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Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga

“Yo creo que la única gran pérdida son las ilusiones, y a veces las certidumbres, por hermosas que sean, no alcanzan a reemplazarlas”, Julio Cortázar (1914-1984) Escritor argentino.

COMIENZA LA SUCESIÓN

Fuera máscaras. La política sinaloense dejó atrás la etapa de las especulaciones.

El registro de 13 aspirantes para buscar la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional no fue un simple trámite partidista; fue el banderazo de salida de la carrera política más importante rumbo a la elección constitucional de 2027.

Hasta hace apenas unas semanas, las conversaciones giraban en torno a quiénes levantarían la mano. Hoy esa incógnita quedó despejada.

Lo que comienza ahora es una competencia de largo aliento donde ya no bastará con tener trayectoria, simpatías o presencia mediática.

La definición dependerá de la capacidad de construir consensos, mantener estructuras territoriales, generar confianza dentro del movimiento y demostrar competitividad electoral.

Morena decidió abrir ampliamente la puerta.

Y esa decisión, lejos de ser un gesto protocolario, refleja la realidad política de Sinaloa.

Cuando un partido concentra la mayor parte del poder institucional, la verdadera contienda deja de ocurrir entre fuerzas políticas y se traslada al interior del propio movimiento.

En este momento, la disputa más importante del estado no se desarrolla entre los partidos que competirán en el 2027; ocurre dentro de Morena.

Por ello el registro realizado en la Ciudad de México adquiere una dimensión distinta. No se trató únicamente de recibir documentos. Fue el primer acto formal de una sucesión que marcará el rumbo político del estado durante la próxima década.

Las declaraciones de la dirigente nacional, Ariadna Montiel, no fueron casuales. Su mensaje estuvo cuidadosamente construido para fijar la narrativa con la que Morena pretende conducir el proceso interno.

Cuando afirmó que el movimiento no protegerá a quien incurra en irregularidades, pero tampoco permitirá campañas de desprestigio impulsadas —según sus palabras— por la ultraderecha nacional e internacional, estableció dos principios que acompañarán toda la contienda.

El primero consiste en enviar una señal hacia el exterior: Morena buscará impedir que los procesos internos se conviertan en un mecanismo para debilitar políticamente al movimiento.

El segundo, mucho más importante, está dirigido hacia adentro.Porque la experiencia reciente demuestra que las mayores confrontaciones dentro de Morena no han surgido de la oposición, sino de la competencia entre sus propios grupos.

Las filtraciones, las campañas negras, los expedientes políticos y las descalificaciones internas han acompañado prácticamente todos los procesos de selección desde 2018.

Por ello, antes incluso de iniciar la etapa de mediciones, la dirigencia nacional decidió fijar las reglas del discurso político.

No es un detalle menor. Es el reconocimiento de que el principal reto no será organizar una encuesta. Será administrar las consecuencias políticas que dejará su resultado.

Finalmente fueron trece los perfiles que decidieron competir. Cinco mujeres. Ocho hombres. Cada uno representa una historia política distinta y un segmento específico del morenismo sinaloense.

La lista quedó integrada por:

Imelda Castro Castro, senadora con licencia.
Jesús Fernando García Hernández, diputado federal con licencia.
Graciela Domínguez Nava, diputada federal con licencia.
María Teresa Guerra Ochoa, diputada local con licencia.
Gerardo Vargas Landeros, exalcalde de Ahome.
Jesús Ibarra Alfonso Ramos, diputado federal con licencia.
Lucila Ayala de Moreschi, magistrada del Tribunal de Justicia Administrativa.
Estrella Palacios Domínguez, presidenta municipal de Mazatlán con licencia.
Ricardo Madrid Pérez, diputado federal con licencia.
Tomás de Jesús López Bajo, ciudadano.
Omar López Campos, exsecretario de Bienestar de Sinaloa.
Rodolfo Valenzuela Sánchez, diputado local con licencia.
Kristiam Alexis Espinoza García, diputado local con licencia.
Cada nombre aporta una variable distinta. Hay experiencia legislativa. Experiencia municipal. Trayectorias judiciales. Perfiles ciudadanos. Cuadros jóvenes. Operadores territoriales.

Funcionarios con experiencia administrativa. Y dirigentes que han construido estructuras durante varios procesos electorales. No todos parten desde el mismo punto.

Pero todos llegan con la intención de demostrar que pueden encabezar el proyecto político más importante del estado.

Formalmente, la convocatoria habla de una Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional.

Políticamente, todos entienden que se trata de la antesala de la candidatura al Gobierno de Sinaloa.

La figura del coordinador se ha convertido, en los hechos, en el mecanismo mediante el cual Morena define a quien encabezará posteriormente la elección constitucional.

Por ello el interés despertó tanta expectativa. La competencia no es únicamente por un nombramiento interno. Es por la posibilidad de conducir el proyecto político de Morena en uno de los estados estratégicos del país.

Hace apenas una década, Morena luchaba por consolidarse como una alternativa política. Hoy enfrenta un problema completamente distinto. Tiene demasiados perfiles competitivos.

Y cuando muchos consideran tener condiciones para gobernar, la selección inevitablemente genera inconformidades. Paradójicamente, el crecimiento electoral del partido vuelve más complejos sus procesos internos.

En este momento Morena gobierna la Presidencia de la República, el Gobierno de Sinaloa, la mayoría del Congreso local, una parte importante de las alcaldías y mantiene una presencia predominante en el Congreso de la Unión.

Ese escenario convierte la candidatura de 2027 en uno de los activos políticos más codiciados del estado. Por eso la competencia resulta tan intensa.

Aunque oficialmente todos participan bajo las mismas reglas, existen diferencias importantes. Hay perfiles cuyo principal activo es el conocimiento ciudadano. Otros poseen estructuras territoriales construidas durante décadas.

Algunos cuentan con experiencia administrativa. Otros representan la renovación generacional. También existen quienes mantienen una relación directa con la dirigencia nacional y quienes han desarrollado liderazgo regional.

Eso significa que la encuesta difícilmente medirá únicamente popularidad. Evaluará capacidades políticas mucho más amplias.

Existe una percepción simplificada sobre los procesos internos de Morena. Con frecuencia se piensa que basta con preguntar quién es más conocido. La realidad es mucho más compleja.

Históricamente las mediciones consideran múltiples variables. Conocimiento del personaje. Opinión favorable. Opinión negativa. Nivel de confianza. Potencial de crecimiento.

Competitividad frente a la oposición. Capacidad para mantener unido al movimiento.

Rentabilidad electoral. Incluso la aceptación entre militantes y simpatizantes suele tener un peso importante. Eso explica por qué, en ocasiones, personajes ampliamente conocidos no terminan encabezando las candidaturas.

No basta con aparecer en las encuestas. Hay que representar el menor riesgo político posible para el proyecto nacional.

A partir de ahora comenzará una etapa distinta.No veremos campañas formales.

Pero sí una intensa actividad política. Recorridos. Reuniones privadas. Encuentros con sectores productivos.

Presencia en medios. Mayor actividad en redes sociales. Acercamientos con liderazgos regionales. Construcción de alianzas discretas.

Todo ello ocurrirá mientras los aspirantes insisten públicamente en que respetarán las reglas del partido. La política suele hablar más mediante los movimientos que mediante los discursos.

Todo proceso político se explica tanto por quienes participan como por quienes deciden no hacerlo. En los meses previos aparecieron diversos nombres en las conversaciones políticas.

Algunos finalmente no acudieron al registro. Eso también refleja una lectura de la realidad. Hay actores que entendieron que este no era su momento. Otros optaron por fortalecer proyectos regionales.

Y algunos simplemente decidieron preservar capital político para futuras oportunidades. La política también consiste en saber cuándo competir.

Existe una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿Qué ocurrirá cuando Morena anuncie a la persona ganadora?

Ese será el momento más delicado del proceso. Porque elegir un perfil será relativamente sencillo. Conservar unidos a los doce restantes representará la auténtica prueba para la dirigencia nacional.

En los procesos internos modernos, la victoria no termina cuando alguien gana. Termina cuando quienes no fueron favorecidos deciden mantenerse dentro del proyecto.

La historia reciente demuestra que las divisiones internas suelen costar más elecciones que las campañas opositoras. Morena conoce perfectamente esa experiencia.

La elección de Sinaloa no ocurrirá aislada. Será parte de un proceso nacional donde varias entidades renovarán gubernaturas. Además, será la primera gran evaluación política del gobierno encabezado por la presidenta de México.

Eso significa que la dirigencia nacional buscará perfiles capaces de mantener coordinación institucional, estabilidad política y capacidad electoral. El factor local será determinante.

Pero el contexto nacional también tendrá un peso considerable en la decisión final.

Los trece aspirantes representan distintas generaciones, trayectorias y formas de entender la política.Sin embargo, el proceso termina reduciéndose a una pregunta fundamental.

¿Quién ofrece mayores garantías para mantener la fortaleza electoral de Morena en Sinaloa y asegurar la continuidad del proyecto de la Cuarta Transformación?

Esa será la variable que terminará inclinando la balanza. Porque la dirigencia nacional no solamente elegirá a quien pueda ganar una elección.

Elegirá a quien considere capaz de gobernar un estado políticamente complejo, preservar la unidad del movimiento y mantener la coordinación con el proyecto nacional.

Lo que deja lo ocurrido:

El registro del 27 de junio no definió al próximo candidato. Pero sí modificó por completo el escenario político de Sinaloa. A partir de ahora, cada declaración, cada reunión, cada gira, cada posicionamiento y cada alianza comenzarán a ser interpretados bajo la lógica de la sucesión.

Morena abrió oficialmente la competencia.

Ahora inicia la etapa donde menos importarán los discursos y más pesarán la operación política, la construcción de acuerdos y la capacidad de generar confianza.

Porque si algo dejó claro este proceso es que la fortaleza de Morena ya no depende únicamente de ganar elecciones. Dependerá de demostrar que puede administrar democráticamente su propio liderazgo.

Y esa, quizá, será la prueba política más importante que enfrentará el movimiento rumbo a 2027.

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Por elpiripituchi

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