
Culiacán, una silla para demasiados
Sin duda, políticamente hablando, Culiacán representa mucho. La capital es estructura, presupuesto, reflectores y una plataforma que siempre termina pesando en la sucesión estatal. Por eso rumbo al 2027 no faltan aspirantes, sobran. En Morena el problema no será encontrar candidato, sino decidir qué hacer con todos los que se sienten candidatos; y en una eventual alianza opositora el asunto puede ponerse igual o peor, porque ahí primero tendrán que ponerse de acuerdo los partidos y después explicarle a media docena de calientes que solamente existe una silla.
En Morena aparece Merary Villegas, que lleva más de una elección esperando que ahora sí le toque Culiacán. Se jugó con Imelda Castro y, si toca mujer, seguramente sacará la ficha para demostrar que lleva rato formada. El problema es que también está Tere Guerra, que buscó la grande y no parece dispuesta a guardar los tenis. Tiene trayectoria, relaciones y recorrido. Si la definición fuera entre mujeres, una podría reclamar antigüedad y la otra tablas políticas. Las dos, por supuesto, dirán que son compañeras entrañables hasta cinco minutos después de conocer la encuesta.
Jesús Ibarra intenta diferenciarse con un discurso más crítico, algo que puede funcionar afuera aunque genere comezón adentro. Decir que no todo está bien cuando gobierna tu propio partido tiene mérito, pero también factura. Ricardo Madrid sigue en el tablero. Perdió la grande, pero representa al Verde y los aliados también cobran. Cuando empiecen a repartir candidaturas, el Verde no llegará solamente a preguntar quién quiere café. Pedro Lobo permanece más callado, aunque se jugó con Imelda desde temprano y en política esas apuestas se guardan como pagarés. Falta saber cuándo piensa cobrarlo.
Omar López Campos también está ahí. Exdelegado de Bienestar, exsubsecretario, exsecretario de SEBIDES y participante en la competencia estatal. De Omar se dice en la grilla que pudiera traer la venia de algunos que estaban y de otros que todavía están. Ya veremos si es cierto, porque en política abundan los bendecidos hasta que llega la hora de los milagros. Rodolfo Valenzuela regresó al Congreso, pero no cerró ninguna puerta. Quiere jugar y prácticamente ha dejado abiertas varias posiciones. Alcaldía, diputación local, federal… Rodolfo primero quiere que le enseñen el menú y después decide qué pide. Rubén Miranda, en cambio, lleva una ruta más discreta. Poco ruido y menos reflectores. Puede ser estrategia, aunque también tiene su riesgo, porque caminar demasiado calladito puede provocar que cuando llegue la encuesta alguien pregunte quién era el que venía atrás.
Y entonces llegamos a Serapio Vargas. Ese no necesita que nadie lo destape porque él solo se quita el corcho. Ya dijo formalmente que quiere Culiacán y ahora apareció con Los Apóstoles, lo cual nos garantiza entretenimiento aunque todavía no empiece el proceso. Falta conocer a los doce, quién predicará, quién multiplicará los votos y quién terminará negando a Serapio tres veces antes de que cante el gallo. De Judas mejor ni hablamos, porque en política sinaloense seguramente habrá fila para el casting. Pero cuidado con tomarlo solamente a chacota. Serapio trabaja territorio, tiene estructura, genera conversación y posee una cualidad que muchos políticos pagarían por tener: difícilmente pasa inadvertido. Puede gustar o caer gordo, puede provocar aplausos o mentadas, pero se habla de él. Su mayor fortaleza y su mayor problema son exactamente los mismos: es Serapio Vargas. Y mientras otros todavía están pensando cómo posicionarse, él ya trae hasta Apóstoles. Nomás falta que presente el evangelio según Serapio.
Así que Morena tiene dónde escoger. El verdadero desmadre empezará después de escoger. Mientras todos tengan posibilidades habrá abrazos, unidad y compañeros para siempre. Cuando salga un solo nombre veremos cuántos eran realmente soldados del movimiento y cuántos eran soldados mientras les tocara candidatura.
Pero enfrente tampoco venden tranquilidad. Si finalmente caminan juntos PRI, PAN, PAS y quizá Movimiento Ciudadano, la mesa tendrá más manos que platos. Ahí está Érika Sánchez, quien ya compitió por Culiacán y quiere volver. Desde el Cabildo ha mantenido una oposición dura y no tendría por qué considerarse solamente aspirante del PRI. Si hay alianza, su nombre estará en la discusión y podrá preguntar con razón para qué buscar candidato afuera si ella lleva tiempo peleando adentro.
Y está Noé Heredia, que ya reconoció abiertamente que quiere la alcaldía. Noé ha seguido una ruta diferente. Mientras otros descubren colonias cuando se acerca la elección, él lleva tiempo trabajando estructura, tratando de recuperar priistas que se fueron, reorganizando seccionales y buscando gente que quedó políticamente a la deriva. Eso no garantiza candidatura, pero en una elección municipal la estructura todavía pesa. Además, ha puesto sobre la mesa que si existe una alianza se midan los perfiles y vaya quien tenga mejores números. Suena democrático y hasta romántico. El problema será comprobar si PRI, PAN, PAS y eventualmente MC aman igual las encuestas cuando el resultado favorezca al de otro partido. Porque todos quieren mediciones hasta que la medición les dice que no. Noé está apostando a llegar con estructura propia a esa mesa para no pedir la candidatura por antigüedad ni por cuota, sino para poder decir “mídanme”. Ahora falta que los demás acepten medirse… y, sobre todo, perder.
Paola Gárate seguramente aparecerá en cualquier negociación, aunque con ella hoy basta una brújula para saber desde qué esquina terminará jugando. Roxana Rubio tampoco va a sentarse como espectadora si el PAN entra a una alianza. Si Acción Nacional no lleva la candidatura estatal, seguramente querrá cobrar en municipios importantes y Culiacán es la pieza más cara del aparador.
Y luego está Jesús Estrada Ferreiro, porque a esta novela le faltaba el personaje que regresara de temporadas anteriores. Imagínese al exalcalde que llegó con Morena buscando nuevamente Culiacán desde la órbita del PAN. Morena explicando por qué ya no lo quiere, el PAN explicando por qué pudiera quererlo y Estrada explicando que siempre tuvo la razón. Eso no sería campaña, sería serie de Netflix.
El PAS también tendrá qué decir si entra a la alianza y ahí aparece Robespierre Lizárraga. El Partido Sinaloense tampoco llegará a una negociación para cargar las hieleras. Querrá espacios. Y si Movimiento Ciudadano decide sumarse, Sergio “Pío” Esquer y compañía tampoco entrarían solamente para salir en la fotografía. Entre más grande sea la alianza, más bonita se verá la foto y más cabrón será repartir las candidaturas.
Así está Culiacán. Morena tiene aspirantes como para hacer dos elecciones internas y la oposición todavía no define completamente la alianza, pero ya tiene candidatos suficientes para discutirla.
Todos traen estructura. Todos tienen encuestas. Todos aseguran que la gente se los pide. Todos solamente quieren servir.
Y qué curioso.
Todos quieren servir desde la misma silla.
Apenas comienza esto y Serapio ya trae Apóstoles.
Espérense a que repartan las candidaturas para que aparezcan los demonios.
Todo esto según yo, el Goyo310.
Link web … https://goyo-310.com/culiacan-una-silla-para-demasiados/
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