
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Todas las cosas buenas son nuestras; ya el alma no necesita del cuerpo más que lo que el propio cuerpo necesita del alma”, Robert Browning (1812-1889) Poeta inglés.
CUENTAS CLARAS
La política sinaloense comienza la semana con un tablero diferente. La definición de Imelda Castro como coordinadora estatal de la Cuarta Transformación cerró una competencia, pero abrió muchas otras.
Ahora la política baja a los municipios.
Y ahí probablemente será más complicado mantener la unidad que Morena ha mostrado alrededor de Imelda.
Mientras los partidos comienzan a pensar abiertamente en 2027, Graciela Domínguez Nava tiene otra responsabilidad: gobernar.
Sus encuentros recientes con empresarios, hoteleros, comerciantes, universidades y transportistas muestran una estrategia de apertura que le ha permitido escuchar directamente los efectos económicos y sociales de la inseguridad.
Pero comienza otra etapa.
El Plan Integral de Seguridad y Gobernabilidad tendrá que transformar esas reuniones en acciones. Además, el Gobierno estatal prepara sus prioridades para el Presupuesto federal de 2027 y tiene por delante la visita del gabinete federal de seguridad y, el 20 de septiembre, el encuentro de Graciela con la presidenta Claudia Sheinbaum.
Graciela está construyendo interlocución. Ahora necesitará convertirla en resultados.
Del 10 al 15 de septiembre está previsto el registro para las siete coordinaciones distritales federales de Morena, PVEM y PT. Posteriormente vendrán las 20 coordinaciones municipales y, después, los distritos locales.
Ahí comenzará la verdadera prueba.
Ariadna Montiel vino a Sinaloa, respaldó a Imelda y consiguió una fotografía importante de unidad. Además, quienes participaron en el proceso estatal podrán buscar otros espacios.
Eso resuelve un problema, pero puede generar veinte más.
Porque una cosa es ponerse de acuerdo alrededor de una coordinación estatal y otra repartir candidaturas a alcaldías, diputaciones federales y Congreso local.
Morena tiene muchos aspirantes. El problema será seleccionar candidatos sin producir demasiados inconformes.
En Mazatlán hay que mirar los movimientos de Estrella Palacios.
Regresó al Ayuntamiento tomando decisiones, modificó Seguridad Pública y anunció que continuará evaluando su gabinete. Por eso esta semana será importante conocer hasta dónde llegará esa revisión.
Ya no se trata solamente de quién sale o quién permanece. El fondo es saber si Estrella utilizará esta segunda etapa para imprimirle definitivamente su sello al Gobierno municipal.
Y detrás está 2027.
No porque exista hoy una definición sobre su futuro, sino porque un buen cierre de gobierno puede convertirse naturalmente en plataforma para buscar continuidad.
Culiacán será otro foco.
La capital concentra gobierno, estructura partidista y una cantidad importante de aspirantes. Conforme se acerque la convocatoria municipal veremos quiénes realmente entran.
Aquí la encuesta será importante, pero también el género, las alianzas Morena-PVEM-PT y la capacidad de cada grupo para aceptar el resultado.
Culiacán puede convertirse en uno de los procesos internos más difíciles de administrar.
En Ahome habrá que observar si Morena apuesta por continuidad o comienza a construir una alternativa. Cada reunión y cada movimiento territorial comenzará inevitablemente a interpretarse desde 2027.
En Guasave las aspiraciones ya empiezan a hacerse públicas. Martha Dagnino abrió la puerta para buscar la alcaldía y seguramente no será la única.
Y en Salvador Alvarado, Ambrocio Chávez lleva tiempo construyendo presencia y estructura. Ahí será interesante la competencia entre los grupos locales y comprobar si alguno logra crecer más allá de su propia corriente.
Son municipios distintos, pero comparten la misma pregunta: ¿quién tiene realmente territorio y quién solamente tiene aspiración?
Pero Morena enfrenta un riesgo diferente: administrar la abundancia.
Tiene gubernatura definida políticamente, numerosos aspirantes y una coalición que también reclamará espacios.
Por eso esta semana comienza una etapa distinta.
Imelda ya tiene el respaldo de arriba. Graciela tiene que entregar resultados desde el Gobierno. Y ahora los aspirantes tendrán que demostrar qué tienen abajo.
Porque la gubernatura dejó de ser, por el momento, la principal incógnita.
La política bajó a los municipios. Y ahí comenzará otra competencia.
LA OTRA CARA
Mientras Morena comienza a disputar alcaldías, distritos federales y diputaciones locales, enfrente también hay movimiento.
Pero el punto de partida es diferente.
PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y PAS tienen primero que resolver si competirán separados o si serán capaces de construir un bloque suficientemente amplio para enfrentar a Morena en 2027.
Y el tiempo comienza a correr.
Acción Nacional decidió adelantarse mediante una plataforma abierta para quienes quieran buscar la gubernatura. Ya aparecen Roxana Rubio, Jesús Estrada Ferreiro, Eduardo Ortiz y, desde el PRI, Paola Gárate.
La presencia de Paola es quizá lo más interesante.
No solamente porque sigue militando en el PRI, sino porque su movimiento obliga a discutir algo que tarde o temprano tendrán que resolver todos: si una eventual candidatura opositora será determinada por las dirigencias o por competitividad electoral.
La propia Paola acaba de plantear que los aspirantes deberían medirse y que sea el respaldo ciudadano, más que las siglas, el que determine quién encabece un eventual proyecto común.
Ahí hay tema.
El PRI tendrá una semana importante.
Está prevista para el 12 de septiembre la visita de Alejandro Moreno a Sinaloa, donde se contempla formalizar a los llamados “Defensores de México” rumbo a 2027.
Será interesante observar nombres.
Pero también mensajes.
Porque el PRI enfrenta una disyuntiva: preservar identidad y candidaturas propias o aceptar que una alianza amplia necesariamente implicaría ceder posiciones donde otro partido tenga mejores perfiles.
Lo ocurrido con Paola Gárate anticipa esa discusión.
Movimiento Ciudadano y el Partido Sinaloense tampoco deben descartarse.
En una elección cerrada, algunos puntos porcentuales pueden representar la diferencia entre ganar y perder. Por eso PAN y PRI han mantenido abierta la conversación con ambas fuerzas, aunque hasta ahora no existe una coalición definida.
Y los municipios pueden terminar empujando los acuerdos estatales.
En Guasave, por ejemplo, dirigentes locales de PRI, PAN, MC y PAS ya han hablado de cerrar filas para 2027, aunque reconocen que una alianza dependerá finalmente de decisiones estatales y nacionales.
Eso podría repetirse en otros municipios.
La oposición cometería un error si concentra toda su energía en encontrar candidato a gobernador.
Culiacán, Mazatlán, Ahome y Guasave serán fundamentales, pero también aquellos municipios donde actualmente existen gobiernos distintos a Morena pueden convertirse en puntos de resistencia territorial.
Ahí la lógica tendría que ser distinta.
No preguntar primero qué partido merece determinada candidatura, sino quién puede competir realmente en cada municipio.
Porque una alianza construida solamente arriba puede fracasar abajo si las dirigencias pretenden repartir posiciones mediante cuotas y no mediante competitividad.
Para PRI, PAN, MC y PAS el desafío no será únicamente ponerse de acuerdo contra Morena. Necesitan encontrar una causa común, candidatos competitivos y un método que permita procesar las diferencias sin romperse antes de comenzar.
Paola Gárate ya puso una propuesta sobre la mesa: medirse.
El PAN abrió sus puertas. El PRI comenzará a definir perfiles. Y falta saber hasta dónde estarán dispuestos a caminar MC y PAS.
Por eso también habrá que mirar hacia los municipios durante las próximas semanas.
Porque para la oposición la alianza puede anunciarse desde Culiacán.
Pero si pretende convertirse realmente en alternativa, tendrá que construirse municipio por municipio.
