
Xicoténcatl Barajas
Se anotan para gobernar Sinaloa y no quieren invertir en la difusión de sus proyectos políticos; cuando menos en los medios independientes de comunicación pretenden que sea de “apoyo y de a huevo”.
Crean grupos de Whatsapp a través de sus gurús digitales para que agreguen a todos los periodistas y comunicadores posibles para ver si pega el chicle y que de goyete o de gorra les publiquen sus boletines.
Así es como se las gastan las mujeres y hombres de la política moderna que no reconocen la labor periodística y que los medios de comunicación, más los independientes, necesitan sobrevivir de la venta de espacios publicitarios en sus diversas plataformas o soportes, ya sean impresos, electrónicos o digitales.
El periodismo independiente como cualquier otra profesión tiene que ser remunerado, pues un médico no regala una consulta; un arquitecto cobra por sus planos; el maestro por dar sus clases; el comerciante por sus productos y, el político, por supuesto que cobra muy bien al pueblo dizque por servirlo.
Entonces, ¿por qué los periodistas o comunicadores independientes tienen que regalar su trabajo y publicar de gratis los ilusos proyectos y hasta ridículas pretensiones de quienes solo buscan seguir viviendo del erario público?
A esta noble y bonita profesión de informar la han venido denigrando y erosionando asaltantes de las redes sociales, personas ajenas al gremio periodístico sinaloense que generan confusión social y desestabilidad política, movidos por intereses mezquinos distintos a los del ejercicio periodístico.
Y ahora con el reloj político avanzando rumbo al 2027, surgen de manera sincronizada planfletos digitales y ataques cibernéticos de “creadores de contenido” -como se hacen llamar hordas porriles de la nueva ola política que violan todo marco legal, sin regulaciones ni registros ante el Instituto Nacional de Derechos de Autor y sin el reconocimiento de la Unidad de Normatividad de Medios de Comunicación de la Secretaría de Gobernación.
Hay panfletos digitales que circulan en el infinito mar de las redes sociales y plataformas digitales, generando confusión social y desestabilización política, además contribuyendo a la precarización del periodista profesional que es micro emprendedor o a pequeña escala.
Los asaltantes de las redes difunden contenidos injuriosos, difamatorios, ruines y cobardes, sin rigor periodístico profesional, carentes de veracidad. Con denostaciones y mensajes politiqueros que se vierten muchas veces desde el anonimato y que tienen marcaje y obvios patrocinios de “candidateables” que encontraron en las tecnologías de la información armas que pueden ser cargadas de libertinaje expresivo que afectan a la sociedad.
Al calor de la zafra electorera, hay quienes están habilitando medios informales hasta con dinero público para saciar apetitos políticos y, basta con echar un vistazo a publicaciones chatarra que se propalan para saber cómo operan, desacatando toda ley de normatividad de medios o regla electoral.
Quienes aspiran, creen tener la posibilidad de jugársela el 2027, año en que se disputará la principal batalla política, es decir, la gubernatura de la tierra de los once ríos, y pretenden utilizar a los periodistas independientes en su ambiciosa borrachera por el poder con la que quieren embriagar también a los sinaloenses, porque su negro negocio, ya lo tienen trazado con el huachicol mediático que sale desde sus mismos bunkers.
