La Calida, dulce y prudente Catalina.
Por Enrique Corrales
En la lógica del poder de la cuarta transformación, la incompetencia no se despide: se recicla. A la ineficiente se le premia con otro sueldo; a la insensible, se le manda a repartir despensas. Si no, cómo explicar el milagro de la metamorfosis política que nos regala el nombramiento de Catalina Esparza Navarrete al frente del DIF Sinaloa.
La exsecretaria de Educación porque echarla de la SEPyC era ya una cuestión de supervivencia mediática para el Rochismo, pasa de romper la cristalería de las aulas a intentar “consolar” al tejido social.
Un verdadero chivo en una tienda de espejos, con la diferencia de que aquí lo que se triza no son adornos, sino la confianza y la dignidad de la gente.
Es imposible olvidar su obra cumbre. Aquella viñeta dantesca donde, con la ciudad paralizada por el terror y los padres temian por la seguridad de sus hijos, la flamante funcionaria se paseaba frente a escuelas vacías para dictar su célebre sentencia: “Yo no veo por ningún lado el peligro”.
Hay que tener un talento muy peculiar o una desconexión con el entorno para caminar entre la zozobra generalizada y decidir que el problema no es la violencia, sino la flojera de los demás.
Esparza no solo minimizó el miedo; lo despreció. Se burló del instinto de supervivencia de miles de familias con tal de quedar bien con el jefe y aparentar una “normalidad” que solo existía en su imaginación.
Su paso por la educación fue el triunfo de la soberbia sobre el sentido común: testaruda, sorda y armada de una torpeza comunicativa de antología.
¿Y cuál es el premio a semejante desastre? Mandarla al DIF.
Sí, a la institución que supuestamente representa el corazón del gobierno, el refugio de los vulnerables, el rincón donde la empatía no es un lujo, sino un requisito elemental. ¿Con qué cara se parará ahora a hablar de cercanía con la gente? ¿Cómo acercarse a las infancias con discapacidad, a los adultos mayores con condiciones de vulnerabilidad y abandono, a los niños rotos por la marginación o a las familias desplazadas por la violencia, de que ella la misma que les negaba el derecho al miedo es ahora su protectora institucional?
El mensaje que manda el poder con esta designación es de un sinceramente Nos dicen que no importa cuán desastrosa sea tu gestión, cuán ofensivas tus palabras o cuán abismal tu falta de tacto social: si eres parte de la cofradía, siempre habrá una nómina gorda y una oficina cómoda esperándote a la vuelta de la esquina.
El DIF Sinaloa no necesitaba a una tecnócrata de mirada ciega y verbo insensible. Necesitaba, por lo menos, un poco de decencia. Pero en lugar de eso, nos mandan a la calida, dulce y prudente Catalina… dispuesta, seguramente, a recorrer las zonas más marginadas del estado gritando que ella, francamente, por ningún lado ve la pobreza.