
POLIARQUÍA
Guadalupe Robles
- La apatía. La política tiene grandes problemas que resolver. Pero los políticos y sus partidos son incapaces de tener respuestas para ello. La política es una actividad que siempre está en crisis. Por eso necesita ciudadanos más activos ante la ineficiencia gubernamental y legislativa. Participar más allá de la queja en el celular. Más allá de emitir una opinión. Hay que salir a la calle a manifestarse. Ser solidario con las causas de otros. La apatía ciudadana es un gran incentivo para la mediocridad política.
- El prejuicio. Los prejuicios a veces esconden perezas. La gente a veces solo desdeña y critica la política desde sus grupos de WhatsApp. Es importante, pero es una vía que debe tener un objetivo. Pero la mayoría renuncia a participar activamente en la solución de los conflictos. Les deja esa tarea a otros ciudadanos que si se animan. Que si se comprometen. Que si se arriesgan. Les dejan esa tarea a los políticos, para que ellos decidan por los ciudadanos sin sus opiniones.
- La manipulación consentida. Es muy cómodo dejarse manipular. Manipularse por los extremos: el gobierno y sus opositores. Con sus narrativas ideológicas e incendiarias. Los que defienden y los que critican. Cuando los ciudadanos se dejan manipular por comodidad, están renunciando a su valor más importante: su soberanía. Es decir, su mando sobre la política
- La falta de autocrítica. El discurso populista halaga al ciudadano. Lo eleva. Lo vuelve inmaculado. El ciudadano se deja seducir por esta narrativa. Pueblo bueno. sabio y jefe. La acepta. Se la cree. Entonces se vuelve dócil para la manipulación. Le dicen que el pueblo manda y que los políticos obedecen. Y con ello borran cualquier amenaza de autocrítica al ciudadano. A ese ciudadano que solo ve por sus intereses y se olvida de los demás.
- La zona de confort. La vida es dura y el ciudadano busca vivir y sobrevivir en un mundo complicado. Esa es su batalla y no quiere más. Pero a veces esa realidad es parte de su zona de confort. No quiere arriesgar. Quiere decirles a sus políticos las cosas más impresentables, pero no participar en las luchas sociales. Quiere que las cosas se resuelvan, pero sin su participación. Las sociedades cambian cuando sus ciudadanos deciden dejar sus zonas de confort.
- La pura queja. La queja por sí sola adormece las conciencias. Queja sin acción, lleva a la parálisis. Lleva a que sigan decidiendo los mismos. A las mismas impunidades e ineficiencias de la política. Sin contrapesos. La queja de los ciudadanos tiene que concretizarse en acciones tangibles. Comprometidas: marchas, iniciativas legislativas, boicots a programas, oídos sordos a los discursos del rollo.
- Esperar milagros. Las cosas no cambian por sí solas. Nunca llegarán los milagros que soñamos. Menos en la política. Tras cada cambio en la política, hay detrás una larga lucha ciudadana. Ese es el verdadero milagro.
Culiacán, Sinaloa, lunes 31 de agosto de 2026. X @guadalupe2003
