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Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga

“A menudo se juzga a los hombres por el crédito de que gozan o por las riquezas que poseen”, François de La Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

ENCUENTROS

La fotografía importa. Pero para Sinaloa importa mucho más lo que puede venir después de ella.

Graciela Domínguez sostuvo en un mismo día su primer encuentro con Claudia Sheinbaum, participó en la Mesa Federal de Seguridad y posteriormente se reunió con Rosa Icela Rodríguez.

No son reuniones menores. Sinaloa atraviesa un problema que difícilmente puede resolver únicamente desde el Gobierno del Estado.

La dimensión de la crisis de seguridad obliga a mantener involucradas directamente a la Federación, las Fuerzas Armadas, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y Gobernación.

Ahí está el primer beneficio para Sinaloa. Tener una gobernadora con interlocución directa en Palacio Nacional reduce distancias para gestionar decisiones.

Más elementos federales cuando sean necesarios. Mayor coordinación de inteligencia. Operativos focalizados. Seguridad carretera. Seguimiento a objetivos prioritarios.

Y capacidad para sentar en una misma mesa a las instituciones federales y estatales.

De hecho, la Federación ya ha reforzado su presencia en Sinaloa y particularmente en el sur del estado. La estrategia federal también ha reportado reducciones en algunos indicadores, aunque la violencia continúa siendo un problema cotidiano en distintas regiones.

Pero hay una segunda parte que puede ser todavía más importante.

Sinaloa no necesita solamente seguridad. Necesita recuperación económica.

La violencia ha golpeado comercio, turismo, movilidad, inversión y empleos. Por eso una buena relación con la Presidencia puede servir también para colocar sobre la mesa programas extraordinarios, infraestructura, apoyos empresariales, promoción turística y recursos federales.

Graciela ya comenzó a construir un Plan Integral de Seguridad y Gobernabilidad escuchando a hoteleros, comerciantes, universidades y transportistas. Esa agenda local puede adquirir otra dimensión si consigue acompañamiento federal.

Existe además un tercer beneficio: gobernabilidad.

Sinaloa viene de meses de incertidumbre política y de seguridad. Una relación funcional entre Culiacán y Palacio Nacional puede reducir espacios de confrontación institucional y ofrecer mayor certidumbre para tomar decisiones.

Por eso la frase de Graciela —“compartimos identidad y proyecto”— tiene una lectura política.

Pero para los sinaloenses debería tener otra: ¿en qué se va a traducir esa cercanía?

Porque una buena relación con la Presidenta puede abrir puertas.

La diferencia estará en lo que Sinaloa consiga detrás de esas puertas. Seguridad. Inversión. Empleo. Infraestructura. Y recuperación de la confianza. La fotografía ya está. Ahora falta convertirla en resultados.

REFLECTORES

Luis Guillermo Benítez volvió. Y consiguió exactamente lo que probablemente necesitaba: que nuevamente hablaran de él.

Durante meses estuvo prácticamente fuera de la conversación política de Mazatlán. Bastaron una fotografía con priistas y posteriormente una conferencia de prensa para recuperar espacios, cámaras y micrófonos.

Hasta ahí, estrategia cumplida. El problema comienza cuando revisamos el discurso.

Benítez apareció el pasado 4 de septiembre en un evento organizado por la Fundación Colosio, vinculada al PRI, acompañado de figuras de ese partido como Mario Zamora, Paloma Sánchez y César Emiliano Gerardo.

Después aseguró que sigue siendo morenista. Y ahora cuestiona duramente al mismo Mario Zamora con quien apareció fotografiado. Benítez sostiene que Zamora lo recibió de manera ofensiva y que por eso respondió llamándolo “patán”. Esa es su versión. Zamora había contado algo diferente: que lo trató institucionalmente, conversaron y que incluso Benítez le aclaró que su proyecto seguía estando en Morena.

Cada quien tendrá su versión. Pero existe una pregunta mucho más sencilla: ¿qué hacía un hombre que ahora reivindica su condición de “moreno de corazón” en un evento político organizado por una fundación priista?

Puede argumentar amistad personal con la organizadora. Es válido. También es válido dialogar con adversarios políticos.

Lo que resulta difícil de conciliar es acudir, fotografiarse, generar especulación política y días después asumir un discurso de pureza partidista desde el cual reparte certificados de quién merece y quién no merece representar a Morena.

Ahí aparece la contradicción.

Porque El Químico ahora cuestiona al “rochismo”, habla de honestidad, pide recuperar los principios de Morena, respalda a Imelda Castro y hasta propone a Carlos Escobar para Mazatlán.

Pero su propia trayectoria reciente obliga a preguntarse cuánto pesa hoy su palabra.

En 2024 salió de la ruta electoral de Morena para competir bajo las siglas del PT.

Ahora regresa proclamándose morenista. Hace unos días aparece entre priistas.

Después cuestiona a uno de ellos. No es ilegal. Pero políticamente sí plantea un problema de congruencia.

Y existe algo todavía más importante. El Químico puede generar titulares.

Lo que todavía tendría que demostrar es que conserva estructura, territorio y capacidad real de movilización.

Porque una conferencia llena micrófonos. Una fotografía genera especulación.

Y una declaración incendiaria produce titulares. Pero ninguna de esas tres cosas equivale necesariamente a votos.

Quizá por eso la reaparición de Luis Guillermo Benítez debe observarse desde una perspectiva diferente. No tanto por lo fuerte que habla, sino por cuántos siguen escuchándolo.

Porque los reflectores ya los consiguió. Ahora falta saber si detrás de ellos todavía existe fuerza política.

Y ahí está la verdadera fuerza de sus palabras. Pero lo único que podemos decir es que con el “puro pájaro nalgón”.

EN DUDA

Sergio “Pío” Esquer pone sobre la mesa una discusión que seguramente acompañará la visita de Claudia Sheinbaum a Sinaloa.

¿Es suficiente incrementar la presencia federal o hace falta explicar mejor hacia dónde va la estrategia?

Movimiento Ciudadano sostiene que el despliegue de fuerzas contiene la violencia, pero no necesariamente resuelve las causas ni desarticula por sí mismo a las organizaciones criminales. Es una posición política de oposición y debe entenderse como tal.

Del otro lado existe una realidad que tampoco puede ignorarse.

El Gobierno federal sí ha incrementado considerablemente su presencia en Sinaloa y recientemente reforzó particularmente Mazatlán. La propia Presidencia había adelantado también la presencia del gabinete federal de seguridad como parte de las reuniones de coordinación con las autoridades estatales. Por eso quizá la discusión no debería reducirse a si vienen más o menos elementos.

La pregunta importante es qué resultados está produciendo esa presencia y cuál es la siguiente etapa de la estrategia. Y hay otro punto relevante en el planteamiento de Esquer: la economía.

La violencia no solamente se mide en homicidios, enfrentamientos o aseguramientos. También tiene consecuencias sobre comercios, empleos, inversión, turismo y la vida cotidiana.

La visita del domingo está formalmente enmarcada en la gira del Segundo Informe de Gobierno y se realizará en la Feria Ganadera de Culiacán. Pero el contexto sinaloense inevitablemente colocará la seguridad sobre la mesa.

No necesariamente porque lo diga Movimiento Ciudadano. Sino porque después de dos años de crisis, seguridad, recuperación económica y confianza siguen formando parte central de las preocupaciones públicas en Sinaloa.

La visita presidencial tendrá entonces dos lecturas. Lo que Claudia Sheinbaum venga a informar. Y lo que Sinaloa espera escuchar.

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx

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Por elpiripituchi

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