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Agenda Política

Caso Rubén Rocha;
Contradicciones e
Imprecisiones hasta
Entre especialistas del tema

= Coinciden en lo fundamental: urge una decisión
= Que el periodo máximo de licencia es de seis meses
= Recientemente cumplió cien días en su situación
= ¿Regresa o no a la gubernatura? He ahí la cuestión
= Canción del Negrumo, dedicada a JEHCH por Calderón

Jorge Luis Telles Salazar

Desde su artículo 58 y hasta el 64, la Constitución Política del Estado de Sinaloa precisa puntualmente los pasos a seguir en caso de ausencias del titular del Poder Ejecutivo en la entidad. El camino es claro, sin embargo, existen interpretaciones diversas y contradictorias, incluso hasta por destacados jurisconsultos sinaloenses. El tema, luego de algunas semanas en aparente olvido, ha cobrado palpitante actualidad, ahora que Rubén Rocha ha cumplido cien días de no ejercicio de su responsabilidad como gobernador de nuestro Estado.
Veamos:
Artículo 58: “las faltas temporales del gobernador del Estado, hasta por 30 días, serán suplidas por el secretario de gobierno, con el carácter de encargado del despacho; las que excedan de tal periodo, serán cubiertas por un gobernador interino que nombrará el congreso por mayoría absoluta de votos, de los diputados presentes…”
Artículo 59: “si la falta absoluta del gobernador ocurriera en los últimos cuatro años de su periodo, si el Congreso se encontrase en sesiones, designará al gobernador sustituto que deberá concluir el periodo; si el Congreso no estuviese reunido, la diputación permanente nombrará un gobernador provisional y convocará al Congreso para que se erija en colegio electoral y haga la elección del gobernador sustituto…”
Bajo esta condición, actualmente estamos en los términos del articulo 58, con Yeraldine Bonilla Valverde como gobernadora interina; pero ya en los umbrales del 59, cuando la circunstancia comienza a perfilar la necesidad de un gobernador sustituto, que sería quien cerraría el periodo de Rubén Rocha Moya.
Podría ser la misma Yeraldine Bonilla, la que saltaría de gobernadora interina a gobernadora sustituta; pero en el Congreso sostienen que tal movimiento no es necesario. Que Yeraldine podría concluir el sexenio, sin necesidad de nombrarla gobernadora sustituta. Además de que no se ha disipado la posibilidad de un eventual retorno de Rocha Moya a la gubernatura de la entidad.
Sobre estos criterios, no se requiere, entonces, de mucha agudeza mental para deducir que ese artículo es letra muerta y que está de sobra en nuestro texto constitucional. Si se ignora olímpicamente, carece de razón el que forme parte de la magna carta de Sinaloa.
A nuestro juicio, a estas alturas ya es urgente la toma de una decisión en tal sentido, para fortalecer un clima de gobernabilidad en Sinaloa, ya sea con Yeraldine Bonilla o con otra propuesta, que obviamente surgiría de las filas del Movimiento de Regeneración Nacional. O bien, si la intención es que Rocha Moya recupere la titularidad del Poder Ejecutivo Estatal, que se tome, lo antes posible, un acuerdo en esa dirección, más allá de las repercusiones políticas que esto podría traer a nivel nacional.
En el mismo orden de cosas, hay quienes sostienen que el plazo máximo de ausencia es de seis meses; pero la verdad es que esto no figure expresamente en ninguno de los artículos consultados en el texto constitucional. No hay claridad -la “neta”, como dicen ahora- en cuanto al tiempo máximo que Rocha pudiera mantenerse al margen de la gubernatura; pero con la posibilidad de volver en cualquier momento.
Coincidencia unánime: Rocha Moya está jurídicamente apto para regresar al cargo, puesto que no se le probado delito alguno; pero también es cierto que tampoco existe, todavía, una exoneración categórica por parte de la Fiscalía General de la República. Rocha solicitó licencia precisamente para eso: para facilitar las investigaciones de la FGR; pero aun no hay un posicionamiento, ni en un sentido ni en otro.
Innegable es, de la misma manera, que vienen hechos que forzarán necesariamente una decisión: el mes patrio y sus celebraciones -las mas importantes en el calendario cívico nacional -, el quinto informe de gobierno y el proceso interno de moReNa, atorado por muchas razones, de las cuales no puede excluirse, desde luego, el caso Rubén Rocha Moya.
Salvo su mejor opinión, amigo lector.
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A propósito del fallecimiento de Jesús Enrique Hernández Chávez -apenas el sábado anterior -, recordemos:
Agosto de 1980, lapso de asueto técnico entre la segunda y tercera etapa de la campaña política de Antonio Toledo Corro, como candidato del PRI a la gubernatura de Sinaloa.
Culiacán, capital del Estado.
Tras el acto de inauguración del sistema de telefonía rural -que comunicaría a la sierra sinaloense con el resto del mundo – realizado en su rustica casa de San José de Gracia, municipio, de Sinaloa (con la asistencia de Rosa Luz Alegría, como representante personal del presidente José López Portillo), el gobernador Alfonso G. Calderón celebra su cumpleaños, con una recepción alrededor de la vieja alberca de lo que llamaban Casa de Gobierno, aquí en Culiacán, en la entonces pomadosa colonia Guadalupe, para ser más exactos.
El candidato Toledo Corro no está Culiacán en esos momentos. Se toma unos días en la ciudad de México, donde, junto con algunos integrantes de su equipo de trabajo, afina detalles para aplicar a lo largo de la tercera fase de su cruzada política por los 17 municipios de la entidad, que se reanudaría días después.
Calderón, flanqueado por su secretario general de gobierno, Marco Antonio Arroyo y por su secretario particular, Joel Amarillas, copa en mano -acostumbraba el Johny Walker para los eventos grandes – se pasea, ufano, por las orillas de la piscina, al lado del compositor Enrique Sánchez Alonso (el “Negrumo”), su invitado especial. En el espacio, tres melodías alternadas con frecuencia: “Me quedan quince minutos”, “Culiacán” y “los Caballos que corrieron”, por supuesto.
Ahí, el diputado federal Jesús Enrique Hernández Chávez figura entre los invitados; pero no se siente cómodo, a pesar de departir con amigos de siempre como Fortunato Alvarez Castro, Juan Millán, Jorge Romero Zazueta, Roberto Soltero, Roberto Zavala, Samuel Escoboza y Raúl René Rosas Echavarría, entre otros.
“Chuquiqui” fungía como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI y por esa poderosa razón debería aparecer, necesariamente, en todos los eventos del candidato Antonio Toledo Corro, cuya relación con el gobernador Calderón, no era precisamente la mejor. De hecho, era una obligación política de Hernández Chávez; pero, para esas alturas -casi tres meses de campaña – ya muchos rumores habían llegado hasta Calderón. “Chuquiqui” lo sabía, como sabía también que el reclamo seria irremediable. Su intranquilidad era difícil de ocultar.
Así, en una de esas Calderón, junto con sus acompañantes, llega hasta el grupo, donde Hernández Chávez para saludar, agradecer su presencia en el animado ágape. Y algo más.
-¡Quihubo Jesús! ¿Cómo va la campaña de Toño? – le inquiere, a boca de jarro.
-Creo que bien, señor gobernador; echándole ganas -contesta con timidez.
-¿Y nuestro candidato? ¿Por donde anda?
-Está en la ciudad de México, señor gobernador; regresa la próxima semana.
Alfonso G. Calderón guarda silencio por algunos segundos, bebe un poco de escocés de la copa de entre sus manos, vé fijamente a Hernández, con una mirada capaz de derretir un iceberg, sonríe apenas perceptiblemente y le dice al “Negrumo”:
-Enrique, arráncate con la canción dedicada esta noche, especialmente para nuestro amigo “Chuquiqui”.
Y el “Negrumo” se lanza, acompañado por uno de los tríos mas cotizados del momento:
-Dios no lo quiera; pero presiento que has dejado de quererme; en estos días tus caricias se volvieron frías de repente…
Silencio sepulcral.
Risas nerviosas.
Momento embarazoso.
Lo rompe finalmente Calderón con un manotazo en la espalda de Hernández Chávez, acompañado de sonora carcajada, mientras todo mundo celebra la ocurrencia y la fiesta sigue su curso, al estilo clásico del entonces gobernador de Sinaloa.
Así fue.
Otras versiones sobre el hecho, son mera fantasía.
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Y hasta aquí por hoy.
Nos vamos ya.
Cuídense mucho y Dios los bendiga.
Ahora y siempre.
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Por elpiripituchi

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