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Por Alfredo Inzunza.

La Reserva Federal acaba de cambiar nuevamente las reglas del juego monetario.

El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) elevó en 25 puntos base el rango objetivo de los fondos federales, desde 3.50%-3.75% hasta 3.75%-4.00%. Fue el primer incremento desde julio de 2023 y, quizá más importante, la decisión se tomó por unanimidad: 12 votos contra cero. El mensaje fue contundente: la inflación continúa demasiado elevada y la prioridad vuelve a ser la estabilidad de precios.

El contexto explica mucho.

Hace apenas nueve meses, los mercados discutían cuántos recortes realizaría la Fed durante 2026. Hoy hablan de cuántas subidas adicionales podrían venir.

La inflación estadounidense se ubicó en 3.4% anual en agosto, mientras los precios de la energía han vuelto a convertirse en un problema. El petróleo superó recientemente los 100 dólares por barril ante las tensiones en Medio Oriente y las interrupciones en algunas de las principales rutas energéticas del planeta. A esto se suma una economía estadounidense que continúa mostrando resiliencia: las ventas minoristas crecieron 1.2% en agosto y las presiones sobre precios de importación siguen aumentando.

Kevin Warsh fue particularmente claro después de la reunión: las condiciones financieras difícilmente pueden calificarse como restrictivas y la tendencia subyacente de la inflación no ha mostrado una mejoría suficiente. La Fed necesita convencerse de que la inflación realmente regresa hacia su objetivo de 2%.

Las nuevas proyecciones incluso apuntan hacia otro incremento de 25 puntos base antes de terminar 2026.

Higher for longer ha regresado.

Y Estados Unidos no está solo.

La semana pasada, el Banco Central Europeo también elevó sus tres tasas de referencia en 25 puntos base. La facilidad de depósito quedó en 2.50%, el BCE reconoció explícitamente que el conflicto en Medio Oriente continúa generando presiones inflacionarias y que la inflación podría permanecer por encima de su objetivo durante un periodo prolongado.

Estamos, por tanto, frente a un cambio importante: los grandes bancos centrales vuelven a combatir un shock de precios que tiene cada vez más componentes energéticos y geopolíticos.

Trump contra la Fed.

La decisión tampoco puede separarse de Washington.

Horas después del anuncio, Donald Trump afirmó que las tasas estadounidenses deberían encontrarse en 1% o incluso por debajo. Eso implicaría reducir alrededor de 300 puntos base desde el límite superior actual, una distancia extraordinaria frente a la postura que acaba de adoptar la Reserva Federal.

Trump aseguró, al mismo tiempo, que conserva confianza en Warsh y que quiere una Fed independiente. Sin embargo, la divergencia resulta evidente: mientras la Casa Blanca quiere dinero mucho más barato, el banco central acaba de iniciar nuevamente un ciclo de endurecimiento.

Ese choque institucional será uno de los grandes temas económicos del último trimestre del año.

México y el diferencial que desaparece.

Para México, sin embargo, probablemente la historia más importante se encuentra en el spread.

Banxico mantiene actualmente su tasa objetivo en 6.50%. Con la Fed ahora en un rango de 3.75%-4.00%, el diferencial contra el límite superior estadounidense se redujo hasta aproximadamente 2.50 puntos porcentuales.

Es una brecha extraordinariamente estrecha frente a los estándares de la última década.

Como referencia, al cierre de 2015 Banxico llevó su tasa a 3.25%, mientras la Fed se encontraba en 0.25%-0.50%; el diferencial contra el límite superior estadounidense era entonces de aproximadamente 2.75 puntos porcentuales.

México ha regresado, por tanto, a una zona de diferenciales que no observábamos desde aquellos años.

Y podría estrecharse todavía más.

Banxico mantuvo la tasa en 6.50% en agosto y la mayoría de los analistas espera que continúe en pausa, particularmente porque la inflación mexicana se encuentra en 3.26%, aunque la subyacente permanece en 3.88%.

Si Banxico permanece inmóvil mientras la Fed vuelve a subir, el premio que recibe un inversionista por mantener activos denominados en pesos frente a instrumentos estadounidenses seguirá disminuyendo.

Eso no significa automáticamente una depreciación del peso. El USDMXN depende también de riesgo global, crecimiento, comercio, expectativas fiscales y posicionamiento financiero.

Pero el colchón monetario será menor.

Y ahí aparece el verdadero dilema para Banxico.

La institución puede mantener la tasa para evitar reducir todavía más el diferencial o, si la inflación mexicana vuelve a deteriorarse y la Fed continúa endureciendo, podría eventualmente enfrentar una discusión mucho más incómoda de lo que parecía hace algunos meses.

Hace poco México se preguntaba cuándo podría volver a bajar tasas.

Después de este miércoles, la pregunta comienza a ser diferente:

¿Cuánto tiempo podrá Banxico permanecer en pausa mientras la Fed vuelve a subir?

El ciclo monetario global acaba de cambiar nuevamente.

Y México tendrá que aprender a navegar con un colchón de tasas cada vez más pequeño.

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio