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DAVID LÓPEZ CÁRDENAS

Los aliados de Morena están estirando la liga como nunca. El PT y el Verde ya no parecen dispuestos a jugar el papel de acompañantes. Quieren más posiciones, mayor relevancia y, sobre todo, capacidad real para decidir.

El caso más evidente es el PT. Reginaldo Sandoval pasó de reclamar espacios a lanzar una advertencia mayor: si Morena rompe con el PT, dijo esta semana, los petistas podrían hacerle perder entre siete y doce gubernaturas al régimen. El propio Sandoval reconoce que su partido no tiene fuerza para ganar una gubernatura por sí solo; pero sostiene que sí tiene los votos suficientes para hacer perder a Morena.

No es una amenaza menor.

El PT se retiró del proceso para definir candidaturas porque reclama participar en las encuestas, conocer su metodolgía y tener “encuestas espejo” para sus aspirantes. Zacatecas es el ejemplo más visible: Geovanna Bañuelos quedó fuera de la definición de Morena y el PT contempla competir por separado.

No solo eso, también lanzó la amenaza de postular a las corcholatas derrotadas en el proceso interno de los estados y competir directamente contra Morena.

El Verde no se queda atrás. Desde la discusión de la reforma antinepotismo dejó claro que tiene intereses propios. San Luis Potosí es el laboratorio: Morena rechazó acompañar una eventual candidatura de Ruth González Silva, mientras el Verde mantiene abierta esa posibilidad. El resultado es que la alianza no está definida en ese estado y el PVEM dejó abierta la puerta a competir solo.

Esto difícilmente le habría ocurrido así a López Obrador.

No porque AMLO nunca tuviera diferencias con sus aliados. Las tuvo. Pero tenía algo que Claudia Sheinbaum no posee en la misma dimensión: liderazgo personal sobre la 4T. Era el fundador, el referente histórico y, durante años, el árbitro indiscutible del movimiento. Los aliados negociaban candidaturas y espacios, pero difícilmente ponían públicamente en duda quién mandaba.

Hoy la ecuación es diferente.

Sheinbaum es presidenta y conserva enorme poder institucional, pero no es AMLO. Y sus aliados parecen haber descubierto que tienen margen para presionarla.

Ya lo demostraron en marzo, cuando PT y Verde no acompañaron plenamente la primera propuesta presidencial de reforma electoral y días después, tuvieron que negociar una segunda versión.

¿Hasta dónde aguantará Claudia?

Porque una cosa es negociar y otra permitir que PT y Verde terminen imponiendo las condiciones. La presidenta tendrá que decidir cuánto cede para mantener unida la coalición y, al mismo tiempo, hasta dónde está dispuesta a ejercer su autoridad para impedir que sus aliados conviertan cada negociación en un arreglo más costoso.

Pero Morena tampoco puede darse el lujo de ignorarlos. Las mediciones disponibles muestran que la suma de Morena, PT y Verde sigue siendo electoralmente relevante en buena parte de las 17 entidades, pero también que existen estados donde un aliado puede ser determinante para ganar o perder.

Por eso 2027 será algo más que una elección intermedia. Será la primera gran prueba del liderazgo de Sheinbaum sin López Obrador en la boleta y con una coalición que ya no parece aceptar automáticamente las decisiones de Morena.

La pregunta ya no es solamente si PT y Verde seguirán con Morena. Es cuánto tendrá que ceder Morena para que sigan juntos.

Y, sobre todo, si Claudia será capaz de demostrar que una cosa es gobernar con aliados y otra muy distinta gobernar bajo sus condiciones.

Ágora

Ahora resulta que, según la presidenta, la violencia en Sinaloa no la provocó el crimen organizado, sino la injerencia extranjera. Vaya explicación: que nadie moleste a los narcos y tendremos paz. Paz narca, por supuesto.

SEP 25 2026

Por elpiripituchi

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