Guadalupe Robles

1. El que se cree dueño del candidato. Es uno de los que más dañan a la campaña. Puede ser un amigo, un asesor o un familiar. O las tres cosas juntas. Se adueña de su agenda, su tiempo y no permite que se le acerquen otros. Detrás hay siempre una historia que lo hace sentirse dueño: El candidato le debe favores; o es cercano a él desde que estaban en la escuela; o le conoce su historia personal; o simplemente ha sido su colaborador y cercano desde siempre. Por eso actúa como si él fuera el propio candidato. Suele ser celoso, inseguro y prepotente.

2. El que cree que todo es marketing. En una campaña nunca faltan genios del marketing. Es el clásico consultor o el sobrino que quiere manejar las redes sociales del candidato. Él cree que solo con videos, memes o los storytellings, puede ganar la batalla electoral. Quiere que todo gire en torno a su estrategia. Y a veces, a sus ocurrencias. No entiende de organización electoral, redes de apoyo, y de la importancia del partido.

3. El que piensa que ya ganaron. Es el que está más atento a los cargos que podría tener una vez que el candidato gane la contienda, y asume actitudes triunfalistas. Ve en todos los integrantes de la campaña, competidores propios. Generalmente no hace su labor como debiera por estar pensando por adelantado. Minimiza la campaña, y no cae en la cuenta de que un colaborador debe enfocarse primero en trabajar para que gane su candidato. Y después, tener suerte en sus aspiraciones. 

4. El buscapleitos. Nunca falta en una campaña quien se lo toma personal y comienza a pelearse con medio mundo, creyendo que con eso se gana puntos frente al candidato. Una campaña es un proceso de convencimiento, pero, sobre todo, de acuerdos. Solo hay que ir a los pleitos cuando se es indispensable y estratégico. Un colaborador debe ir por todos los adeptos posibles, inclusive hasta con quienes no simpatizan con el candidato. Más allá de la pasión, en una campaña si bien se necesita arrojo, también prudencia inteligente.

5. El resentido. Que no contrate o acepte el candidato a un resentido. Ese lleva a la campaña sus propios odios y ansias de venganza. En una campaña debe haber de todos los perfiles, pero cuídese de quien quiera unirse a su causa para enfrentar sus rencillas personales. Pero, si no tiene de otra, ubíquelo en donde menos daño haga.

6. El bulto. Nadie sabe cuál es su papel en la campaña. Anda en todos los actos del candidato: ocupa siempre un lugar en la primera fila de los mítines y eventos; se le aparece en todas las reuniones; en cada una de ellas, se toma selfis con él. Este personaje puede ser un miembro distinguido del partido, un legislador, un empleado no visible de gobierno, o simplemente, un ocioso. En todos los casos, anda en busca de un nuevo cargo.

7. El infiltrado. En una campaña siempre hay espías. Puede ser del propio partido del candidato y de su propio gobierno. Ese personaje es quien transmite información interna: pleitos entre grupos, errores de campaña e intrigas. Sobre todo, intrigas. Entre más negativa sea la información que transmita a sus verdaderos jefes, más poder tiene el infiltrado.

Culiacán, Sinaloa, lunes 19 de octubre de 2026. X @guadalupe2003

Por elpiripituchi

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