Siete cosas que extraña quien deja el poder

Guadalupe Robles

1. El micrófono. No hay nada más difícil que vivir sin ti, dice una conocida canción de un popular cantante y compositor. Eso mismo siente el político cuando es obligado al retiro por las circunstancias o el término del encargo. Cuando es expulsado del reino del micrófono. Del mundo de la relevancia. Del púlpito político. En la soledad no hay nada que se extrañe más que el micrófono. Porque finalmente el micrófono es poder y a través de él se transmite el poder del político. Ese monólogo lleno de ego, justificación, ideología y pretexto. ¿Qué es un político sin micrófono?

2. El escritorio. No todos los escritorios son iguales. Hay algunos más relevantes que otros. Sobre todo, de quien manda más y de quien dependen tantas voluntades. El escritorio es poder. Frente a él se sientan quienes esperan una consideración, una dádiva o una instrucción del poder. También un perdón. Una aclaración. El escritorio de poder impone. Sentarse en él o al frente de él suele tener consecuencias inimaginables.

3. El celular. Cuando el poder se ha ido, el celular no suena y los mensajes se detienen. O no al menos como antes. Calla porque el dueño ha dejado de ser útil. Importante. Ya no se le busca para una cita, una petición o simplemente para una consulta. Un día después de dejar el poder, es el signo evidente de la soledad a que se les condena a quienes ya no tienen un cargo.

4. El avión. El avión es uno de los objetos de poder, sea público o privado. Sea del gobierno o no. Es una plaza pública donde se concentra una parte del pueblo con ese privilegio. Ahí el político recibe saludos, reclamos o indiferencia. Pero nunca pasa desapercibido. Cuando se deja el poder ya los viajes no son tan frecuentes. Ya no son con cargo al erario.

5. El automóvil. Suele ser un objeto predilecto de poder. Desde ahí, cuando el vidrio oscurecido lo permite, se saluda a la multitud acarreada o curiosa. Siempre con chofer y algún auxiliar. Algunas veces protegido por personas de seguridad. Puede ser ostentoso y grande, los favoritos de los políticos. El político tiene varios a su servicio. Nunca sabe cuánto se gasta de combustible o el costo de mantenimiento, hasta que tiene que usar el suyo propio cuando ha dejado de ser quien es.

6. La plaza pública. El mitin en la plaza pública siempre es organizado por otros y el político pocas veces sabe quiénes lo organizaron. Ni cómo se hizo para llenar la plaza pública. Llega cuando la plaza ya está llena para gritar su discurso y encender o aburrir a la multitud. Los mítines caducan con el poder o con la pretensión de adquirirlo en las campañas.

7. La silla del presídium. En el presídium están los que encabezan un acto o evento solemne. Puede ser de gobierno, de partido o cívico. Ahí están las personas relevantes. Es una mesa pública de poder. Está al frente de los asistentes. El político con poder muchas veces estará ahí. Ahí quedarán para siempre las fotos. Ya en soledad, solo tendrá recuerdos de esa mesa.

AGO 25 2025

Por elpiripituchi

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