Filosofía y Letras debe permanecer./ CAJA POLÍTICA … Por Yamir de Jesús Valdez Álvarez.
Hay visitas que trascienden el protocolo y adquieren un significado mucho más profundo que el encuentro entre autoridades. La que realizó ayer la gobernadora de Sinaloa, Graciela Domínguez Nava, a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa, con motivo de su 44 aniversario, pertenece precisamente a esa categoría. No todos los días una gobernadora regresa a las aulas donde se formó, donde aprendió a interpretar la realidad social y donde encontró parte de las herramientas intelectuales que hoy le permiten conducir los destinos de nuestro estado.
Graciela Domínguez egresó en 1998 de la Licenciatura en Sociología. Ayer volvió a su Facultad investida con la más alta responsabilidad política de Sinaloa, pero también con la alegría de quien reconoce entre los asistentes a sus antiguos profesores y compañeros. Fue un encuentro particularmente significativo para quienes formamos parte de esta comunidad universitaria, porque su presencia representa algo que ninguna estadística de matrícula puede dimensionar, la trascendencia de las humanidades en la formación de quienes sirven a la sociedad.
Durante la ceremonia encabezada por el rector Jesús Madueña Molina, la gobernadora reconoció la importancia de las humanidades para comprender los problemas sociales y orientar las decisiones públicas. Particularmente en un Sinaloa que atraviesa una crisis de violencia, donde reconstruir el tejido social exige mucho más que soluciones policiales o administrativas.
Y tiene razón. Ninguna sociedad puede aspirar a resolver sus problemas si primero renuncia a comprenderlos. La ciencia puede proporcionarnos los instrumentos para transformar el mundo, pero son las humanidades las que nos permiten preguntarnos hacia dónde debemos conducir esa transformación.
De ahí que resulte especialmente valioso que una mujer formada en nuestras aulas, hoy gobernadora de Sinaloa, reconozca públicamente la pertinencia de estas disciplinas. Su propia trayectoria constituye un testimonio de que las humanidades no representan un conocimiento accesorio, sino una formación capaz de trascender los espacios académicos e incidir directamente en la vida pública.
También fueron memorables las palabras del escritor Elmer Mendoza, profesor emérito y una de las figuras intelectuales más reconocidas de nuestra Facultad. Su mensaje recuperó una preocupación fundamental, la necesidad de resistir y procurar que Filosofía y Letras permanezca.
Porque aquí conviene hacer una distinción que no es menor. Preservar los programas educativos de filosofía, literatura o sociología constituye una obligación académica, pero preservar la Facultad de Filosofía y Letras como institución, con su nombre, identidad, tradición e independencia académica, representa también un compromiso con la historia universitaria.
Las facultades de filosofía y letras han ocupado un lugar fundamental en la configuración intelectual de las universidades. Desde la tradición medieval, la filosofía ha permitido articular los distintos saberes alrededor de las grandes interrogantes humanas. ¿Qué somos? ¿Qué podemos conocer? ¿Qué es la justicia? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia?
Sin esas preguntas, cualquier universidad corre el riesgo de convertirse en una institución dedicada exclusivamente a la capacitación técnica, privilegiando la utilidad inmediata sobre la formación integral del ser humano.
La Universidad Autónoma de Sinaloa comprendió esa necesidad cuando en 1982 abrió las puertas de su Escuela de Filosofía, cuyos primeros pasos en el centro histórico de Culiacán marcaron el nacimiento de una comunidad intelectual que posteriormente ampliaría sus horizontes académicos.
Recordar sus orígenes implica reconocer a quienes contribuyeron a construir esta tradición, como Ramón Kuri Camacho, el padre Antonio Díaz Fonseca, Óscar Walker Cornejo, Miguel Ángel Carvajal, Francisco Javier Sierra, Jorge Villalobos, Juan Manuel Campos, Federico Reyes y Horacio Radetich; también a Marta Gorostiza, Eduardo Polanco, Santiago Zamora, Marta Sánchez, Claudio Bustos, Esperanza Garza, Matilde, Elizabeth Moreno y al maestro Feliciano Castro.
Mención especial merece Óscar Liera, dramaturgo extraordinario y referente imprescindible de las letras sinaloenses, cuya obra y legado intelectual forman parte de nuestra identidad cultural. Asimismo, Juan Carlos Ayala Barrón, alumno fundador y todavía profesor universitario, ha sido uno de los grandes impulsores de nuestra Facultad. A ellos se suman innumerables maestras y maestros cuyos nombres quizá no alcanzamos a mencionar, pero cuya huella permanece en generaciones de universitarios.
Cuarenta y cuatro años después, nuestra Facultad representa mucho más que un conjunto de licenciaturas. Es una comunidad con memoria, profesores, estudiantes, egresados y una forma particular de comprender la Universidad. Su valor tampoco puede medirse exclusivamente por el número de alumnos matriculados, porque la importancia del conocimiento no siempre guarda proporción con la cantidad de quienes lo estudian.
Por eso resultaron alentadoras las expresiones del rector Jesús Madueña Molina sobre el fortalecimiento de las humanidades, así como la sensibilidad mostrada por la gobernadora Graciela Domínguez. Ambas autoridades reconocieron que estas disciplinas tienen mucho que aportar al futuro de Sinaloa.
Ojalá esa coincidencia permita seguir fortaleciendo no solamente los programas educativos, sino también los espacios académicos donde históricamente han florecido. Porque conservar una tradición universitaria implica proteger su identidad, su capacidad de decisión y su lugar dentro de la institución.
Ayer celebramos 44 años de historia y recibimos con orgullo a una gobernadora formada en nuestras aulas. Hoy corresponde recordar que las universidades necesitan de la filosofía para no perder su sentido humanista.
Que permanezcan las humanidades, que permanezca nuestra identidad y, sobre todo, que permanezca la Facultad de Filosofía y Letras.