Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga 

“Tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos”, Jonathan Swift (1667-1745) Político y escritor irlandés.

SEGUNDA VUELTA

El proceso interno de Morena en Sinaloa comienza a ofrecer una lectura interesante rumbo a las elecciones de 2027. Cuatro presidentes municipales en funciones han decidido participar en la búsqueda de las coordinaciones municipales de su partido, abriendo la posibilidad de competir por un segundo periodo al frente de sus respectivos ayuntamientos.

Estrella Palacios Domínguez, en Mazatlán; Cecilia Ramírez Montoya, en Guasave; Antonio Menéndez de Llano Bermúdez, en Ahome, y Luis Fernando Loaiza Bañuelos, en San Ignacio, representan cuatro realidades municipales distintas, pero comparten una misma aspiración: dar continuidad a sus proyectos de gobierno.

La decisión merece analizarse sin descalificaciones anticipadas ni reconocimientos desmedidos. Aspirar a permanecer en el servicio público mediante el voto ciudadano es una posibilidad contemplada en el sistema electoral mexicano, pero también implica someter la gestión a una evaluación que va más allá de los discursos y las estructuras partidistas.

En Mazatlán, Estrella Palacios enfrenta el desafío de consolidar su administración en un municipio de enorme importancia económica, turística y política. Su cercanía con distintos sectores sociales y la atención a las necesidades comunitarias forman parte de una línea de trabajo que puede favorecer su posicionamiento. Sin embargo, la ciudadanía también observará los resultados en servicios públicos, seguridad, infraestructura y capacidad de respuesta. La continuidad tendrá que construirse sobre avances verificables.

Guasave presenta un escenario diferente. Cecilia Ramírez Montoya gobierna un municipio donde las demandas del sector agrícola, las comunidades rurales y la infraestructura urbana ocupan un lugar central. Su decisión de participar en el proceso interno abre la oportunidad de presentar un balance de lo realizado y de plantear una segunda etapa de gobierno. La experiencia adquirida representa una ventaja administrativa, aunque su verdadero valor dependerá de cómo la perciban los ciudadanos.

En Ahome, Antonio Menéndez de Llano Bermúdez enfrenta una circunstancia particular. Su llegada a la presidencia municipal como alcalde sustituto hace que su eventual aspiración tenga una lectura distinta. Más que hablar de continuidad personal, deberá construir una propuesta propia, demostrar capacidad de conducción y acreditar que puede responder a las necesidades de Los Mochis y sus sindicaturas. Su participación también pondrá a prueba su habilidad para generar consensos dentro y fuera de Morena.

San Ignacio, por su parte, ofrece una dinámica territorial distinta a la de los municipios más poblados. Luis Fernando Loaiza Bañuelos conoce las condiciones de una demarcación donde la cercanía con las comunidades, la atención a las localidades rurales y la gestión de recursos tienen un peso determinante. Su aspiración puede encontrar una fortaleza en el conocimiento del municipio, pero igualmente deberá traducirse en resultados que justifiquen la posibilidad de un segundo periodo.

Hay un elemento positivo en estas cuatro decisiones: los alcaldes están dispuestos a someter sus aspiraciones a un proceso político y, eventualmente, al juicio de las urnas. Eso permite abrir una discusión sobre la continuidad de los proyectos municipales, un tema que no debería resolverse únicamente a partir de simpatías personales o acuerdos partidistas.

También representa un reto para Morena. El partido tendrá que equilibrar el derecho de sus actuales gobernantes a participar con las aspiraciones de otros cuadros políticos. La selección de perfiles deberá considerar competitividad, trayectoria, capacidad de gobierno y aceptación ciudadana, sin convertir el ejercicio de una presidencia municipal en una candidatura automática.

Porque gobernar ofrece ventajas de exposición pública y conocimiento de los problemas, pero también implica cargar con las decisiones tomadas, las promesas pendientes y los resultados alcanzados.

La reelección, cuando está respaldada por una gestión eficaz, puede contribuir a consolidar proyectos, dar seguimiento a obras y fortalecer políticas públicas que requieren más tiempo para ofrecer resultados. Pero cuando se plantea solamente como una extensión del poder, pierde su sentido democrático.

Por eso, el análisis de estos cuatro alcaldes no debe centrarse exclusivamente en quién tiene mayores posibilidades de obtener una candidatura. La pregunta importante es qué puede ofrecer cada uno para mejorar las condiciones de su municipio durante los siguientes tres años.

Estrella Palacios, Cecilia Ramírez, Antonio Menéndez y Luis Fernando Loaiza tienen por delante la oportunidad de demostrar que su experiencia de gobierno puede convertirse en una propuesta de futuro. Cada uno parte de circunstancias diferentes y enfrentará evaluaciones ciudadanas igualmente distintas.

En este escenario, resulta saludable que la discusión política comience a girar alrededor de proyectos, resultados y capacidades. Sinaloa necesita gobiernos municipales estables, cercanos a la población y capaces de responder a los problemas cotidianos sin perder de vista los desafíos de largo plazo.

La continuidad no debe verse como un privilegio, pero tampoco descartarse por prejuicio. Si una administración ha construido avances, es razonable que aspire a consolidarlos. Si existen pendientes, corresponde reconocerlos y explicar cómo serán atendidos.

Al final, Morena decidirá sus candidaturas conforme a sus procedimientos internos, pero será la ciudadanía la que tendrá la última palabra.

Y ahí está la verdadera dimensión de este proceso: la reelección no se gana por ocupar una presidencia municipal, sino por convencer a los ciudadanos de que vale la pena continuar el camino.

REFUERZO

Imelda Castro está dejando claro que su responsabilidad como coordinadora estatal de la Cuarta Transformación va más allá de encabezar reuniones partidistas. Su recorrido por los municipios de Sinaloa tiene un propósito definido: fortalecer la organización territorial de Morena y mantener cohesionada a su militancia rumbo al proceso electoral de 2027.

La cifra de 300 mil afiliados que destacó durante sus encuentros en Rosario y Escuinapa representa, de acuerdo con la dirigencia, una base importante para el movimiento. Sin embargo, el verdadero desafío no está solamente en sumar militantes, sino en convertir esa estructura en participación, organización y respaldo ciudadano.

Hay un elemento que merece reconocerse en el discurso de Imelda Castro: su insistencia en que los dirigentes son pasajeros y que la militancia permanece. Es una definición política que coloca a la organización por encima de las aspiraciones individuales, particularmente importante en un momento en que Morena comienza a enfrentar la competencia interna por las candidaturas municipales.

También resulta significativo su llamado a cerrar filas con la gobernadora Graciela Domínguez Nava. En el contexto que atraviesa Sinaloa, la coordinación entre el partido y el gobierno puede contribuir a la estabilidad política, aunque los resultados en materia de seguridad deberán evaluarse por sus efectos reales en la población.

Imelda Castro tiene experiencia, conocimiento de la estructura partidista y capacidad de interlocución. Su principal reto será administrar las diferencias internas sin perder la unidad que busca construir, especialmente cuando llegue el momento de definir candidaturas.

Porque tener 300 mil afiliados puede representar una fortaleza política, pero conservar su confianza y mantenerlos trabajando por un proyecto común será la verdadera prueba de liderazgo.

RESULTADOS

La gobernadora Graciela Domínguez Nava mantiene una postura de coordinación con el Gobierno federal frente a uno de los mayores desafíos de Sinaloa: recuperar la seguridad. Su reconocimiento a los resultados de los operativos, pero también a los pendientes en materia de homicidios, refleja una lectura prudente de la situación que enfrenta el estado.

La disminución de las denuncias por robo de vehículos, de 241 en enero a 110 en septiembre, representa un avance importante que merece reconocerse. Sin embargo, la permanencia de más de 20 mil elementos federales confirma que las condiciones todavía requieren una atención extraordinaria.

Hay un aspecto positivo en el posicionamiento de la mandataria: reconocer los resultados sin presentar la estrategia como una tarea concluida. La coordinación institucional es necesaria, pero su verdadero alcance deberá medirse en la reducción sostenida de los delitos y en la recuperación de la tranquilidad ciudadana.

Graciela Domínguez enfrenta una responsabilidad compleja, y mantener el respaldo federal constituye una fortaleza para su administración.

Porque en materia de seguridad, los avances cuentan, pero la verdadera victoria llegará cuando las familias sinaloenses puedan recuperar su vida cotidiana sin temor.

DE FRENTE

La carrera por la presidencia municipal de Concordia comienza a tomar forma y uno de los nombres que busca abrirse espacio es Isaac Guerra, quien ha iniciado acercamientos con liderazgos políticos de la región ante la posibilidad de construir una alianza entre PAN, PRI y Partido Sinaloense.

Su encuentro con Roberto Osuna “El Zeuss”, el exalcalde Sebastián Zamudio y Óscar Tirado representa una primera señal de interlocución política. Más allá de las fotografías y expresiones de respaldo, lo interesante será conocer si estos acercamientos logran convertirse en una estructura territorial capaz de competir electoralmente.

Guerra parece entender que una aspiración municipal necesita algo más que voluntad personal. Requiere acuerdos, presencia en las comunidades y capacidad para reunir a sectores que, aun con diferencias partidistas, puedan coincidir en un proyecto para Concordia.

La eventual alianza opositora podría abrir un escenario competitivo, aunque todavía no existen acuerdos formales ni una candidatura definida. También habrá que observar si los liderazgos que hoy muestran disposición de acompañarlo mantienen ese respaldo cuando comiencen las negociaciones.

Por ahora, Isaac Guerra ha dado un primer paso positivo: hacerse presente en la conversación política y buscar interlocutores con experiencia. El siguiente será demostrar que su proyecto tiene contenido, respaldo ciudadano y una propuesta clara para el municipio.

Porque en Concordia, como en cualquier elección, las alianzas pueden ayudar a construir una candidatura, pero solamente la confianza de los ciudadanos puede convertirla en una victoria.

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx

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Por elpiripituchi

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