El PRI, el mejor aliado de Morena
Después de la durísima crisis política que sacudió a Sinaloa, muchos llegaron a pensar que Morena estaba contra las cuerdas, que el desgaste del gobierno era tan grande que ni siquiera su mejor carta, Imelda Castro, tendría garantizada la victoria. Pero cuando parecía que la oposición tenía una oportunidad de competir, apareció un aliado inesperado, viejo, desgastado y experto en hacerse pedazos solito. Sí, señores, el PRI.
Y no es la primera vez. Ahí está el antecedente de Quirino Ordaz Coppel, a quien muchos priistas acusaron de haber entregado la gubernatura a Rubén Rocha Moya. Aquellos que entonces gritaban traición, se rasgaban las vestiduras y juraban defender al partido hoy parecen dispuestos a repetir la historia, solamente que con diferentes protagonistas.
Hace unos meses el PRI parecía un difunto esperando sepultura. Se hablaba hasta de perder el registro, pero apareció Mario Zamora, comenzó a mover las aguas, a reunir liderazgos y a despertar una militancia que llevaba demasiado tiempo dormida. Y antes de que algún cabrón diga que soy porrista de Mario, se los aclaro. Nunca lo he sido ni pienso empezar ahora, pero tampoco voy a hacerme pendejo frente a lo evidente.
El PRI comenzaba a dar señales de vida y de pronto apareció Paloma Sánchez, quien anteriormente había manifestado poco interés en buscar la gubernatura. Bastó que su nombre comenzara a sonar con fuerza para que el partido volviera a dividirse. No sé si desde México mandaron alguna señal o si fue una de esas casualidades que solamente ocurren en política, pero el resultado está a la vista. Lo poquito que se estaba reconstruyendo comenzó a fracturarse.
Y no solamente dentro del PRI. También entre quienes podrían integrar una coalición. Hay sectores que prefieren a Mario Zamora y que difícilmente aceptarían una candidatura encabezada por Paloma. Incluso se habla de la posibilidad de que Mario termine participando en una alianza sin el PRI. Imagínense semejante chingadera, un priista buscando competir fuera de su propio partido porque adentro no encuentran cómo ponerse de acuerdo.
Y ojo, el problema de Paloma no es personal. Puede ser una excelente mujer, madre, esposa y sinaloense. El problema es político. Su figura provoca resistencias dentro de una militancia que todavía no termina de perdonar las decisiones tomadas desde las cúpulas nacionales. En política no basta con que te levanten la mano desde México, también necesitas que alguien quiera salir a defenderte en las calles de Sinaloa.
Por eso Roberto Padilla, delegado del PRI, tendría que dar un manotazo sobre la mesa y poner orden. Frenar los mitotes, las imposiciones y los protagonismos de las dirigencias estatales y municipales. Ahí está Culiacán, donde los respaldos abiertos a Paloma alimentan todavía más la división. ¿De qué sirve hablar de unidad si desde las propias oficinas del partido parecen estar escogiendo bandos?
Y tampoco hay que perder de vista a Paola Gárate, una mujer con carácter y presencia política que, desde mi perspectiva, podría dar una pelea interesante por Culiacán. Aunque parece que a Paola también le gustó demasiado la idea de ser gobernadora. Y una cosa es lo que uno quiere y otra muy distinta dónde puede construir un proyecto competitivo.
Lo más lamentable es ver a personajes que hace apenas unas semanas cuestionaban a Paloma y hoy aparecen abrazándola, levantándole la mano y tomándose fotografías. Algunos son los mismos que acusaban a Quirino de haber destruido al PRI. Qué poca madre tiene la memoria política cuando aparece la oportunidad de salir en la foto.
Mientras tanto, Morena puede observar cómo su adversario histórico se encarga de hacerle buena parte del trabajo. Porque una oposición dividida, enfrentada con sus aliados y desconectada de su militancia no necesita enemigos. Con sus propios dirigentes tiene suficiente.
Hace unos meses decíamos que el PRI era aquel difunto que no estaba muerto, que simplemente andaba de parranda. Después parecía que alguien había conseguido revivirlo, pero si continúan por este camino, no se sorprendan cuando llegue el entierro.
Y lo más cabrón es que Morena ni siquiera tendrá que pagar las flores.
Todo esto según yo, el Goyo310.
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