Chea entendió cómo sumar; Camacho, cómo hacerse sentir

En política hay quienes quieren ser candidatos porque alguien les prometió el apoyo, otros porque creen tener derecho de antigüedad y algunos que todavía piensan que con subir tres fotografías y repartir unos cuantos saludos ya hicieron suficiente mérito. Pero este fin de semana, en Eldorado y Mocorito, hubo dos acontecimientos que permiten analizar algo más importante que las aspiraciones personales: la capacidad de construir organización, reunir voluntades y hacerse escuchar dentro de los propios partidos.

Graciela Fernández, la Maestra Chea, desde Morena, y Óscar Camacho Rodríguez, desde el Partido Verde Ecologista de México, están desarrollando dos formas distintas de hacer política. Y aunque sus circunstancias no son iguales, ambos encuentros dejaron elementos que seguramente serán considerados cuando comiencen las discusiones sobre las coordinaciones municipales y las candidaturas de 2027.

Lo de la Maestra Chea merece una lectura particular. Eldorado apenas comienza su historia como municipio y ya tiene suficientes grupos políticos queriendo quedarse con una buena parte del pastel. Ahí todos hablan de unidad, pero no falta quien la entienda como una invitación para que los demás se formen detrás de él.

Graciela hizo algo distinto. En lugar de encerrarse en su círculo cercano, compartió su encuentro con Juan Carlos Patrón Rosales, aspirante de Morena en Mazatlán, quien llegó acompañado por integrantes de su equipo político. No se trató de una reunión entre partidos diferentes, sino de una coincidencia pública entre estructuras que participan dentro del mismo movimiento y reconocen el proyecto estatal de Imelda Castro.

Y ahí aparece una cuestión que merece atención. Cuando un aspirante decide abrir espacio a otra organización política, también acepta compartir protagonismo. Eso puede parecer sencillo, pero en la política municipal abundan los personajes que quieren sumar a todos siempre que nadie les haga sombra.

La Maestra Chea mostró una disposición diferente. Su encuentro permitió reunir liderazgos locales, comisariados ejidales y una estructura proveniente de Mazatlán. No significa que las diferencias internas de Morena en Eldorado hayan desaparecido, pero sí ofrece un ejemplo concreto de cómo pueden construirse relaciones entre grupos sin exigir que todos renuncien a sus propios espacios.

Porque la unidad no consiste en que todos trabajen para uno, sino en encontrar cómo trabajar entre todos.

Y eso tiene especial importancia en Eldorado. La creación del municipio abrió nuevas oportunidades de representación política, pero también nuevas disputas entre grupos que durante años desarrollaron sus actividades dentro del antiguo territorio de Culiacán. Ahora todos quieren participar en las decisiones de un municipio que apenas comienza a construir su propia vida institucional.

En ese escenario, una aspiración que consigue relacionarse con estructuras distintas introduce un elemento interesante en la discusión interna. La pregunta para Morena no será solamente quién tiene mayor presencia individual, sino cómo integrar a los diferentes grupos sin que la selección de una coordinación termine provocando divisiones.

Ahí Imelda Castro tendrá una responsabilidad importante. Porque conducir un partido con numerosos aspirantes no consiste únicamente en establecer reglas, sino en conseguir que esas reglas sean aceptadas por quienes han construido expectativas alrededor de sus proyectos. Y cuanto más organizados estén esos grupos, más delicada puede resultar la negociación.

En Mocorito, Óscar Camacho presenta otro escenario. Lo ocurrido en Pericos fue su segundo encuentro de esta naturaleza, lo que permite observar continuidad en sus actividades. No se quedó con una primera reunión ni con el entusiasmo de un solo domingo.

Además, Ricardo Madrid Pérez, dirigente estatal del Partido Verde, acudió para expresar públicamente su respaldo y aseguró que existe acompañamiento de la dirigencia nacional. La declaración deja ver que el Verde quiere presentar una propuesta propia en Mocorito, independientemente de las conversaciones que posteriormente pueda sostener con Morena.

Y aquí viene lo interesante. Durante mucho tiempo, algunos han entendido las alianzas electorales como una distribución anticipada de posiciones donde el partido más grande decide y los demás esperan lo que les corresponda. Pero una coalición se construye mediante acuerdos y cada organización conserva sus propios intereses.

Morena tiene sus aspirantes, el Verde tiene los suyos y el PT también buscará participar en las decisiones. Ninguno de esos partidos puede dar por resuelta una candidatura común solamente porque haya respaldado a determinado personaje dentro de su estructura.

En Mocorito, Camacho está intentando darle contenido territorial a la presencia del Verde. Sus encuentros permiten observar una actividad que va más allá de las declaraciones de su dirigencia, aunque todavía será necesario conocer qué tan amplia y permanente resulta esa organización.

Y esto abre una discusión que algunos prefieren evitar. Si el Verde considera que cuenta con un proyecto municipal propio, ¿por qué tendría que descartar desde ahora la posibilidad de competir por separado? Otra cosa es que esa decisión resulte conveniente o que su estructura alcance para obtener respaldo electoral suficiente. Eso solamente podría evaluarse con información más amplia sobre las preferencias ciudadanas.

Pero la posibilidad existe como parte de las alternativas políticas que un partido puede considerar, y obliga a Morena a reconocer que sus aliados también tienen intereses municipales.

Mocorito, además, tiene una política donde con frecuencia aparecen los mismos grupos y personajes. Cambian los discursos, se multiplican las fotografías, se entregan documentos y cada quien presume sus gestiones. El problema es que muchas veces la conversación termina encerrada entre quienes ya participan habitualmente en esos círculos.

El desafío de Camacho consiste precisamente en ampliar ese espacio. Si consigue que sus encuentros incorporen nuevos sectores y mantengan participación constante, el Verde podrá discutir su presencia municipal sobre bases organizativas más concretas. Si todo termina reducido a reuniones entre conocidos, el alcance será distinto.

Y aquí está el punto que conecta a la Maestra Chea con Óscar Camacho. Ambos están intentando que sus aspiraciones tengan una dimensión colectiva, aunque mediante rutas diferentes.

En Eldorado, Graciela Fernández mostró que dentro de Morena se puede compartir trabajo con otras estructuras sin convertir la unidad en una simple consigna. En Mocorito, Óscar Camacho busca demostrar que el Partido Verde puede desarrollar una organización municipal propia y participar con voz en las decisiones que vienen.

No son procesos idénticos ni permiten establecer quién tiene mayor respaldo electoral. Pero sí muestran dos asuntos que los partidos tendrán que atender: la integración de grupos dentro de Morena y la capacidad de negociación de sus aliados.

Porque una cosa es tener quien te recomiende y otra conseguir que distintas personas estén dispuestas a trabajar contigo. Lo primero puede abrir una puerta; lo segundo requiere relaciones, organización y constancia.

Y mientras algunos siguen esperando la llamada correcta para conocer su futuro político, estos encuentros recuerdan que las dirigencias también tendrán que observar lo que ocurre fuera de sus oficinas.

La Maestra Chea y Camacho deberán sostener lo que comenzaron a mostrar. Morena tendrá que procesar sus diferencias internas; el Verde deberá definir qué espacios buscará encabezar; y el PT, si participa en una eventual coalición, también tendrá sus propias propuestas.

Porque compartir un proyecto estatal no significa que todos los partidos tengan que renunciar a sus aspiraciones municipales. Y hablar de unidad tampoco significa que las diferencias desaparezcan por arte de magia.

La verdadera discusión no será quién consiga la fotografía más concurrida, sino quién sea capaz de construir acuerdos sin destruir el trabajo de los demás.

Porque los puestos pueden negociarse entre dirigentes, pero la confianza y la organización territorial requieren algo que ningún acuerdo de escritorio puede fabricar de la noche a la mañana.

Todo esto según yo, el Goyo310.

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Maestra Chea

Por elpiripituchi

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