
La baraja morenista en Guasave: Rey de Espadas, Reina y Caballo… y varios ya quieren cantar victoria
Columna: “Dardos Políticos”
Por Rosario Antonio Ramírez
En Guasave hay algo más peligroso que una baraja mal jugada: un político convencido de que ya ganó antes de que empiece la partida.
Y rumbo al 2027, en Morena parece que a algunos ya se les olvidó un pequeño detalle: la candidatura por la alcaldía no viene con nombre grabado en la silla presidencial.
Hay quienes ya se ven sentados, quienes ya repartieron posiciones, quienes ya escogieron aliados y hasta quienes seguramente ya tienen lista la foto para el recuerdo.
El problema es que todavía falta lo más sencillo:
ganar la partida.
Porque la baraja puede cambiar en cualquier momento.
Y en esta hipotética mano morenista hay tres cartas que podrían alterar seriamente los cálculos: Gerardo Peñuelas, Zulma Karina Gámez y Enrique Covarrubias.
Si hubiera que poner una carta de máxima jerarquía sobre la mesa, Gerardo Peñuelas sería el Rey de Espadas.
Una carta que no llega precisamente a pedir permiso.
El Rey representa peso, experiencia y capacidad para modificar el tablero.
Y eso, naturalmente, puede poner nerviosos a varios de los que ya estaban haciendo campaña desde el espejo.
Porque una cosa es ser el consentido de un grupo y otra muy diferente demostrar que se puede cargar con una candidatura competitiva.
Si Peñuelas entra en la ecuación, algunos tendrían que hacer algo que los políticos rara vez disfrutan:
volver a empezar las cuentas.
Adiós a los pronósticos anticipados.
Adiós a las candidaturas “amarradas”.
Adiós a los equipos que ya repartieron el pastel sin siquiera haber comprado el horno.
El Rey de Espadas tendría una virtud particularmente incómoda:
puede cortar de un solo movimiento las ilusiones de quienes se creían intocables.
Y si el Rey representa la fuerza de la carta mayor, Zulma Karina Gámez aparece como la Reina.
Una pieza que no necesita ser la más ruidosa para ser importante.
La Reina puede moverse por todo el tablero y, cuando encuentra el momento adecuado, convertirse en una jugada decisiva.
Su eventual presencia en la contienda podría modificar los equilibrios internos y obligar a más de uno a dejar de cantar victoria.
Porque hay aspirantes que parecen haber confundido las reuniones políticas con escrituras notariales.
Se reúnen, se toman la foto, levantan la mano y salen convencidos de que la candidatura ya es suya.
Qué ternura.
La política, sin embargo, tiene la mala costumbre de arruinar las ilusiones demasiado temprano.
Y una Reina bien jugada puede hacer exactamente eso.
Después aparece Enrique Covarrubias, el Caballo.
Y quizá aquí esté una de las cartas más interesantes.
Porque el Caballo no avanza como las demás piezas.
Salta.
Y en política, saltarse los obstáculos puede resultar bastante más efectivo que estrellarse contra ellos.
Covarrubias podría representar una alternativa distinta si el tablero termina demasiado dividido, si las negociaciones se complican o si Morena necesita una carta capaz de romper los cálculos previamente establecidos.
Por eso sería un error descartarlo.
Los que hoy miran desde arriba a determinadas cartas podrían terminar preguntándose mañana:
¿Y ese caballo cómo llegó hasta aquí?
Así funciona la política.
Mientras unos presumen su mano, otros esperan pacientemente el momento de jugar.
Pero aquí viene la parte sabrosa.
En toda baraja política hay jugadores que creen que las cartas les pertenecen.
Son los que confunden una estructura con una candidatura.
Una amistad política con una nominación.
Una fotografía con una alianza.
Y una promesa con un compromiso firmado.
Son los mismos que empiezan a repartir regidurías, sindicaturas y cargos antes de saber siquiera quién tendrá la candidatura.
El entusiasmo es respetable; la ingenuidad política, no tanto.
Porque si aparece el Rey de Espadas, varios tendrán que esconder las fichas.
Si aparece la Reina, otros tendrán que modificar la estrategia.
Y si el Caballo pega el salto correcto, algunos podrían quedarse mirando cómo se les escapa la partida por confiarse demasiado.
2027 no será una contienda electoral fácil en Sinaloa.
Y mucho menos en Guasave.
Habrá intereses, grupos, alianzas, negociaciones, encuestas, operadores y aspirantes dispuestos a vender hasta el último argumento para convencer de que ellos son “la mejor opción”.
Pero al final alguien tendrá que tomar el mazo.
Y ahí se acabará el teatro.
Porque una cosa es sentirse candidato en una reunión privada y otra muy distinta aparecer en la boleta.
Morena tendrá que decidir qué carta considera capaz de enfrentar la elección.
No cuál grupo hace más ruido.
No quién tiene más fotografías.
No quién lleva más tiempo repartiendo puestos imaginarios.
La pregunta será quién puede ganar.
Y esa pregunta, curiosamente, es la que más incomoda a quienes llevan meses intentando convencerse de que ya tienen la respuesta.
Por ahora Morena, tiene la baraja con más opciones para la presidencia municipal de Guasave podría dibujarse así:
Gerardo Peñuelas, Rey de Espadas.
Zulma Karina Gámez, Reina.
Enrique Covarrubias, Caballo.
Tres cartas distintas.
Tres formas de jugar.
Tres posibles movimientos dentro de una partida que todavía está lejos de terminar.
Y enfrente, inevitablemente, estarán aquellos que ya se sienten propietarios de la candidatura y que probablemente no estarán muy felices cuando descubran que el mazo no lo barajan ellos.
Porque en política los egos suelen ser pésimos jugadores.
Se emocionan con una buena mano, se enamoran de sus propias fichas y terminan apostándolo todo antes de conocer las cartas de los demás.
En Guasave, la partida apenas comienza.
Y todavía falta cortar el mazo.
Que nadie se emocione demasiado: en la baraja de Morena todavía no se reparten las cartas, y cuando llegue el momento de cortar el mazo, algunos que hoy se sienten dueños de la candidatura podrían terminar descubriendo, con todo y sonrisa congelada, que nunca fueron jugadores… solamente fichas.
¡Es cuanto!
