
Guadalupe Robles
Siete enigmas de la imagen del político
¿Quién les toma las fotos y videos? Hoy, todo político tiene una sombra con celular. Lo sigue a todas partes para tomarle fotos y videos sobre todo lo que hace o finge hacer. Está en todas partes y a todas horas al lado del político: en los eventos del partido, comiéndose unos tacos o a la puerta de una vivienda haciendo como que conversa con la señora de la casa. Fotos, fotos y más fotos. Videos, videos y más videos. Miles de imágenes para que la gente piense que el político también es un ser humano común y corriente. Que es pueblo y está cercano de la gente. Y lo que quiera decir eso.
¿Quién elige los lugares para la foto? La inercia de la actividad misma va marcando la agenda de los lugares en los que es inmortalizado el político. Lo mismo tras de una valla en un mitin al que asisten miles y es uno más, o en un presídium siendo autoridad. O en un evento organizado para él. La clave es no desperdiciar nada ante la hambrienta red social con sus imágenes infinitas. Todo vale, hasta lo más obvio: hacer ver que el político come, camina y es habitante de este planeta.
¿Cómo intenta ser espontáneo? No hay escuela para la espontaneidad, aunque se tomen mil cursos. El político nunca parecerá espontáneo cuando el propio acto no lo es. Ni tampoco la intención. Hacerse ver como que está muy atento en un foro o abrazar con solidaridad a un adulto mayor. O correr como si se estuviera preparando para un maratón, no son actos espontáneos: simplemente un intento de imagen para la red.
¿Cuánta gente realmente lo ve? Generalmente, quién más importa al político son los otros políticos. En la red hay millones de imágenes por segundo que se disputan la atención de los usuarios. Es la explosión de miles de temas. Entonces, ¿quiénes consumen las imágenes de los políticos? Ellos mismos, sus colaboradores, los compañeros del partido, uno que otro despistado, el creador de memes y los que cubren noticias. Ah, y los enemigos internos y externos. Todo gira alrededor de ese círculo.
¿Cuáles son las imágenes más aburridas? Defender las posturas indefendibles del partido y sus gobiernos. Las reuniones con sectores en grandes mesas cuadradas y en las que nunca se llega a nada. Los informes gubernamentales y legislativos. Todos los presídiums. Los recorridos y la presencia de territorio para estar “cerca de la gente”. Informar sobre actividades rutinarias de su función. Supervisar obras con fotos en las que el político hace como que sabe qué está supervisando.
¿Qué tipo de fama da las redes? Las famas son, en el mejor de los casos, efímeras. Solo sobreviven aquellas imágenes marcadas por el ridículo o el escándalo. Generalmente, no se saca nada bueno de la red social. Todo pasa. Y solo queda la ilusión de que se es famoso por un rato. De que es relevante en la galaxia interminable de las personas, los hechos, las cosas y la nada.
¿Cuántas veces aparecen los mismos en una foto? Hay quienes suben a sus redes imágenes de reuniones siempre con los mismos. Dos o tres nuevos en cada evento. Pero ahí están los mismos con otra ropa, otros escenarios otros motivos, pero finalmente los mismos.
