¿Por qué el Ayuntamiento de Guasave le teme a Martín Ahumada?
Columna: “Dardos Políticos”
Por Rosario Antonio Ramírez
“Tanto patean al perro, que tarde o temprano termina mordiendo; la insistencia oficial en el exalcalde abre interrogantes sobre el trasfondo político de sus acciones”.
En el Ayuntamiento de Guasave parece que el nombre de Martín Ahumada Quintero se ha convertido en una referencia recurrente. En las pláticas políticas, en las sesiones de Cabildo y hasta en los boletines oficiales, el exalcalde aparece una y otra vez. Y cuando un personaje que ya dejó el poder sigue ocupando tantas conversaciones en el gobierno que lo sucedió, la pregunta resulta inevitable: ¿Por qué tanta insistencia?
¿Se trata exclusivamente de aclarar posibles irregularidades administrativas o existe también una disputa política que amenaza con escalar? Esa es la interrogante que comienza a tomar fuerza ante la frecuencia con la que el pasado gobierno vuelve a colocarse en el centro de la discusión pública.
EL EXPEDIENTE Y LA SOMBRA POLÍTICA
La comparecencia de Ahumada Quintero ante el Órgano Interno de Control, luego de la denuncia presentada por regidores, añade otro capítulo a esta confrontación. El procedimiento deberá determinar, con pruebas y conforme a derecho, si existen responsabilidades administrativas. Pero una investigación no equivale a una sentencia, y señalar a alguien como presunto responsable no significa que sea culpable.
El propio exalcalde ha pedido mantener el asunto al margen de las cuestiones políticas. También ha manifestado estar tranquilo y sostiene que durante su administración no hubo irregularidades ni quebranto patrimonial. Sus declaraciones forman parte de su defensa; corresponde a las autoridades competentes determinar qué ocurrió y si existe alguna responsabilidad.
La pregunta, sin embargo, sigue sobre la mesa: ¿Por qué un asunto administrativo adquiere tanta resonancia política? Si existen elementos suficientes, que se investigue hasta las últimas consecuencias. Pero si el procedimiento se convierte en una herramienta para golpear reputaciones, el problema dejará de ser exclusivamente jurídico y pasará a formar parte del debate sobre el uso del poder público.
¿ACLARAR CUENTAS O COBRAR FACTURAS POLÍTICAS?
En política, las coincidencias suelen alimentar sospechas, pero las sospechas no son pruebas. Por eso, la insistencia en el nombre de Ahumada merece una explicación sustentada en hechos, no en rumores ni en descalificaciones.
Si el Ayuntamiento tiene documentos, auditorías y elementos objetivos, debe presentarlos por las vías correspondientes. Si no los tiene, tendrá que explicar por qué el tema aparece con tanta frecuencia en el discurso oficial. La transparencia debe funcionar en ambos sentidos: para revisar la administración anterior y para rendir cuentas sobre las decisiones de la actual.
Porque una cosa es fiscalizar a quien gobernó y otra muy distinta convertir cada señalamiento en un episodio de confrontación política.
LE ESTÁN VIENDO LAS OREJAS AL LOBO
La expresión popular viene como anillo al dedo: cuando alguien comienza a advertir que una situación puede complicarse, empieza a mirar con otros ojos aquello que antes parecía bajo control.
Ahumada Quintero ya compareció y, según sus propias declaraciones, mantiene la tranquilidad frente a los señalamientos. Su defensa pública también coloca sobre la mesa un mensaje: no piensa asumir como ciertas acusaciones que considera infundadas.
Y aquí entra otro refrán que la política suele confirmar una y otra vez: tanto patean al perro, que termina mordiendo. No significa que el exalcalde tenga garantizada la razón ni que vaya a imponerse en el terreno político. Significa que una confrontación sostenida puede provocar una respuesta más firme de quien se siente atacado, además de mantener el asunto bajo la atención pública.
Quienes subestiman a un adversario pueden terminar descubriendo que sus propias acciones alimentan la controversia que pretendían controlar.
EL FANTASMA DEL REGRESO
En el fondo de esta discusión aparece una posibilidad que inevitablemente despierta especulaciones: el futuro político de Martín Ahumada y la posibilidad de que vuelva a buscar espacios de poder.
No hay elementos suficientes para afirmar que el Ayuntamiento actúe por temor a un eventual regreso del exalcalde, ni para sostener que exista un plan oficial para encarcelar a alguien. Pero la recurrencia del tema sí abre una pregunta política legítima: ¿Se está hablando de responsabilidades administrativas o también se está disputando el terreno de la opinión pública?
Si Ahumada tiene aspiraciones políticas, los ataques y señalamientos pueden mantener su nombre vigente. En lugar de desaparecer de la conversación, el exalcalde obtiene exposición cada vez que su administración vuelve a ocupar titulares. Es una consecuencia posible de una confrontación que, lejos de cerrar el capítulo anterior, puede prolongarlo.
EL PODER NO ES ETERNO
En el Ayuntamiento de Guasave deberían tener presente que gobernar no consiste únicamente en señalar lo que hicieron los anteriores. También implica responder por las decisiones propias, atender las inconformidades ciudadanas y ofrecer resultados.
La revisión de una administración pasada es legítima y necesaria cuando existen indicios que la justifiquen. Lo que no debe ocurrir es que los procedimientos institucionales se confundan con vendettas políticas ni que las diferencias personales sustituyan a las pruebas.
Porque una cosa es tener el poder y otra muy distinta creer que se puede utilizar sin consecuencias políticas.
LO QUE NO MATA, FORTALECE
Si desde las oficinas del Ayuntamiento se insiste en mantener a Martín Ahumada en el centro de la discusión, tendrán que asumir que esa exposición también puede favorecer la permanencia de su nombre en la agenda pública.
La política tiene memoria, los procedimientos tienen reglas y la ciudadanía tiene derecho a conocer los hechos completos. Nadie está por encima de la ley, pero tampoco nadie debe ser condenado anticipadamente desde un micrófono, un boletín o una tribuna de Cabildo.
Al final, la pregunta no es solamente por qué se habla tanto de Martín Ahumada. La verdadera cuestión es si las autoridades lograrán demostrar que sus señalamientos responden a hechos verificables y no a una disputa política.
Porque no hay enemigo pequeño, la paciencia no debe confundirse con debilidad y la exposición pública puede convertirse en un arma de doble filo.
Y si alguien creyó que bastaba con mantener al exalcalde bajo la sombra de los señalamientos para sacarlo de la conversación política, quizá termine descubriendo que, en ocasiones, tanto ruido consigue exactamente lo contrario: mantener vigente a quien se pretendía desplazar.
¡Es cuanto!