Screenshot

“Bienestar”: del PRI de ayer al Morena 2.0, reciclando el pasado

Columna: “Dardos Políticos”
Por: Rosario Antonio Ramírez

Hay palabras que en la política mexicana envejecen bien. Una de ellas es “Bienestar”.

Morena pretende siempre presentarla como parte casi exclusiva de su ADN político, como si antes de la Cuarta Transformación los gobiernos mexicanos jamás hubieran utilizado los programas sociales para combatir la pobreza, apoyar a las familias o acercarse electoralmente a los sectores más vulnerables.

Pero la historia tiene mala costumbre: no se deja borrar por un eslogan.

En 1994, Ernesto Zedillo llegó a la candidatura presidencial del PRI después del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Su campaña utilizó como uno de sus principales mensajes “Bienestar para tu familia”. También recurrió a “Él sabe cómo hacerlo”, intentando proyectar experiencia y capacidad para gobernar.

¿Suena conocido?

La palabra “Bienestar” ya estaba ahí. La política social también. Y el uso político de ambas cosas, ni se diga.

Después llegó Vicente Fox. Durante su gobierno, el programa Progresa, creado durante el sexenio de Zedillo, se convirtió en Oportunidades en 2002. Cambió el nombre, se amplió la cobertura y continuaron los apoyos en educación, salud y alimentación.

En materia de adultos mayores, tampoco comenzó todo con Morena.

En 2001, López Obrador impulsó en la Ciudad de México un programa de apoyo económico para adultos mayores. Fue jefe de Gobierno del Distrito Federal de 2000 a 2005, y llegó al cargo como candidato del PRD. Morena todavía no existía; fue fundado formalmente como partido político nacional hasta 2014.

A nivel federal, Felipe Calderón creó posteriormente el programa 70 y Más en 2007.

Y cuando López Obrador llegó a la Presidencia de México el 1 de diciembre de 2018 con Morena, en coalición con el PT y el PES convirtió la pensión para adultos mayores en uno de los programas insignia de su gobierno, ampliando su cobertura y haciendo de “Bienestar” una auténtica marca de identidad política.

Aquí aparece la gran paradoja.

Morena llegó al poder prometiendo acabar con el viejo régimen, pero terminó descubriendo que algunas de las herramientas del viejo régimen eran demasiado útiles como para desecharlas.

Cambió el discurso.

Cambió el partido.

Cambió el color.

Cambió el nombre de los programas.

Pero la lógica política de utilizar los beneficios sociales para construir una relación directa entre gobierno y ciudadano no nació en 2018.

El viejo PRI entendió perfectamente que un gobierno que entrega beneficios directamente a la población puede construir lealtades políticas. Morena entendió la misma ecuación y decidió llevarla a otra dimensión.

La diferencia es que ahora existe una maquinaria propagandística mucho más sofisticada para vender la idea de que todo comenzó con ellos.

Y ahí está el verdadero truco.

No se trata de negar que millones de mexicanos reciben hoy un apoyo que les resulta importante. Sería absurdo hacerlo. Tampoco se trata de cuestionar que el Estado tenga la obligación de ayudar a quienes más lo necesitan.

El debate serio es otro:

¿Por qué un programa social tiene que convertirse en propaganda partidista?

¿Por qué una pensión que se paga con recursos públicos termina presentada como si saliera del bolsillo del gobernante?

¿Por qué se intenta instalar la idea de que quien recibe un apoyo debe agradecérselo a un partido político?

El dinero no es de Morena.

Es dinero público.

Proviene de los impuestos de millones de mexicanos, incluidos aquellos que nunca votaron por Morena.

Y quizá ahí está la diferencia entre una política social responsable y una política social utilizada como instrumento de poder.

El PRI lo entendió hace décadas. Morena también.

Por eso resulta hasta irónico escuchar que Morena vino a inventar una nueva forma de gobernar cuando buena parte de su clase política proviene precisamente de los partidos del antiguo régimen que dice combatir.

Morena no inventó el clientelismo político. Lo heredó, lo modernizó y lo convirtió en marca registrada.

El PRI repartía beneficios y construía estructuras políticas.

Morena reparte beneficios, construye estructuras políticas y además intenta convencer al ciudadano de que esos beneficios son una conquista exclusiva de la Cuarta Transformación.

Eso ya no es solamente política social.

Eso es mercadotecnia política con dinero público.

Y mientras el gobierno presume que “primero los pobres”, la pregunta incómoda sigue esperando respuesta:

¿Estamos frente a una transformación histórica o simplemente frente a la vieja política mexicana con nuevo logotipo?

Porque la historia tiene una virtud que ningún gobierno puede controlar: compara.

Y cuando uno compara, descubre que muchas de las grandes “novedades” de la política mexicana ya tenían antecedentes.

El PRI utilizó el bienestar como bandera. Morena lo convirtió en identidad.

El PRI construyó programas sociales. Morena los amplió.

El PRI entendió el valor electoral de los beneficiarios. Morena también.

Y el viejo régimen reciclaba políticos.

Morena también.

Entonces quizá no estamos viendo el nacimiento de una nueva política.

Quizá estamos viendo algo mucho más mexicano:

el pasado reciclándose para presentarse como futuro.

Y esa sí es una historia que, por más propaganda que le pongan, no se puede cambiar con un eslogan.

¡Es cuanto!

Screenshot

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio