuesta integral de seguridad.
¿Cómo fortalecería las policías?
¿Cómo coordinaría esfuerzos con la Federación?
¿Cómo atendería a las víctimas?
¿Cómo reconstruiría la confianza institucional?
¿Cómo devolvería la paz sin romper el tejido social?
Esas respuestas serán mucho más importantes que cualquier discurso de campaña.
Porque la ciudadanía ya no votará únicamente por quien prometa continuidad.
Votará por quien convenza de que puede recuperar la tranquilidad.
La ventaja y el riesgo de representar una nueva generación
Toda renovación despierta entusiasmo.
También genera dudas.
Quienes respaldan a Estrella Palacios sostienen que Morena necesita abrir espacios a nuevos liderazgos para mantenerse vigente.
Quienes mantienen reservas consideran que un estado en crisis exige perfiles con mayor experiencia.
Ambos argumentos tienen lógica.
La juventud aporta energía, capacidad de adaptación y una visión distinta de la política.
La experiencia ofrece conocimiento institucional, manejo de crisis y relaciones consolidadas.
La verdadera discusión no consiste en decidir cuál atributo resulta mejor.
Consiste en identificar cuál necesita hoy Sinaloa.
Estrella Palacios deberá demostrar que la renovación no significa improvisación.
Que una nueva generación puede gobernar con la misma firmeza con la que otros gobernaron desde la experiencia.
Y esa será probablemente la discusión más importante alrededor de su candidatura.
Lo que todavía necesita construir
Estrella Palacios ya posee reconocimiento político.
Tiene una trayectoria ligada a Morena.
Cuenta con experiencia ejecutiva.
Ha construido presencia territorial.
Pero todavía enfrenta retos importantes.
Necesita consolidar una propuesta estatal.
Ampliar su conocimiento fuera de las regiones donde mantiene mayor presencia.
Profundizar su discurso económico.
Desarrollar una estrategia integral de seguridad.
Y, sobre todo, convencer de que su liderazgo no depende exclusivamente del momento político que vive Morena.
Los ciudadanos suelen premiar a quienes representan el cambio.
Pero solamente mantienen su confianza en quienes saben administrar ese cambio.
La verdadera pregunta
El debate sobre Estrella Palacios no debería concentrarse en su edad.
Tampoco en el tiempo que lleva haciendo política.
La pregunta verdaderamente importante es otra.
¿Puede una nueva generación conducir uno de los momentos más complejos de la historia reciente de Sinaloa?
Si logra responder esa pregunta mediante resultados, propuestas y liderazgo propio, Estrella Palacios dejará de ser vista únicamente como una promesa política.
Se convertirá en una alternativa real dentro de Morena.
Porque al final, las generaciones no cambian la historia solamente porque llegan.
La cambian cuando demuestran que estaban preparadas para asumirla.
