Sinaloa, entre encuestas de fantasía y políticos de reciclaje
En Sinaloa la política entró en una etapa donde abundan los aspirantes, sobran las fotografías y comienzan a escasear las explicaciones. En Morena todos quieren coordinar la Cuarta Transformación, mientras enfrente la oposición también busca cómo regresar al poder. Unos presumen encuestas, otros trayectorias y algunos parecen convencidos de que haber ocupado un cargo público es suficiente para merecer otro. Y así, entre los que quieren repetir y los que quieren estrenarse, el ciudadano sigue esperando que alguien se acuerde de sus problemas.
En la 4T ya pasó la fiebre de los registros. Ahora viene la espera, esa etapa maravillosa donde todos dicen respetar las reglas, pero algunos seguramente tienen preparado hasta el abogado por si el resultado no les favorece. En Mazatlán, Culiacán, Navolato, Eldorado y prácticamente todo Sinaloa vemos aspirantes caminando colonias, encabezando reuniones y publicando fotografías. Hasta ahí, nada malo. El problema comienza cuando pretenden vender cada saludo como respaldo electoral y cada reunión como si fuera una manifestación espontánea del pueblo.
Y no faltan los que quieren ganar a punta de encuestas. Amanecen encabezando una, desayunan liderando otra y antes de dormir ya publicaron una tercera donde aparecen prácticamente coronados. Algunas publicaciones parecen menos estudios de opinión que cartas de amor redactadas por el propio interesado.
Porque una cosa es medir el posicionamiento y otra intentar fabricarlo. Una encuesta seria necesita metodología, muestra, fechas y preguntas claras. Un porcentaje bonito acompañado de una fotografía no convierte a nadie en favorito por obra del Espíritu Santo. Lo curioso es que varios aspirantes hablan más de los números que presumen que de los problemas que pretenden resolver. Si las encuestas taparan baches, Mazatlán tendría pavimento de sobra y Culiacán parecería una pista de Fórmula Uno.
Pero tampoco nos hagamos pendejos. En esta competencia hay quienes llevan años trabajando y quienes parecen haber descubierto las sindicaturas apenas cuando apareció la posibilidad de una candidatura. También existen funcionarios que deben explicar sus resultados antes de solicitar una nueva responsabilidad, porque ocupar una oficina no equivale necesariamente a haber hecho un buen trabajo.
Y luego está el dinero, ese invitado que nunca aparece en las fotografías, pero que suele estar presente en la organización de cualquier espectáculo político. ¿Quién paga la publicidad? ¿Quién financia las estructuras? ¿De dónde salen los recursos para tanta promoción? Son preguntas legítimas que deben responderse con información, no con acusaciones al aire.
Imelda Castro tiene enfrente un asunto bastante más complicado que repartir abrazos y pedir unidad. Morena tendrá que demostrar que sus decisiones corresponden a procedimientos verificables y no a compromisos políticos previamente negociados. Porque hay un detalle que merece atención: primero se habla de encuestas y después de acuerdos para distribuir otros espacios entre los partidos aliados. Una cosa es construir una coalición y otra que la ciudadanía termine viendo las posiciones públicas como premios de consolación para quienes no consiguieron lo que buscaban.
Y aquí aparece la pregunta que pocos quieren responder. ¿Cuántos de los aspirantes seguirán recorriendo las mismas colonias cuando Morena les diga que no? ¿Cuántos mantendrán sus equipos, sus oficinas y su disposición para escuchar a la gente? Ahí se conocerá la diferencia entre la convicción política y el hambre de presupuesto.
Pero tampoco crean que enfrente hay un paraíso. En el PRI, PAN y Movimiento Ciudadano también existen aspiraciones, disputas internas y personajes que deben rendir cuentas por su pasado. Algunos opositores critican problemas que arrastran años de historia, incluidos periodos en los que sus propios partidos participaron en el gobierno. Y eso merece una buena revisada.
Porque resulta muy cómodo descubrir la corrupción, la inseguridad y los malos servicios públicos cuando se está fuera del poder. Lo difícil es explicar qué se hizo para combatirlos cuando se tuvo presupuesto, funcionarios y capacidad de decisión. Ahí están las figuras conocidas del PRI, los panistas que buscan reorganizarse y los cuadros de Movimiento Ciudadano que pretenden presentarse como alternativa. Todos tienen derecho a competir, pero ninguno debería recibir una absolución automática por el simple hecho de declararse opositor. La alternancia no es una lavandería de antecedentes políticos.
En Morena habrá que exigir resultados a quienes gobiernan y transparencia a quienes aspiran. En la oposición habrá que exigir propuestas, memoria y explicaciones sobre sus propias responsabilidades. Porque el problema de Sinaloa no se resuelve cambiando el color de las camisas ni reciclando discursos que ya escuchamos durante décadas. Mientras tanto, la inseguridad, la economía y los servicios públicos siguen reclamando respuestas que no caben en una encuesta de popularidad.
Y lo más preocupante sería que la discusión rumbo a 2027 terminara reducida a quién tiene más dinero para anunciarse, quién presume más seguidores o quién consigue aparecer primero en una gráfica. Sinaloa necesita conocer las propuestas, los antecedentes y los resultados de quienes pretenden gobernarlo. No solamente sus porcentajes de conocimiento. Porque si algo ha demostrado nuestra política es que se puede ser muy famoso y no necesariamente muy útil.
Al final, los aspirantes de Morena tendrán que demostrar que la transformación es algo más que una ruta para conseguir candidaturas. Y la oposición tendrá que demostrar que su propuesta no consiste únicamente en regresar a las oficinas que alguna vez ocupó. Unos tendrán que explicar lo que están haciendo y otros lo que hicieron cuando les tocó gobernar.
Por lo pronto, que sigan las encuestas, las asambleas y las fotografías. Nada más que no se les olvide un pequeño detalle: el pueblo no es una muestra estadística que desaparece cuando termina el levantamiento.
Y al que le quede el saco, que se lo ponga. Aunque con tanto aspirante, seguramente habrá que mandarlo hacer por mayoreo.
Todo esto según yo, el Goyo310.
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