POR: EL ECONOMISTA
Eduardo Ruiz-Healy
El IMSS ha incrementado sus consultas, cirugías, médicos y hospitales. Su director general, Zoé Robledo, ha dado cuenta ampliamente de esos avances. Sin embargo, las recientes protestas de trabajadores y jubilados del instituto muestran que aún faltan médicos, faltan medicamentos, faltan equipos, y que un buen número de sus instalaciones necesitan mantenimiento. En la Mañanera de ayer de la presidenta Claudia Sheinbaum, Robledo anunció un programa de 12 acciones para los próximos 120 días que implicará una inversión de 11,745 millones de pesos que incluye un incremento del 8% en las percepciones salariales, la basificación de 10,939 trabajadores, la contratación de 2,500 médicos especialistas, la compra de equipos y una meta de 31,701 cirugías adicionales en esos 120 días para reducir el rezago. Son importantes compromisos, pero falta explicar cómo se cumplirán.
En marzo, el IMSS informó haber contratado 10,785 especialistas. Después de siete meses necesita otros 2,500. ¿Son nuevas plazas, puestos que siguen vacantes o puestos que se han quedado libres? ¿Qué pondrá sobre la mesa para atraer médicos a los hospitales y lugares donde más se necesitan? El nuevo programa también promete una mejor distribución de medicamentos y un mejor surtimiento de recetas. Los faltantes actuales pueden ser por compras insuficientes, incumplimiento de proveedores, problemas de distribución, etc. Cada causa requiere una solución diferente. Lo que falta saber es cuáles no están disponibles, dónde y el porqué.
Se necesitan cirujanos, anestesiólogos, enfermeras, quirófanos, instrumental, camas de recuperación para poder hacer las cirugías anunciadas. Extender los horarios puede ayudar, pero eso significará contratar más personal o pagar horas extras. También se debe explicar cuánto se reducirán las listas de espera, ya que cada día se suman pacientes nuevos. Los equipos anunciados se deberán comprar, entregar, instalar y poner a funcionar. Eso no sucede por sí solo.
El IMSS está en la actualidad tratando de resolver sus problemas, pero el gobierno ya está preparando el Servicio Universal de Salud que comenzará de manera paulatina en enero de 2027 y que permitirá que pacientes de una institución reciban algunos servicios médicos en otra. La propuesta tiene como objetivo aprovechar mejor los recursos que se tienen, pero deja una pregunta en el aire: si el IMSS necesita contratar especialistas, comprar equipos y hacer más cirugías para sus propios derechohabientes, ¿cómo podrá recibir también a pacientes del ISSSTE o del IMSS-Bienestar sin aumentar los tiempos de espera? El gobierno tiene que explicar qué servicios podrán compartirse, qué hospitales tienen disponibilidad y cómo se pagará esa atención.
Los 11,745 millones de pesos que utilizará el gobierno provendrán de ahorros y mejores compras, dice Robledo. Se desconoce con cuánto dinero se cuenta, cuánto se piensa ahorrar y cómo se financiarán de forma permanente los aumentos salariales y las nuevas contrataciones. En febrero se podrá comprobar qué compromisos se cumplieron y cuáles no. Lo que importa será ver cuánto mejoró realmente la atención a los derechohabientes.
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