El viaje incómodo de los diputados de Morena… y Jesús Ibarra desaparece de la encuesta
Válgame la chingada, porque cuando uno cree que ya vio todas las maneras posibles de hacer política en Sinaloa, siempre aparece alguien dispuesto a demostrar que todavía queda imaginación. Ahora resulta que algunos diputados de Morena encontraron la manera de combinar trabajo legislativo, viaje, marcha partidista y gastos con cargo al Congreso en un mismo paquete. Los legisladores Luz Verónica Avilés Rochín, Rosario Guadalupe Sarabia Soto y Guadalupe Santana Palma León, acompañados por el asesor Jorge Irineo Arias Cisneros, viajaron a Chihuahua en una comisión registrada como reunión de trabajo del Grupo Parlamentario de Morena y terminaron participando en una movilización contra la gobernadora Maru Campos. Hasta ahí cualquiera podría decir que cada diputado es libre de marchar donde se le hinche la gana. El problema empieza cuando aparecen vuelos, hospedaje, alimentos, transportación y demás gastos relacionados con una comisión pagada con recursos públicos. Ahí ya no estamos hablando de gustos políticos, sino de lana, y la lana pública tiene la mala costumbre de necesitar explicaciones.
Porque tampoco hay que hacernos pendejos entre nosotros. Si Morena quería mandar diputados a Chihuahua para respaldar una movilización de Morena, adelante, para eso existe un partido, una estructura y financiamiento público partidista. Lo que merece explicación es por qué un viaje registrado como actividad legislativa terminó coincidiendo con una protesta política organizada por su propio movimiento. No estoy diciendo que los hayan obligado a ir, porque hasta donde se sabe nadie los llevó amarrados ni encañonados. Fueron, participaron y ahora corresponde que expliquen qué trabajo legislativo hicieron, con quién se reunieron, qué resultados trajeron para Sinaloa y por qué los sinaloenses tendrían que considerar ese gasto parte de la chamba para la cual les pagan. No es mucha ciencia, enseñen agenda, documentos, resultados y comprobantes, y asunto aclarado. Lo demás son maromas y para esas ya tenemos suficientes artistas en la política sinaloense.
Pero lo mejor vino cuando algunos compañeros periodistas fueron a buscar al doctor Guadalupe Santana Palma León. El diputado confirmó su presencia en aquella marcha, pero cuando llegaron las preguntas incómodas decidió reservarse comentarios y pidió respeto. No, doctor Palma, por ahí no va la cosa. Respeto merece usted como cualquier persona, pero exactamente el mismo respeto merece el ciudadano que paga impuestos y que tiene derecho a saber qué hacen sus representantes con el dinero público. Usted puede reservarse lo que desayuna, por quién suspira, con quién baila y hasta la canción que pone cuando le entra lo muñeco bailarín, pero cuando la pregunta tiene que ver con una comisión legislativa y recursos públicos, guardar silencio podrá ser su decisión, aunque políticamente sea una respuesta bastante jodida.
Y tampoco se trata solamente del doctor Palma. Aquí deberían salir todos los involucrados a explicar qué pasó, porque durante años Morena construyó buena parte de su discurso diciendo que ellos eran diferentes, que se habían terminado los privilegios, que primero la austeridad y que el dinero del pueblo era sagrado. Pues precisamente por eso se les debe medir con esa misma vara. No pueden pedir aplausos cuando hablan de austeridad y silencio cuando aparecen facturas incómodas. Si todo fue legal y estrictamente legislativo, qué bueno, que lo demuestren. Si una parte correspondió a una actividad partidista, entonces habrá que aclarar quién debía pagarla y, en su caso, si corresponde reintegrar recursos. Lo que no se vale es esconderse detrás de un “me reservo mi comentario” porque cuando se administra dinero público la rendición de cuentas no debería depender del humor con el que amaneció el diputado.
Y mientras unos prefieren no hablar, por otro lado tenemos al Frijol, Jesús Ibarra, que quizá ha cometido el pecado más peligroso dentro de cualquier partido político, hablar demasiado y, peor todavía, hablar de los problemas que incomodan a los propios. Ibarra ha sido crítico con la inseguridad, el desempleo, la falta de nuevas inversiones y también ha dicho que si le tocara gobernar buscaría a los mejores perfiles aunque no todos fueran necesariamente de su partido. Su discurso se ha separado del clásico aplauso automático y eso, dentro de Morena o de cualquier partido, siempre genera comezón. Ahora aparece fuera o debilitado en algunas mediciones rumbo a la definición política que viene y resulta inevitable preguntarse si al Frijol le empezó a salir caro hablar demasiado claro.
Que quede claro, porque tampoco vamos a inventar lo que no podemos demostrar. No hay elementos públicos suficientes para asegurar que Jesús Ibarra haya sido borrado de una encuesta como castigo directo por sus declaraciones. Eso sería convertir sospecha en hecho y no se trata de eso. Pero políticamente sí llama la atención que un personaje que venía levantando la voz, marcando diferencias y cuestionando asuntos sensibles termine perdiendo espacio justo cuando comienza la repartición seria del juego. Si aquella famosa encuesta de diez aspirantes terminó dejando fuera a alguien que había decidido construir un discurso propio, pues cuando menos da material para levantar la ceja. Y más cuando esas encuestas partidistas terminan convertidas muchas veces en una especie de Santa Biblia que nadie conoce completa, nadie sabe exactamente cómo se levantó, pero al final todos tienen que creer en ella porque así lo decidió el santo comité.
El asunto de fondo es mucho más interesante que Palma, Chihuahua o el propio Frijol. Morena está entrando en esa etapa donde tendrá que demostrar si realmente tolera las diferencias internas o solamente las acepta mientras nadie se salga del guion. Porque es muy bonito hablar de democracia cuando todos levantan la mano al mismo tiempo, pero la democracia se pone buena cuando uno de los tuyos dice que algo está mal. Ibarra podrá gustar o no, podrá traer proyecto o solamente aspiraciones, pero ha puesto sobre la mesa asuntos que existen en Sinaloa y que no desaparecen quitándolo de una encuesta. La inseguridad sigue ahí, el empleo sigue siendo preocupación, atraer inversión sigue siendo un reto y escoger buenos perfiles seguirá siendo necesario aunque al partido le dé urticaria escuchar algunas críticas desde adentro.
Así está el menudo. Unos fueron hasta Chihuahua y ahora tienen que explicar qué hicieron con recursos públicos, mientras otro se quedó aquí hablando de Sinaloa y puede terminar pagando políticamente el costo de abrir demasiado la boca. Al doctor Palma y compañía no se les pide ningún favor, se les exige transparencia porque para eso son representantes populares y porque su sueldo no cae del cielo ni lo paga Morena de su bolsa. Y al Frijol habrá que observarlo para saber si realmente lo mandaron a la congeladora o si todavía aparece en la siguiente vuelta, porque en política sinaloense los muertos resucitan, los vivos se hacen muertos y las encuestas a veces parecen esos frijoles que uno deja olvidados en la olla, cada quien les echa el agua que necesita para que no se quemen.
Lo único que no deberían olvidar quienes llegaron prometiendo ser diferentes es que el poder tiene una memoria muy cabrona. Durante años señalaron los excesos de los otros, denunciaron privilegios y juraron que el dinero público se respetaría. Por eso ahora no pueden encabronarse cuando les toca estar del otro lado de la pregunta. Si fueron diferentes, que lo demuestren. Si hubo trabajo legislativo, que enseñen los resultados. Y si se fueron de marcha partidista con cargo al erario, entonces que expliquen, respondan y asuman lo que corresponda, porque para bailar puede sobrar música, pero para rendir cuentas no debería faltar voz.
Todo esto, según yo, el Goyo310.
Link web https://goyo-310.com/el-viaje-incomodo-de-los-diputados-de-morena-y-jesus-ibarra-desaparece-de-la-encuesta/