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Ganaron las encuestas… aunque algunos ni estaban en ellas

Morena ya tiene definidos a sus 17 coordinadores rumbo a 2027 y quiere que la lectura sea sencilla: se levantaron encuestas, ganó el mejor posicionado, los demás aceptaron y todos unidos a lo que sigue. El problema es que cuando uno revisa estado por estado la historia deja de ser tan limpia. Las propias encuestas fueron reservadas durante buena parte del proceso y la dirigencia terminó prometiendo hacerlas públicas después de las inconformidades; además, se ha documentado que los acuerdos políticos tuvieron peso en las definiciones. Eso no demuestra por sí solo que las encuestas sean falsas, pero sí explica por qué dentro y fuera de Morena hay quienes las ven como una caja negra.

Y San Luis Potosí prácticamente escribió el chiste sin necesidad de humorista. Elí César Cervantes terminó coordinador pese a que no se había registrado para competir en la encuesta. La explicación fue el consenso posterior entre aspirantes. Entonces no afirmemos que las encuestas son mentira porque eso habría que probarlo, pero tampoco insultemos la inteligencia: cuando puede terminar encabezando quien ni siquiera estaba entre los encuestados, queda claro que la encuesta no es necesariamente la última palabra. En San Luis la política terminó haciendo lo que la medición supuestamente debía resolver.

Y eso conduce al problema de fondo. Morena ya no tiene a López Obrador sentado en la cabecera de la mesa. Durante años AMLO tenía una capacidad excepcional para ordenar grupos, disciplinar derrotados y cerrar discusiones. Hoy Claudia Sheinbaum conduce su propio proyecto y alrededor de estas sucesiones se está observando una reconfiguración de fuerzas. Presentar cada resultado como una orden personal de la Presidenta o como un intento suyo de “bajar a los candidatos de López Obrador” iría más allá de lo que puede comprobarse; lo que sí puede documentarse es que varios grupos asociados al obradorismo histórico y a liderazgos nacionales no obtuvieron las posiciones que buscaban.

Nuevo León es una fotografía magnífica de esa nueva realidad. Clara Luz Flores volvió a quedarse con la coordinación después de haber perdido la gubernatura en 2021. Enfrente estaban Tatiana Clouthier, Andrés Mijes, Waldo Fernández y otros perfiles. Una encuesta pública de Ratio Estudios realizada antes de la definición colocaba a Waldo en 24%, Mijes en 17.5%, Tatiana en 14.5% y Clara Luz en 12.8%; eso no es la encuesta interna de Morena ni permite concluir que ésta haya sido manipulada, pero ayuda a entender por qué el resultado generó preguntas.

Y Tatiana hizo política hasta para contestar. Estuvo en la fotografía, aceptó el resultado y descartó irse a otro partido, pero cuando le preguntaron por Clara Luz prefirió reiterar: “yo respaldo el proyecto de la doctora Claudia Sheinbaum”. No es una ruptura, pero tampoco fue precisamente un apasionado “voy con Clara”. Hay silencios políticos que necesitan menos traducción que un comunicado.

Chihuahua fue todavía más interesante porque ahí no se enfrentaron solamente Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez. Durante meses la contienda fue interpretada como una disputa entre grupos nacionales. Andrea contó con el respaldo político de Adán Augusto López y del PT; Cruz fue respaldado por el Verde. Fuentes y análisis nacionales describieron incluso la competencia como una pulseada entre el grupo de Adán Augusto y sectores más cercanos al entorno presidencial.

Y sobre Andrea cayó además una sombra que ella no creó pero de la que políticamente era difícil escapar: La Barredora. El caso de Hernán Bermúdez Requena, quien fue secretario de Seguridad de Tabasco durante el gobierno de Adán Augusto y posteriormente fue acusado por autoridades de encabezar esa organización criminal, convirtió la cercanía de Andrea con Adán en material permanente para sus adversarios. Eso no significa que Andrea tenga responsabilidad en esos hechos y sería irresponsable insinuarlo; significa que su principal respaldo nacional llegó a esta sucesión mucho más desgastado. Al final ganó Cruz y perdió Andrea, pero también perdió una apuesta importante del grupo de Adán Augusto.

Por eso Chihuahua deja una pregunta para después: ¿los andreístas van a trabajar realmente para Cruz? Seguramente veremos abrazos. La política mexicana produce abrazos hasta entre quienes unas horas antes querían arrancarse la cabeza. Lo importante será saber quién pone estructura, operadores y territorio cuando ya no haya cámaras.

Michoacán tiene otra clase de conflicto. Carlos Torres Piña ganó y Raúl Morón quedó fuera. Torres Piña pertenece al círculo político cercano al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, mientras el PT se había alineado con Morón para intentar evitar precisamente que el grupo del gobernador se quedara con la candidatura. Morón terminó reconociendo el resultado, pero el PT no acompañó el anuncio. Eso tampoco significa ruptura definitiva, pero vuelve a mostrar el mismo problema: Morena anuncia ganadores y después debe negociar con aliados y estructuras que no necesariamente se sienten representados por ellos.

Y entonces llegamos a Sinaloa, donde hablar de encuesta ya resulta casi secundario.

Imelda Castro no apareció simplemente porque una medición descubrió de pronto que era la mejor posicionada. Su definición se produjo en medio de la crisis provocada por el intento de regreso de Rubén Rocha Moya, su nueva licencia, la llegada de Graciela Domínguez al gobierno interino y el desplome político del grupo rochista. Fuentes partidistas citadas entonces señalaron que la crisis aceleró los tiempos y que varios perfiles cercanos a Rocha quedaron fuera del nuevo escenario. PT y Verde dijeron públicamente que la definición se había adelantado por la situación política de Sinaloa, mientras la dirigencia de Morena sostuvo que no hubo adelanto.

¿Entonces qué encuesta podía explicar por sí sola aquello?

En Sinaloa hubo una decisión política en medio de una emergencia política. Eso es mucho más serio y mucho más interesante que fingir que todo se resolvió porque sonó un teléfono y alguien contestó correctamente cinco preguntas.

Imelda recibió además un partido lastimado. El rochismo perdió la candidatura estatal, pero no desapareció. Ahí siguen alcaldes, diputados, funcionarios, operadores y aspirantes que construyeron durante años alrededor de ese grupo. Enrique Inzunza, uno de sus principales referentes y además cercano políticamente a Adán Augusto, terminó separado de la bancada de Morena en el Senado. Imelda, mientras tanto, ha reconocido públicamente el riesgo del voto de castigo, la fractura política y la necesidad de reconciliación en un estado golpeado por violencia, crisis económica y desgaste gubernamental.

Y todavía algunos creen que el problema sinaloense terminó cuando levantaron la mano de Imelda.

No. Apenas comienza.

Porque falta repartir el poder de abajo.

En Culiacán ya se mueven Omar López Campos, Serapio Vargas, Pedro Lobo, Merary Villegas, Tere Guerra y otros nombres. Mazatlán trae su propia guerra; Ahome tendrá la suya y ahora Guasave ya empezó a levantar polvo. La propia Imelda mencionó a Cecilia Ramírez, Feliciano Valle, Martín Ahumada y Feliciano Castro como perfiles posibles; además existen movimientos desde los aliados, como Martha Dagnino por el Verde, y otros actores locales que han manifestado interés. Imelda incluso confirmó que ya ha realizado mediciones en Guasave.

Y aquí viene la parte deliciosa de la política sinaloense: todos aceptaron a Imelda porque solamente había una coordinación estatal. Ahora hay que decirle a varios de esos grupos quién se queda con Culiacán, quién con Mazatlán, quién con Ahome y quién con Guasave.

Ahí quiero ver la unidad.

Porque mientras todos pueden ganar algo, cualquiera es compañero. El problema empieza cuando para que uno tenga candidatura necesariamente otro debe quedarse mirando.

Ésa es la verdadera lectura nacional de las 17 definiciones. No estamos viendo únicamente quién ganó. Estamos viendo quién perdió poder. En Chihuahua recibió un golpe el grupo de Adán Augusto; en Nuevo León Tatiana quedó fuera y Clara Luz recibió otra oportunidad; en Michoacán se impuso el grupo cercano a Bedolla; en San Luis terminaron escogiendo a alguien que ni estaba originalmente en la encuesta; y en Sinaloa la crisis política modificó por completo el tablero.

Por eso Morena debería tener cuidado con convertir la palabra “encuesta” en agua bendita que pretende purificar cualquier decisión. Una encuesta es perfectamente defendible cuando se conocen metodología, muestra, fechas, cuestionarios y resultados. Cuando esos datos se reservan, aparecen después de la decisión o conviven con negociaciones políticas determinantes, la suspicacia no la fabrica la oposición: la fabrica el propio procedimiento. Morena finalmente prometió transparentar sus mediciones precisamente después de que crecieran esas dudas.

La gran diferencia rumbo a 2027 es que ya no está López Obrador para terminar una discusión con una frase y conseguir que media sala se discipline. Sheinbaum está construyendo su propia conducción, los gobernadores quieren conservar territorios, el Verde quiere cobrar su crecimiento, el PT reclama espacios y los grupos nacionales están midiendo fuerzas.

Los 17 nombres ya están.

Lo que todavía no está resuelto es algo mucho más complicado:

quién manda realmente detrás de cada uno.

Y sobre todo, quién de los derrotados aceptó perder…

y quién simplemente decidió esperar su siguiente oportunidad.

Todo esto, según yo, el Goyo310.

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Por elpiripituchi

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