
“El PAS será determinante en 2027”: Robespierre Lizárraga
El dirigente estatal del Partido Sinaloense sostiene que la organización superó los pronósticos sobre su desaparición, se prepara para competir con fuerza y plantea una gran alianza por Sinaloa para enfrentar la crisis de seguridad, económica y política
Mazatlán, Sinaloa.– El Partido Sinaloense no sólo sobrevivió a uno de los momentos más complejos de su historia, sino que se prepara para convertirse en un actor relevante, influyente y determinante en el proceso electoral de 2027, afirmó su presidente estatal, Robespierre Lizárraga Otero.
En entrevista exclusiva, el dirigente partidista habló del futuro del PAS, de la crisis que atraviesa Sinaloa, del papel que deben asumir los partidos políticos, de las posibles alianzas electorales, de la selección de perfiles y de las condiciones que deberá reunir la persona que encabece el próximo Gobierno del Estado.
Lizárraga Otero reconoce que después de la ausencia de Héctor Melesio Cuén Ojeda surgió una narrativa generalizada sobre la posible desaparición del partido. Columnistas, analistas y actores políticos anticiparon que el PAS perdería fuerza, estructura y presencia electoral.
Sin embargo, sostiene que la respuesta de la militancia y la atención que nuevamente genera el partido dentro del escenario político sinaloense demuestran lo contrario.
“En el primer aniversario convocamos a un grupo de personas y llegó el triple. Tuvimos un evento multitudinario y eso me dio muchos ánimos para seguir adelante”, expresó.
El dirigente señaló que durante ese periodo estuvo atento a editoriales, columnas de opinión y análisis políticos que coincidían en una visión pesimista sobre el futuro del partido.
“Era unánimemente pesimista: va a desaparecer, ya no es nada sin Héctor Melesio. Y ahora, ante una especulación política, todo mundo salta y se pregunta: ¿qué va a hacer el PAS?”, planteó.
Para Robespierre Lizárraga, el simple hecho de que las decisiones del Partido Sinaloense vuelvan a despertar interés confirma que la organización mantiene capacidad política y electoral.
“Eso me lleva a la conclusión de que claro que sí, no es una figuración. Vamos a ser relevantes, determinantes y muy importantes para el proceso electoral. Va a ser un partido que tendrá mucha influencia y fuerza el año que entra”, aseguró.
Una nueva etapa para el PAS
El presidente estatal del PAS sostiene que el partido atraviesa una etapa de reconstrucción, pero no de ruptura con su historia.
La organización, explicó, conservará la mística de servicio, la cercanía social y la disciplina de trabajo que la han caracterizado durante sus 14 años de existencia.
“Tenemos una visión de trabajo, una mística de servicio que ha caracterizado a este partido, y esa forma de trabajar y de plantarse ante la sociedad es lo que nos ha permitido existir durante 14 años”, afirmó.
La continuidad, dijo, no significa permanecer inmóviles ni repetir de manera automática las decisiones del pasado. El reto consiste en preservar la identidad del partido y, al mismo tiempo, adaptarlo a un escenario político distinto.
El PAS, señaló, deberá demostrar que puede actuar como una institución sólida, abrir espacios para nuevos liderazgos y presentarse ante la ciudadanía como una alternativa política confiable.
“Lo que queremos es abrir un boquete en el escenario político local para que otros perfiles, con otras ideas y otras visiones, lleguen a los lugares donde se toman las decisiones”, explicó.
La apuesta es ampliar la participación ciudadana y convocar a hombres y mujeres que no necesariamente han formado parte de las estructuras tradicionales de los partidos.
Sin embargo, advirtió que la apertura no será indiscriminada.
“No vamos a abrirle la puerta a todos nada más porque sí. Tenemos que tener cuidado. Es una responsabilidad de los partidos ver a quién le presentamos a la sociedad, porque al rato esa gente llega y nos gobierna”, sostuvo.
En Mazatlán, mencionó perfiles como Óscar Tirado, Lolis y Diana, personas que, dijo, han encontrado en el Partido Sinaloense un espacio para participar y buscar un cambio en su comunidad.
La inseguridad, el principal problema de Sinaloa
Aunque el eje de su discurso es el futuro del Partido Sinaloense, Robespierre Lizárraga considera imposible hablar de política electoral sin abordar la situación que vive el estado.
Desde su formación como abogado, sostuvo que el valor jurídico más importante que debe proteger el Estado es la vida. Después se encuentran la integridad física, el patrimonio y el resto de los derechos de las personas.
Por ello, afirmó que la inseguridad representa el mayor reto que enfrenta actualmente Sinaloa.
“El reto mayúsculo que tenemos es la inseguridad. Es una obligación primaria del Estado, porque debido a la inseguridad devienen otros problemas, como la grave crisis económica, la salud pública y hasta la tranquilidad y la vida interior de las personas”, explicó.
La violencia, desde su perspectiva, no es un fenómeno aislado. Sus efectos han terminado por alterar la vida cotidiana, el funcionamiento de los negocios, la actividad productiva, la confianza ciudadana y la relación entre la sociedad y las instituciones.
“Lo público ya nos afectó definitivamente a todas y a todos”, señaló.
Durante muchos años, agregó, una parte de la sociedad consideró que podía mantenerse al margen de la política porque su trabajo, su negocio o su vida familiar no dependían directamente del gobierno.
Esa percepción cambió.
La inseguridad y la crisis económica demostraron que las decisiones públicas terminan impactando a todos los sectores.
“Antes se decía: yo voy a mi negocio, voy a mi trabajo, yo no dependo de la política ni del gobierno. Ya no. La crisis de Estado y de gobierno nos obliga a todos a entenderla primero para poder resolverla”, afirmó.
Una crisis política y social
El dirigente pasista considera que la crisis de seguridad se encuentra acompañada por una crisis política, económica e institucional.
La fragmentación entre el gobierno, los partidos de oposición y la sociedad ha impedido la construcción de acuerdos básicos para enfrentar los problemas del estado.
“No hay suficiente diálogo. Definitivamente hay una fragmentación entre todos”, señaló.
Ante ese escenario, propuso la construcción de un gran pacto social que permita generar puntos de encuentro entre sectores con intereses, ideologías y visiones diferentes.
“Todos tenemos derecho a pensar y actuar como queramos, pero en algún momento, dentro de todas nuestras diferencias, tiene que haber puntos de encuentro”, sostuvo.
La responsabilidad principal de construir esos acuerdos corresponde al gobierno, porque fue elegido para conducir al conjunto de la sociedad.
Sin embargo, consideró que las autoridades actuales no han encontrado la manera de generar cohesión social.
“El gobierno, que fue elegido para ello, no ha encontrado ni ha descifrado cómo generar esos puntos de encuentro”, afirmó.
Para el presidente estatal del PAS, la elección de 2027 puede abrir una oportunidad para replantear la relación entre el poder público y la sociedad, pero esa posibilidad dependerá de que los partidos comprendan que su función no puede reducirse a competir por cargos.
Partidos para resolver, no para construir clientelas
Una de las críticas centrales de Robespierre Lizárraga se dirige a la manera en que los gobiernos y los partidos han utilizado la política pública con fines electorales.
Cuando las acciones gubernamentales, los programas y los recursos se diseñan para conservar votos o movilizar estructuras, sostuvo, el propósito de resolver los problemas sociales pasa a segundo plano.
“Cuando desde la acción de gobierno o la política pública el objetivo no es resolver el problema público, sino atender o construir una clientela electoral, se gobierna para la coyuntura”, señaló.
El problema, agregó, es que las decisiones dejan de tomarse pensando en el bienestar colectivo y comienzan a calcularse en función de la siguiente elección.
“Las acciones de gobierno, las decisiones y los recursos no se destinan a resolver los problemas de la gente, sino a pensar cómo hacer para que esa gente vote por mí el año que entra”, explicó.
Esa forma de ejercer el poder, dijo, tiene consecuencias profundas y es una de las razones por las que Sinaloa enfrenta actualmente una crisis de confianza.
El PAS pretende marcar una diferencia al privilegiar propuestas concretas, acercamientos sectoriales y soluciones de fondo.
Lizárraga Otero mencionó reuniones con empresarios de Mazatlán, productores agrícolas del norte del estado y vecinos de Culiacán como parte de una estrategia para escuchar directamente las preocupaciones sociales.
“Más que la estridencia, la polémica fácil o barata, nosotros planteamos temas puntuales con la idea de construir y aportar en positivo”, afirmó.
Reconoció que la confrontación y la diatriba pueden generar mayor rentabilidad electoral, pero advirtió que pocas veces contribuyen a resolver los problemas colectivos.
“Es más fácil destruir que construir. La confrontación y el maniqueísmo pueden ser electoralmente rentables, pero políticamente hablando poco le abonan a la sociedad”, sostuvo.
Recuperar la confianza en la política
El dirigente consideró que la sociedad espera compromiso, responsabilidad y conciencia del papel que deben desempeñar quienes participan en la vida pública.
La política, dijo, no puede ser vista exclusivamente como una vía para alcanzar cargos, diputaciones, alcaldías o posiciones administrativas.
“No es nada más la política como vía de acceso a escaños y puestos. Si se reduce la acción política a eso, padecemos los problemas que hoy tenemos”, advirtió.
Robespierre Lizárraga reconoce que existe una crisis de representación que afecta a partidos y dirigentes no sólo en Sinaloa, sino en México y en otras partes del mundo.
Sin embargo, considera que los momentos de crisis también pueden producir una catarsis y obligar a replantear las formas de participación política.
“No podemos seguir trabajando igual”, señaló.
El PAS buscará recuperar la confianza ciudadana mediante una combinación de trabajo territorial, apertura a nuevos perfiles y construcción de propuestas que atiendan los problemas específicos de cada región.
La meta, explicó, no es únicamente incrementar la presencia electoral, sino demostrar que el partido puede convertirse en un instrumento útil para la sociedad.
Alianzas: “Todo lo demás es especulación”
Aunque el Partido Sinaloense ya aparece en distintas versiones y escenarios de posibles alianzas, su dirigente estatal evita adelantar decisiones.
La definición, sostuvo, deberá ocurrir dentro de los tiempos jurídicos y políticos establecidos por la legislación electoral.
“No hay nada porque no ha iniciado el proceso electoral. Todo lo que hay alrededor de eso es mera especulación”, afirmó.
Lizárraga Otero explicó que, conforme a la legislación electoral de Sinaloa, las alianzas se formalizan hacia finales de enero del año electoral.
“Todo lo que hay antes es adelanto y especulación, o sea, puro humo”, enfatizó.
El dirigente no cerró la puerta al diálogo con otras fuerzas políticas, pero sostuvo que el PAS tomará sus decisiones considerando sus principios, su competitividad y el interés de la sociedad sinaloense.
En la relación con el Gobierno del Estado, dijo, el partido mantendrá una postura positiva y estará dispuesto a participar en convocatorias que busquen resolver los problemas públicos.
“Nosotros siempre vamos a estar en positivo, en una sana convocatoria, al color que sea”, indicó.
No obstante, dejó claro que el PAS también se prepara para competir por el poder.
“No descartamos en algún momento ser el gobierno, porque por eso vamos a competir el año que entra”, expresó.
Un gran acuerdo por Sinaloa
Más que una alianza estrictamente electoral, Robespierre Lizárraga plantea la necesidad de construir una gran alianza por Sinaloa.
Esa convocatoria, explicó, deberá incluir partidos, sectores productivos, organizaciones sociales y ciudadanos.
“Nosotros sí vamos a convocar a un gran acuerdo o alianza por Sinaloa”, afirmó.
El objetivo sería enfrentar de manera conjunta los problemas de seguridad, economía, gobernabilidad y cohesión social.
La elección, desde su perspectiva, no debe convertirse únicamente en una disputa entre partidos, sino en la oportunidad de definir un nuevo rumbo.
“Viene una oportunidad para replantear nuestra historia”, sostuvo.
El perfil del próximo gobernador
Para el dirigente del PAS, la persona que gobierne Sinaloa a partir de 2027 enfrentará una situación extraordinariamente complicada.
El próximo gobernador o gobernadora deberá comprender que llegará al poder en medio de una crisis sin precedentes en la historia reciente del estado.
“Tiene que tener una gran conciencia de la etapa que le va a tocar vivir, tal vez la más complicada”, expresó.
Incluso comparó el momento actual con periodos históricos de profunda inestabilidad.
“Va a llegar alguien en una situación nunca antes presentada ni prospectada para nuestra época”, señaló.
El próximo titular del Ejecutivo estatal deberá anteponer el interés colectivo a cualquier proyecto personal, partidista o electoral.
“Si esa persona llega pensando en otra cosa que no sea el interés común, vamos a fracasar otros seis años”, advirtió.
Además de experiencia y capacidad política, deberá contar con disposición para generar acuerdos, convocar a la sociedad y reconstruir la confianza en las instituciones.
El PAS busca ser una opción fuerte
Robespierre Lizárraga asegura que el Partido Sinaloense cuenta con organización, militancia y presencia territorial para competir en 2027.
El partido, sostuvo, no pretende aparecer como un actor testimonial ni limitarse a negociar espacios.
Su objetivo es participar con perfiles competitivos y convertirse en una fuerza con capacidad para influir en el resultado electoral.
“Vamos a ser relevantes, determinantes y muy importantes para el proceso electoral”, reiteró.
Esa aspiración, reconoció, deberá respaldarse con candidatos que tengan prestigio social, compromiso y capacidad para gobernar.
El PAS se tomará el tiempo necesario para seleccionar a sus perfiles y evitará tomar decisiones únicamente por popularidad o rentabilidad momentánea.
“Más allá de la exhibición de perfiles para la competencia electoral, nosotros nos hemos tomado nuestro tiempo para tener contacto, invitar y convocar a los mejores”, explicó.
Una oportunidad para cambiar el rumbo
Al finalizar la entrevista, Robespierre Lizárraga dirigió un mensaje a los ciudadanos que sintetiza la narrativa con la que el Partido Sinaloense buscará presentarse rumbo a 2027.
“Esto que vivimos no es lo que nos merecemos ni lo que nos toca como sociedad sinaloense”, expresó.
El dirigente sostuvo que el próximo proceso electoral pondrá en manos de la ciudadanía la posibilidad de cambiar el rumbo del estado.
“El año que entra vamos a tener en nuestras manos la decisión de cambiar y de retornar a un rumbo diferente”, afirmó.
El PAS, dijo, cumplirá con su responsabilidad presentándose ante la sociedad con propuestas, perfiles y una convocatoria al cambio positivo.
“Haremos lo que nos toca, presentándonos responsablemente ante la sociedad y convocándola al cambio positivo”, concluyó.
El mensaje de Robespierre Lizárraga busca colocar al Partido Sinaloense en una nueva etapa: conservar su identidad, demostrar que puede existir más allá de su fundador y convertirse nuevamente en una fuerza decisiva.
El reto será traducir esa narrativa en estructura, candidatos, propuestas y votos.
Pero, por ahora, el dirigente estatal deja una definición política clara: el PAS no se considera una fuerza en retirada, sino un partido que se prepara para volver al centro de la disputa por Sinaloa.
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