
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“La fuerza y la mente son opuestos. La moralidad termina donde empieza la pistola”,
Ayn Rand (1905-1982) Filósofa y escritora ruso-estadounidense.
UBICADA
Graciela Domínguez entendió rápido algo. Gobernar Sinaloa desde Culiacán no será suficiente.
Su paso por Mazatlán dejó una fotografía política distinta a las giras tradicionales. No llegó solamente a inaugurar, tomarse fotografías o repetir discursos. Su agenda se concentró en sectores donde existen problemas reales: pesca, agricultura, ganadería, turismo, economía y seguridad.
Y eso tiene lectura.
Primero, porque Mazatlán se ha convertido en uno de los principales termómetros de su gobierno. El puerto enfrenta simultáneamente problemas de violencia, reducción de actividad nocturna, preocupación empresarial y dificultades de sectores productivos. La propia Gobernadora reconoció que, aunque observa una disminución reciente de hechos de alto impacto, la estrategia de seguridad debe continuar.
Segundo, porque Graciela no llegó sola.
La presencia de la secretaria federal de Agricultura, Columba López Gutiérrez, permitió sentar a pescadores, armadores y otros productores directamente con una funcionaria federal. Entre las demandas planteadas están el costo del diésel marino, financiamiento, inspección y vigilancia y la necesidad de recuperar rentabilidad. López incluso confirmó que se analiza el tema del subsidio al combustible.
Ahí aparece quizá la señal política más importante.
Después de la visita presidencial del 20 de septiembre, Domínguez necesita demostrar que el respaldo de Claudia Sheinbaum no terminó con el evento presidencial. Llevar funcionarios federales a Sinaloa y colocarlos frente a quienes tienen problemas específicos empieza a darle contenido a esa relación.
Pero existe otra parte.
Graciela está construyendo una imagen de Gobernadora que escucha.
Se reúne con pescadores. Habla con productores. Se acerca a empresarios turísticos. Revisa seguridad. Recorre el Parque Bonfil. Y mantiene interlocución con sectores que tradicionalmente tienen capacidad de presión política y económica.
Eso ayuda a diferenciar su estilo.
Pero también comienza la etapa complicada.
Porque escuchar genera expectativas.
Los pescadores no necesitan únicamente mesas: necesitan saber qué ocurrirá con el diésel, financiamiento y rentabilidad. Los empresarios turísticos quieren visitantes, pero también condiciones para que la actividad nocturna pueda desarrollarse. Y los ciudadanos quieren que el despliegue de seguridad termine reflejándose en tranquilidad cotidiana.
Por eso esta gira puede ser políticamente favorable para Graciela, pero todavía no puede medirse por fotografías ni reuniones.
Tiene que medirse después. Cuánto consiguió. Qué problema resolvió. Qué recurso llegó. Y qué compromiso federal realmente se cumplió.
Graciela Domínguez parece estar entrando en una segunda etapa de su gobierno: pasó de recibir una administración en circunstancias extraordinarias a comenzar a construir su propia presencia territorial.
Mazatlán fue una muestra. Ahora viene lo difícil. Convertir la cercanía en resultados.
Porque escuchar es un buen comienzo. Resolver será lo que termine definiendo su gobierno.
FUERA DE LUGAR
El problema no es el helicóptero.
Tampoco que María Joseé Salazar tenga una posición económica privilegiada, provenga de una familia empresarial o pueda acceder a comodidades que están fuera del alcance de la mayoría. El éxito empresarial no debería convertirse, por sí mismo, en motivo de descalificación política.
El problema es el mensaje.
María Joseé ya decidió entrar a la política. Anunció que buscará la Coordinación Municipal de la Defensa de la Transformación en Mazatlán y ha dicho que pretende hacerlo desde la cercanía, escuchando y buscando soluciones para las familias, trabajadores y jóvenes. Línea Directa Portal
Por eso las imágenes ahora tienen otra lectura.
Un video desde un helicóptero puede ser perfectamente normal en la vida privada de una empresaria. Pero cuando se pretende representar a un movimiento cuya principal base social se encuentra precisamente entre quienes menos tienen, la percepción importa.
No porque tener dinero sea incompatible con Morena.
Sino porque gobernar exige entender realidades que difícilmente pueden observarse solamente desde arriba.
La empatía también comunica
Sinaloa atraviesa circunstancias particularmente sensibles. Hay familias fracturadas por la violencia, hogares de luto, ciudadanos inconformes con servicios públicos y personas preocupadas por el empleo y la economía.
En ese escenario, quienes pretenden gobernar necesitan algo más que experiencia empresarial, presencia mediática o capacidad para construir una buena imagen.
Necesitan empatía. Escuchar. Caminar. Conocer directamente qué ocurre en las colonias, comunidades y sindicaturas.
La propia María Joseé ha dicho que quiere trasladar su experiencia empresarial a la vida pública y que apuesta por desarrollo, empleos y oportunidades. También ha señalado que esta etapa será para prepararse, escuchar y aprender. Los Noticieristas
Ese compromiso tendrá que demostrarse en territorio.
Porque la gobernanza no es un juego ni puede convertirse en un experimento de quienes apenas descubren la política desde una posición económica privilegiada. Administrar una empresa y gobernar una ciudad pueden compartir herramientas, pero tienen responsabilidades profundamente distintas.
Y tampoco sería equilibrado convertir un video en sentencia.
La publicación, por sí misma, no demuestra irregularidad alguna ni permite afirmar que existan recursos públicos involucrados. El cuestionamiento es político y de comunicación: qué proyecta una aspirante frente a la realidad de quienes pretende representar.
María Joseé apenas comienza. Tiene tiempo para recorrer colonias, escuchar sectores, conocer la administración pública y demostrar si detrás de la exposición existe realmente un proyecto.
Porque en política no basta con querer servir. Hay que comprender a quién se quiere servir. Y quizá la pregunta que deja aquella imagen sea mucho más sencilla:
¿María Joseé quiere mirar Mazatlán desde arriba o está preparada para caminarlo desde abajo?
APLICADA
El nombre está bien pensado.
Mazatlán al 100.
Es sencillo, recordable y, sobre todo, convierte los servicios públicos en la nueva carta de presentación de Estrella Palacios.
Y ahí está la primera lectura.
Después de regresar a la Presidencia Municipal, Estrella necesitaba recuperar algo más importante que presencia mediática: control sobre la agenda cotidiana de Mazatlán.
Bacheo, limpieza, alumbrado, recolección de basura, parques, vialidades y atención de colonias pueden parecer asuntos menores frente a los grandes problemas del municipio.
No lo son.
Son precisamente los temas mediante los cuales el ciudadano mide diariamente a su Ayuntamiento.
Una calle puede ser rehabilitada y fotografiada.
Una luminaria puede encenderse. La basura puede recogerse. Un parque puede limpiarse. Y un bache puede desaparecer. Son resultados visibles.
La estrategia parece buscar que Estrella deje de ser observada solamente desde la coyuntura política y vuelva a ser evaluada desde la administración municipal.
Eso explica la lógica de Mazatlán al 100. No necesita comenzar con grandes obras. Necesita recuperar la percepción de que existe un Ayuntamiento atendiendo la ciudad.
Y políticamente eso también significa territorio.
Cada jornada permite entrar a una colonia, encontrarse con vecinos, escuchar demandas y regresar después con maquinaria, cuadrillas y funcionarios.
Es gobierno. Pero inevitablemente también genera posicionamiento político. La diferencia estará en qué pesa más. Porque si Mazatlán al 100 termina convertido en fotografías, recorridos y publicaciones en redes, su impacto será limitado.
Si detrás existe una programación medible, con colonias atendidas, luminarias reparadas, calles rehabilitadas, basura retirada y tiempos de respuesta menores, entonces Estrella puede construir algo mucho más importante: credibilidad administrativa.
El primero apareció prácticamente de inmediato con el conflicto de Aseo Público.
Mientras el gobierno pretende comunicar una ciudad “al 100”, cualquier falla prolongada en la recolección, alumbrado, bacheo o agua genera una contradicción entre la marca y la realidad.
Y mientras más fuerte sea el nombre de la campaña, mayor será la exigencia.
Decir “Mazatlán al 100” significa ponerse uno mismo una vara bastante alta.
También deberá cuidarse que no se convierta en una campaña personal permanente. Los recursos, trabajadores y maquinaria pertenecen al Ayuntamiento; por ello, la comunicación institucional tendría que privilegiar resultados y servicios antes que la promoción de cualquier figura política.
Hay otro elemento.
Mientras la gobernadora Graciela Domínguez Nava está tomando los grandes asuntos —seguridad, pesca, turismo, economía y relación con la Federación—, Estrella tiene oportunidad de concentrarse en la ciudad de todos los días.
Las dos agendas incluso pueden complementarse. Graciela atendiendo los problemas estructurales. Estrella resolviendo los problemas municipales.
Para la alcaldesa, además, existe una consecuencia política inevitable: si consigue mejorar servicios y recuperar espacios públicos, fortalecerá su posición hacia lo que venga después. Pero eso será consecuencia de los resultados, no debería convertirse en el propósito de la administración.
Porque al final la campaña tiene una virtud y también una trampa. “Mazatlán al 100” es una gran frase. Ahora falta que los mazatlecos puedan salir de sus casas, recorrer sus colonias y decir exactamente lo mismo. Ahí estará la verdadera evaluación.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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