La elección que preocupa a los consejos de administración

​
Darío Celis
Ayer se renovó la Cámara de Representantes y una parte del Senado de Estados Unidos. En apariencia, es un asunto interno. En los hechos, cientos de empresas mexicanas están calculando escenarios desde hace semanas.

La razón es simple: ningún otro país concentra el peso que tiene Estados Unidos para la economía mexicana. Más de 8 de cada 10 dólares que México obtiene por exportaciones provienen de ese mercado. La manufactura, la industria automotriz, la logística, los parques industriales e incluso buena parte del fenómeno de relocalización de empresas dependen de decisiones que terminarán pasando por Washington.

Los resultados definirán hasta dónde llegará Donald Trump durante los últimos años de su administración. Mantener mayorías legislativas abriría espacio para endurecer posiciones comerciales, reforzar presiones sobre las cadenas de suministro y elevar exigencias hacia los socios del T-MEC. Un Congreso dividido obligaría a negociar más y reduciría márgenes para algunas iniciativas.

En México hay industrias que observan la jornada electoral con más interés que varias campañas locales. La automotriz encabeza la lista. El país construyó durante décadas una red productiva integrada con Estados Unidos y Canadá.

Hoy esa relación enfrenta un entorno distinto: competencia china, políticas industriales nacionalistas y una revisión del T-MEC que comienza a acercarse al centro del debate económico norteamericano.

También hay otro factor. Las inversiones no llegan únicamente por costos competitivos. Llegan cuando existe certidumbre. Una empresa que planea desembolsar cientos de millones de dólares para instalar una planta necesita saber cuáles serán las reglas dentro de tres o cuatro años. Esa visibilidad se ha vuelto más valiosa que cualquier incentivo fiscal.

Por eso los mercados reaccionan antes que las fábricas. El capital suele adelantar movimientos cuando percibe cambios en el clima comercial o regulatorio. El comportamiento del peso durante las próximas semanas reflejará parte de esa lectura.

La elección de hoy no modificará de inmediato la realidad económica de México. Ninguna urna tiene ese poder. Lo que sí hará será enviar señales sobre el tono de la relación bilateral rumbo a 2027, cuando la revisión del T-MEC entre a una etapa particularmente delicada.

Y en los negocios, las señales suelen convertirse en decisiones mucho antes de que aparezcan las cifras oficiales.

MAGNICHARTERS entró formalmente en quiebra. El Juzgado Primero de Distrito en Materia de Concursos Mercantiles de la Ciudad de México determinó que la aerolínea incurrió en un incumplimiento generalizado de sus obligaciones de pago, abriendo así la etapa de liquidación de activos. La resolución llega ocho meses después de la suspensión de operaciones de la empresa dirigida por José David Bojórquez. Debido a que operaba bajo una concesión federal, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) deberá participar en el proceso y proponer a un síndico que administre la quiebra. Posteriormente, el Instituto Federal de Especialistas de Concursos Mercantiles validará dicho nombramiento. El objetivo será vender los bienes de la aerolínea y distribuir los recursos entre los acreedores reconocidos.

STELLANTIS MÉXICO reestructuró su equipo directivo para concentrar más decisiones en la operación local. Daniel Alejandro González, CEO de la compañía, tendrá reporte directo de las áreas de manufactura, recursos humanos, relaciones gubernamentales, mercadotecnia y marcas. Entre los nombramientos destacan Víctor Medina en plantas de ensamble, José Pagano en motores y Joaquín Alava en relaciones gubernamentales. La empresa también creó un clúster para FIAT y Alfa Romeo, bajo la supervisión de Mariana López. Los cambios forman parte del plan global FaSTLAne 2030. Al mismo tiempo, concluyeron sus carreras en la compañía Rafael Paz y Carlos Rivera, tras 30 y 33 años, respectivamente. La reorganización entra en vigor de inmediato.

LA DEUDA DEL cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), proyecto cuya cancelación fue impulsada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, continúa reduciéndose, aunque todavía está lejos de extinguirse. El Gobierno federal informó que liquidó 565.9 millones de dólares correspondientes a notas preferentes garantizadas con vencimiento en 2026, mediante recursos del Fideicomiso del Aeropuerto de la Ciudad de México (Mexcat). Con este pago, el saldo pendiente asociado al financiamiento del NAIM se redujo a 3 mil 152 millones de dólares. El Grupo Aeroportuario Marina precisó que aún permanecen en circulación tres emisiones de deuda vinculadas al proyecto de Texcoco. La amortización confirma que los compromisos financieros heredados de la cancelación siguen disminuyendo, pero el costo del capricho de AMLO continuará presente en las finanzas públicas durante los próximos años.

LA DEPENDENCIA de México respecto al gas natural de Estados Unidos sigue creciendo. Durante agosto, las importaciones alcanzaron un récord de 7 mil 710 millones de pies cúbicos diarios, un aumento de 4.3% anual, de acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). El volumen confirma a México como el principal comprador mundial de gas estadunidense, al concentrar 28.4% de sus exportaciones. Mientras tanto, Pemex también elevó su producción nacional a 4 mil 94 millones de pies cúbicos diarios en el tercer trimestre, un crecimiento de 9.8% impulsado principalmente por los campos Bakté e Ixachi. Aun así, la producción local apenas cubre una parte de la demanda nacional, lo que mantiene a la industria mexicana estrechamente ligada al suministro proveniente de Estados Unidos.

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio