PISA y la tentación de romper el termómetro:

Por: Jose Alfredo Inzunza Valenzuela, investigador en educación y políticas publicas

Culiacan,Sinaloa — 14 de septiembre de 2026

El pasado 8 de septiembre la OCDE publicó los resultados de PISA 2025. México llegó a esta edición con la promesa de que sería la primera evaluación de la Nueva Escuela Mexicana. Los números no acompañaron esa promesa.

El país obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, con 41.8 por ciento de alumnos por debajo del nivel básico en matemáticas. En matemáticas y lectura la caída fue de 7 puntos respecto a 2022. Es el mínimo en matemáticas desde 2006, con una caída de 31 puntos respecto a 2009, y nos coloca en el lugar 37 de 38 naciones de la OCDE en comprensión lectora y ciencias, penúltimo lugar.

Frente a estos datos, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo defendió la solidez del sistema educativo nacional a pesar de los negativos datos del informe. En su posicionamiento criticó la metodología y le restó importancia a los resultados, con el argumento de que no puede ser que la educación esté sustentada en pasar un examen. Insistió en que lo que no debe ser el sistema educativo es un esquema de preparación para la prueba PISA y cuestionó la prueba por no considerar las distintas realidades de los estudiantes.

La presidenta no está sola en su incomodidad. PISA no mide el plan de estudios mexicano, no evalúa historia, civismo o bienestar socioemocional, y tiene limitaciones culturales evidentes. Pero esa es precisamente su utilidad: no mide lo que enseñamos, mide si un joven de 15 años puede usar lo que sabe para resolver un problema de la vida real. México participa desde 2000 porque es miembro de la OCDE, y la comparación internacional es el espejo.

Decir que la prueba está sesgada confunde el debate. La propia OCDE matizó que el resultado de México en ciencias se mantuvo prácticamente igual al de 2022 y que las fluctuaciones entre ediciones han sido pequeñas y estadísticamente no significativas. El problema no es una foto, es la película: cinco descensos consecutivos en lectura desde 2009 y una caída sostenida en matemáticas que no se explica con un sesgo metodológico.

Desacreditar la medición es más fácil que enfrentar el diagnóstico. Cuando más de 40 por ciento de nuestros adolescentes no alcanza lo mínimo en matemáticas, el problema no es el examen, es la oportunidad que pierden.

Celebrar que algunas escuelas públicas salieron bien evaluadas o que la mayoría de los estudiantes pide ayuda a sus profesores no compensa el rezago estructural.

Necesitamos menos defensa del modelo y más autocrítica. PISA no condena a la escuela pública, la alerta. Romper el termómetro no baja la fiebre.

Por elpiripituchi

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