Sobre el camino
Benjamín Bojórquez Olea.
En un contexto en el que empieza la campaña electoral, las encuestas que publican las distintas empresas autorizadas para medir la opinión pública muestran altos índices de indecisos, a pesar de las opciones “elegibles” que los cuestionarios les plantean. Nombres de candidatos que una y otra vez intentan llegar a la presidencia o a los congresos locales y federales, así como la cámara alta y la mamá de todas, gobernar un estado y principalmente un país, o quieren saltar del plano municipal y regional a otro nivel, no logran convencer a la población. Si uno le pregunta a la gente sobre política, la respuesta va asociada al hartazgo, a la desilusión, a la decepción. Para muchos, “el poder cambia a las personas”, “el poder corrompe”, “el poder es malo”. Es necesario tener presente que el poder tiene un fin positivo, un equilibrio, pero requiere de talento para ejercerlo. “Es un riesgo cuando acceden al poder personas egoístas, dominantes, ávidas de privilegios o de controlar a los demás”. Es clave para el Dr. Rocha formar a los que elige y los que son elegidos desde la base de la democracia. La política cada vez desvirtúa la concepción del poder, al que la ciudadanía mira como negativo. ¿Qué es lo que debemos recordar sobre este término? El poder político es un arte superior, un saber muy complejo y su uso es bastante delicado porque conlleva tomar decisiones y realizar acciones que afectan la vida de muchas personas. Por ello exige una potente racionalidad, una gran magnanimidad para plantearse metas muy altas, y talento para articular el gobernar, el dirigir y el gestionar. La gente también ha ido asumiendo como cierta esa idea de que “el poder corrompe”, por esa percepción. ¿Cuán cierta es esta afirmación? Como decía, el ejercicio del poder es muy delicado, muy difícil. Por eso exige una profunda y cuidadosa formación, para adquirir las virtudes necesarias. La sabiduría, la generosidad, la capacidad de gobernar, dirigir y gestionar no se improvisan. Si no, se queda a merced de sí mismo, o de las distintas presiones, y se llega a la corrupción propia y ajena. Un político “improvisado” es un peligro público. La historia de los últimos años nos muestra a líderes políticos, gobernantes, que han terminado con denuncias por corrupción o malversación. Porque usan el poder para sí y no para el bien común. Lo único que justifica el poder es el servicio a los demás que consiste en ayudarles a que sean mejores en todos los sentidos. Si se usa el poder para la auto afirmación (a veces enfermiza) o para aprovechar las prerrogativas del cargo para sus propios intereses o de sus allegados, el poder desequilibra a quien lo ostenta, y se queda en resultados de corto plazo que generan “efectos perversos” para todos. ¿Es nuestro parlamento la muestra del poder dialogante con esa actitud? El poder legislativo es uno de los tres poderes (junto con el Ejecutivo y el Judicial) y tendría que buscar el bien común. Pero falta unidad porque no se tienen auténticos políticos que sean capaces de un “proyecto de Estado”. Entonces cunde la dispersión. El parlamento tiene que “parlar”, el diálogo es clave, pero si cada quien o cada grupo va a lo “suyo”, entonces no se sabe escuchar, ni convocar, los consensos son muy precarios, se ponen a la defensiva y los conflictos se agudizan. Quienes son elegidos por la voluntad popular tienden a cambiar de actitud, prometen servir, pero cuando son elegidos exigen a los demás que les sirvan. Confunden autoridad, con poder. Sí, en lugar de servir con el poder, se “sirven” de él para imponerse, para ir a lo “suyo”; efectivamente, están confundiendo la autoridad con el poder. La autoridad requiere de personas muy desprendidas de sí mismas, es un riesgo cuando acceden al poder personas egoístas, dominantes, ávidas de privilegios, de controlar a los demás o personas mezquinas, que manipulan a los demás para imponerse y sacar ventaja a costa de sus subordinados, o bien, viceversa. ¿Qué debería realizar el Dr. Rocha para que se recuerde que poder no es controlismo, pero sí autoridad y ejemplo concilatorio? Es un tema de fondo porque tiene que ver con la libertad de las personas. Un gobernante, un directivo, tiene que tratar de que los subordinados acaten sus disposiciones. Pero la clave es ¿cómo lo hace? Es un asunto muy largo; quizá ayude recordar que Dios tiene el máximo poder, es quien gobierna el mundo, la historia de la humanidad, ¿cómo lo hace? Dios no nos quita la libertad para que cumplamos sus disposiciones, porque el controlismo es muy dañino, pero además muy ineficaz, revela mucha torpeza y deshumanización.
GOTITAS DE AGUA:
Siempre se pide reflexión para que no se repita una mala acción. ¿Qué habría de recordarle al ejecutivo estatal? Estamos ya a cuatro meses de gobierno, y a mi criterio, es una gran oportunidad para hacer pedagogía política y eso es en primer lugar responsabilidad de quienes entren al debate de la conciliación. Pero también tiene la responsabilidad para formar un criterio, hay que tomarse el trabajo de informarse acerca de los diferentes temas y de sus programas de gobierno. Es necesario pensar y no dejarlo todo a la improvisación. El Sinaloa lo hacemos todos y cada quien tiene su parte de responsabilidad. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos Mañana”…