Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga

POR LA REVANCHA

En política, competir una vez por la gubernatura puede convertir a una persona en figura estatal. Intentarlo nuevamente exige algo más: explicar por qué el resultado podría ser diferente.

Mario Zamora Gastélum ya recorrió Sinaloa como candidato, encabezó una coalición opositora, enfrentó a Rubén Rocha Moya y conoció directamente las fortalezas y limitaciones de una campaña por el gobierno del estado. En 2021 obtuvo 358 mil 313 votos, equivalentes al 32.49 por ciento de la elección, frente a los 624 mil 225 sufragios, el 56.60 por ciento, alcanzados por Rocha Moya. La diferencia fue suficientemente amplia para impedir cualquier interpretación triunfalista, pero su votación también lo dejó como uno de los políticos opositores con mayor respaldo electoral individual de los últimos años en Sinaloa.

Ese antecedente define su situación actual.

Mario Zamora no puede presentarse como una novedad ni como un experimento. Tampoco puede limitarse a decir que ahora las condiciones son distintas. Para volver a competir necesita demostrar que él también cambió, que entendió el mensaje de las urnas y que su proyecto no consiste simplemente en esperar que el desgaste de Morena haga el trabajo que la oposición no logró realizar en 2021.

La gran pregunta que rodea su eventual aspiración no es si tiene experiencia suficiente para buscar nuevamente la gubernatura. La tiene. La pregunta es si esa experiencia puede transformarse en una propuesta renovada o si terminará representando el regreso de una oposición que ya fue derrotada.

Un político con conocimiento del poder

Mario Zamora posee uno de los perfiles técnicos más completos dentro del PRI sinaloense. Es economista, ha trabajado en la administración pública federal, fue director general de la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero y posteriormente llegó al Senado de la República.

Su paso por la Financiera Nacional de Desarrollo le permitió establecer relaciones con productores, organizaciones rurales y sectores vinculados con el campo, una actividad estratégica para Sinaloa. También le dio experiencia en la operación de créditos, programas públicos y mecanismos de apoyo para actividades productivas.

Desde el Senado adquirió una dimensión política nacional y una plataforma para intervenir en temas económicos, presupuestales y agropecuarios. Después de concluir su periodo como senador, regresó al Congreso de la Unión como diputado federal de representación proporcional para la LXVI Legislatura, cuyo periodo comprende de 2024 a 2027.

Esa trayectoria le permite afirmar que conoce el funcionamiento del Gobierno federal, el Poder Legislativo, las instituciones financieras y los sectores productivos. No es un político que necesite aprender desde cero cómo se construye un presupuesto o cómo se negocia con las dependencias nacionales.

Su fortaleza es la experiencia.

Pero también puede ser su principal problema.

En una sociedad que reclama cambios, la experiencia debe presentarse como capacidad para resolver y no como permanencia de una clase política. Mario Zamora necesita evitar que su trayectoria sea interpretada como la repetición de un sistema que perdió la confianza ciudadana.

La experiencia vale cuando produce certezas. Cuando solamente enumera cargos, puede parecer antigüedad.

El candidato que perdió, pero no desapareció

La derrota de 2021 pudo haber significado el retiro temporal o definitivo de Mario Zamora. No ocurrió así.

Después de la elección regresó al Senado, mantuvo presencia pública y continuó participando en el debate político nacional y estatal. Posteriormente llegó a la Cámara de Diputados, desde donde ha sostenido una postura crítica hacia los gobiernos de Morena.

Esa permanencia constituye uno de sus principales activos. No abandonó el escenario después de perder ni desapareció del territorio para reaparecer en vísperas de una nueva elección.

La derrota tampoco destruyó completamente su capital político. Obtener más de 358 mil votos en una elección estatal representa una base que ningún otro aspirante opositor puede atribuirse actualmente como propia, aunque debe reconocerse que esa votación también correspondió a la suma de PRI, PAN y PRD.

Aquí aparece una primera diferencia respecto de Paloma Sánchez.

La senadora necesita demostrar que puede encabezar una elección estatal. Mario Zamora ya lo hizo. Ella debe construir conocimiento territorial; él ya recorrió los 18 municipios como candidato. Ella necesita convertirse en opción de gobierno; él debe explicar por qué merece una nueva oportunidad.

No son fortalezas ni debilidades menores. Son momentos políticos diferentes.

La derrota como aprendizaje o como carga

Todo candidato derrotado enfrenta una decisión: convertir la experiencia en aprendizaje o cargarla como una explicación permanente.

Mario Zamora ha sostenido que la elección de 2021 no se desarrolló en condiciones normales y ha denunciado la intervención de grupos criminales, intimidaciones, amenazas y privaciones de la libertad contra operadores y actores políticos. En 2026 volvió a colocar estos señalamientos en la conversación nacional y afirmó que en Sinaloa se habían cruzado líneas rojas entre la política y la delincuencia.

La denuncia es grave y forma parte de un debate que no debe minimizarse. La intervención criminal en los procesos electorales representa una amenaza directa para la democracia.

Sin embargo, desde el punto de vista político existe un riesgo: que toda la narrativa de Mario Zamora termine construida alrededor de la elección que perdió.

Explicar lo ocurrido en 2021 es necesario. Vivir políticamente en 2021 sería un error.

Los ciudadanos pueden escuchar sus argumentos, pero también querrán conocer qué hizo la oposición para corregir sus fallas, cómo piensa proteger una nueva elección, qué estructura ha construido desde entonces y qué propuesta ofrece para un estado cuya realidad ha cambiado profundamente.

La denuncia del pasado puede justificar una inconformidad. No sustituye al proyecto del futuro.

Mario Zamora necesita demostrar que la derrota le permitió comprender mejor a Sinaloa, reconocer errores propios y construir respuestas distintas. De lo contrario, sus adversarios podrán presentarlo como un candidato que busca revancha personal antes que una transformación colectiva.

Un segundo intento nunca puede ser igual al primero

En 2021, Mario Zamora fue candidato de una alianza integrada por PRI, PAN y PRD. Su campaña buscó combinar cercanía, experiencia y un discurso de continuidad con cambios. Pero compitió en un momento marcado por el enorme peso político del presidente Andrés Manuel López Obrador, el crecimiento de Morena y el desgaste acumulado por los gobiernos priistas.

Además, el PRI todavía cargaba con la responsabilidad de haber gobernado Sinaloa hasta ese momento. Aunque Quirino Ordaz Coppel mantenía niveles importantes de aprobación, existía una demanda nacional de alternancia y Morena consiguió presentarse como la fuerza capaz de producirla.

En 2027, el escenario sería distinto.

Mario Zamora ya no representaría al partido que entregaba el gobierno, sino a una oposición que busca recuperarlo. Morena tendría que defender sus resultados y responder por las condiciones de seguridad, economía, gobernabilidad y servicios públicos.

Ese cambio puede favorecerlo, pero no garantiza su crecimiento.

Una elección nunca se gana solamente porque el adversario se desgasta. También es necesario que la oposición inspire confianza. El voto de castigo puede reducir la ventaja del gobierno, pero para construir una mayoría se requiere una propuesta que despierte esperanza.

Si Mario Zamora pretende competir nuevamente, no puede utilizar la misma campaña con un contexto diferente. Necesita una nueva narrativa, nuevas alianzas, una relación distinta con la sociedad y probablemente un equipo que no reproduzca todos los esquemas de 2021.

La segunda oportunidad solamente tiene sentido cuando se presenta una versión mejorada del proyecto original.

El PRI: estructura necesaria y techo electoral

Mario Zamora pertenece a una generación formada dentro del PRI y no ha intentado ocultarlo. Esa militancia le proporciona estructura, relaciones, experiencia electoral y presencia municipal.

Pero el PRI también representa su principal límite.

El partido ha perdido gobiernos, militantes, recursos y capacidad territorial. Su marca enfrenta un rechazo acumulado que no desaparece con una buena campaña. En varios sectores de la sociedad, las siglas siguen vinculadas con corrupción, privilegios y prácticas del antiguo régimen.

Mario Zamora no puede competir sin el PRI, pero difícilmente podrá ganar solamente con el PRI.

En 2021 necesitó la suma del PAN y el PRD para alcanzar el 32.49 por ciento de la votación. Para una nueva candidatura necesitaría una coalición más amplia, capaz de atraer a Movimiento Ciudadano, organizaciones sociales, empresarios, productores, colectivos y ciudadanos sin militancia.

Él mismo ha planteado la creación de un frente amplio que trascienda a los partidos y ha dicho que estaría dispuesto a apoyar a quien se encuentre mejor posicionado para encabezarlo.

Esa disposición es políticamente correcta, pero deberá probarse cuando llegue el momento de las decisiones.

Construir un frente opositor significa compartir candidaturas, espacios, estrategia y poder. Implica aceptar que el PRI no puede pretender controlar toda la coalición solamente porque posee una estructura histórica.

Mario Zamora tendría que convertirse en articulador, no únicamente en beneficiario de la alianza.

Su relación con Alejandro Moreno

Como cualquier aspirante del PRI, Mario Zamora enfrenta el costo de la dirigencia nacional encabezada por Alejandro Moreno.

La conducción del partido ha provocado rupturas, inconformidades y cuestionamientos internos. Para una parte del priismo, Moreno representa firmeza frente al gobierno federal. Para otros sectores, simboliza un liderazgo que priorizó su permanencia y terminó reduciendo todavía más el espacio político del partido.

Mario Zamora necesita el respaldo institucional del PRI para construir una candidatura. Pero si su proyecto queda completamente asociado con Alejandro Moreno, tendrá dificultades para presentarse como cabeza de una oposición ciudadana y plural.

Su desafío consiste en mantener la disciplina partidista sin permitir que la dirigencia nacional defina todo su proyecto.

Una candidatura decidida únicamente desde la Ciudad de México podría otorgarle el registro, pero restarle legitimidad en Sinaloa. En cambio, una aspiración respaldada por sectores productivos, organizaciones civiles, partidos aliados y estructuras locales tendría una base política más sólida.

Debe demostrar que pertenece al PRI, pero que no es propiedad del PRI.

La “competencia” con Paloma Sánchez

La posible disputa entre Mario Zamora y Paloma Sánchez no sería solamente una competencia entre dos personas. Representaría una decisión sobre el tipo de oposición que el PRI desea construir.

Mario simboliza experiencia, conocimiento electoral, estructura, relaciones nacionales y una base de votos ya comprobada.

Paloma representa renovación generacional, comunicación, frescura, condición de mujer y la posibilidad de presentar un rostro distinto.

Uno ofrece certeza. La otra, novedad.

El problema para el PRI sería convertir esa diferencia en una confrontación que termine dividiendo aún más al partido. Lo inteligente sería aprovechar ambos perfiles dentro de una estrategia amplia.

Mario Zamora puede argumentar que ya conoce el territorio, que enfrentó una elección estatal y que posee experiencia suficiente para gobernar. Paloma Sánchez puede responder que la sociedad exige una nueva generación y que repetir candidaturas enviaría un mensaje de falta de renovación.

Ambos argumentos tienen validez.

La decisión no debería tomarse únicamente mediante acuerdos internos o cercanías con la dirigencia nacional. Tendría que considerar competitividad electoral, capacidad de alianza, nivel de rechazo, posibilidades de crecimiento y confianza ciudadana.

Mario Zamora parte con una ventaja importante: ya fue candidato y conserva reconocimiento estatal.

Pero también carga con una pregunta inevitable: si no pudo ganar en 2021, ¿qué ha cambiado para que pueda hacerlo en 2027?

Su viabilidad dependerá de la contundencia con la que responda.

El norte como fortaleza y el resto del estado como reto

Mario Zamora es originario de Ahome y su trayectoria ha mantenido una relación cercana con el norte de Sinaloa. Ahí posee conocimiento, redes personales y vínculos con sectores productivos.

Su experiencia en temas financieros y agropecuarios también puede conectarlo con productores de Ahome, Guasave, El Fuerte y otros municipios donde la agricultura enfrenta problemas de comercialización, costos, financiamiento, sequía y rentabilidad.

El campo puede convertirse en una de sus principales causas políticas. Pocos actores de oposición cuentan con su experiencia en financiamiento rural y relaciones con organizaciones agrícolas.

Pero una candidatura estatal exige equilibrio territorial.

Necesita fortalecer su identificación en Culiacán, consolidar presencia en Mazatlán y conectar con municipios del centro-sur donde las dinámicas económicas y sociales son diferentes.

No puede ser visto solamente como el candidato del norte, de los productores o de los sectores empresariales. Debe construir un mensaje para trabajadores urbanos, jóvenes, mujeres, comerciantes, pescadores, desplazados, víctimas de la violencia y familias sin relación directa con el sector agrícola.

El conocimiento sectorial es una fortaleza. El reto es convertirlo en visión integral de estado.

La economía como territorio natural

A diferencia de otros políticos que concentran su discurso en temas generales, Mario Zamora tiene condiciones para construir una agenda económica con mayor profundidad.

Su formación como economista y su experiencia en instituciones financieras pueden permitirle explicar cómo recuperar empleos, atraer inversiones, apoyar a las pequeñas empresas, fortalecer el campo y mejorar el acceso al crédito.

En un Sinaloa afectado por la violencia, la economía no puede separarse de la seguridad. Los cierres de negocios, la reducción del consumo, el desplazamiento de familias y la incertidumbre empresarial son consecuencias directas de la crisis.

Mario Zamora podría desarrollar una narrativa en la que la paz no se presente únicamente como ausencia de enfrentamientos, sino como condición para trabajar, invertir, producir y vivir.

Ese enfoque le permitiría diferenciarse.

Pero tendría que abandonar el lenguaje excesivamente técnico. La gente no se identifica con tasas, fondos o indicadores si estos no se traducen en emociones y condiciones cotidianas.

No basta decir que conoce la economía. Debe explicar cómo ese conocimiento permitirá que una familia tenga empleo, que un productor venda su cosecha, que un joven abra un negocio o que un comerciante deje de cerrar temprano por miedo.

La seguridad: el tema que definirá cualquier aspiración

Ningún perfil que pretenda gobernar Sinaloa puede evitar el tema de la seguridad.

Mario Zamora ha sido uno de los políticos que con mayor insistencia ha denunciado la relación entre violencia, crimen organizado y procesos electorales. También ha planteado la necesidad de construir un frente político y social para recuperar el estado.

Pero la denuncia debe evolucionar hacia una propuesta concreta.

¿Qué modelo de seguridad propone? ¿Cómo depuraría y fortalecería las policías? ¿Qué relación construiría con la Federación? ¿Cómo impediría la captura de instituciones municipales? ¿Qué haría frente a las desapariciones? ¿Cómo recuperaría comunidades desplazadas? ¿De qué manera protegería los procesos electorales?

Mario Zamora puede tener credibilidad para advertir sobre el problema, especialmente después de sus señalamientos sobre 2021. Pero para ser considerado una opción de gobierno necesita explicar cómo enfrentaría aquello que denuncia.

Su planteamiento sobre la legalización del cultivo de amapola con fines medicinales muestra disposición para debatir alternativas económicas en comunidades vinculadas históricamente con cultivos ilícitos. Es una propuesta polémica que requeriría regulación federal, controles sanitarios, viabilidad comercial y coordinación institucional.

Ese tipo de ideas puede abrir discusiones necesarias, pero no sustituye una estrategia integral de seguridad.

La paz no se construye con una sola propuesta. Requiere instituciones, inteligencia, justicia, prevención, desarrollo económico y confianza social.

La experiencia ejecutiva: una fortaleza incompleta

Mario Zamora conoce la administración pública y encabezó una institución financiera federal. Esa experiencia lo diferencia de perfiles exclusivamente legislativos.

Sin embargo, tampoco ha gobernado un municipio ni una entidad. No ha sido responsable directo de una corporación policial estatal, de un sistema de salud, de la administración de servicios públicos o de una crisis territorial de gran escala.

Eso significa que su experiencia ejecutiva existe, pero no equivale plenamente a haber gobernado.

Para compensar esa limitación necesitaría presentar un equipo con capacidad técnica y política, no solamente una lista de aliados partidistas. La sociedad tendría que conocer quiénes lo acompañarían en seguridad, economía, salud, educación, campo y administración pública.

Un proyecto de gobierno se vuelve creíble cuando deja de depender exclusivamente de la personalidad del candidato y comienza a mostrar capacidad colectiva.

Mario Zamora debe demostrar que no solamente sabe competir, sino que sabe integrar un gobierno.

Su estilo personal

Una de sus fortalezas es la capacidad de mostrarse accesible, conversador y cercano. No suele proyectar una imagen rígida ni excesivamente solemne. Puede hablar con empresarios, productores, militantes y ciudadanos sin cambiar completamente su personalidad.

Ese estilo le permitió durante 2021 construir una campaña dinámica y con presencia territorial.

Sin embargo, la cercanía también necesita autoridad.

En un estado atravesado por una crisis de seguridad, el electorado puede buscar un liderazgo empático, pero también firme. Mario Zamora tendría que equilibrar su imagen de político amable con la capacidad de tomar decisiones difíciles.

No necesita transformar su personalidad en una representación artificial de dureza. Requiere proyectar serenidad, conocimiento y determinación.

La autoridad no siempre se comunica elevando la voz. También se construye demostrando que existe un plan y la capacidad para ejecutarlo.

¿Revancha o responsabilidad?

Mario Zamora ha expresado abiertamente su interés por volver a competir por la gubernatura y en 2026 afirmó que desea encabezar un nuevo proyecto opositor.

La claridad en una aspiración es preferible a la simulación. No existe razón para ocultar un proyecto que resulta evidente.

Pero debe cuidar la motivación que transmite.

Si su candidatura se interpreta como revancha contra quienes lo derrotaron en 2021, su proyecto puede quedar atrapado en una disputa personal. Si se presenta como una responsabilidad frente a las condiciones actuales de Sinaloa, puede adquirir una dimensión social.

La diferencia se encuentra en el lenguaje, las alianzas y las prioridades.

La revancha habla del pasado. La responsabilidad propone una salida.

Mario Zamora necesita convencer de que no quiere ser gobernador para corregir una derrota personal, sino para enfrentar problemas que han crecido desde aquella elección.

Lo que tendría que cambiar

Mario Zamora ya tiene reconocimiento, experiencia, relaciones y una base electoral. No necesita inventarse como personaje político.

Lo que necesita es evolucionar.

Debe presentar una visión de Sinaloa que vaya más allá de sacar a Morena del gobierno. Necesita explicar qué modelo económico propone, cómo recuperaría la paz, qué relación mantendría con la Federación y cómo evitaría reproducir los errores de los antiguos gobiernos priistas.

También requiere abrir su proyecto a nuevas generaciones, mujeres, organizaciones sociales y ciudadanos sin partido. No puede rodearse exclusivamente de quienes participaron en su campaña de 2021.

Debe reconciliarse con sectores que no votaron por él, escuchar las razones de aquella derrota y reconocer que no todo se explica por factores externos.

La autocrítica sería una señal de madurez.

Los ciudadanos suelen desconfiar de los políticos que nunca admiten equivocaciones. Un aspirante que reconoce lo que pudo hacer mejor puede generar más confianza que uno que presenta cada derrota como producto exclusivo de una conspiración.

Una candidatura competitiva, pero no automática

Mario Zamora posee condiciones reales para volver a competir.

Tiene mayor conocimiento estatal que muchos aspirantes opositores, una votación previa considerable, experiencia legislativa, relaciones con sectores productivos y capacidad para encabezar una coalición.

Pero ninguna de esas fortalezas convierte su candidatura en inevitable.

Debe competir con Paloma Sánchez dentro del PRI, dialogar con el PAN, convencer a sectores de Movimiento Ciudadano y construir confianza entre ciudadanos que ya no se identifican con los partidos tradicionales.

También tendrá que enfrentar el argumento de la renovación. Algunos electores pueden considerar que una segunda candidatura representa experiencia; otros la verán como repetición.

La diferencia dependerá de la narrativa y del proyecto.

Si Mario Zamora se presenta como el mismo candidato de 2021 esperando un escenario más favorable, su crecimiento será limitado.

Si demuestra que aprendió, amplió sus alianzas, renovó su equipo y construyó una propuesta de paz y recuperación económica, puede convertirse en un contendiente mucho más competitivo.

La verdadera pregunta

Mario Zamora ya probó que puede ser candidato.

También demostró que puede reunir más de 350 mil votos, recorrer todo el estado y mantener vigencia después de una derrota.

Lo que todavía necesita demostrar es que puede transformar esa experiencia en mayoría.

Su proyecto enfrenta tres grandes límites: el desgaste del PRI, la sombra de la derrota de 2021 y la necesidad de construir una coalición que trascienda los acuerdos partidistas.

También posee tres activos importantes: experiencia, conocimiento territorial y una base electoral comprobada.

La política rara vez concede segundas oportunidades en condiciones idénticas. Cuando las concede, exige una explicación convincente.

Mario Zamora puede pedir nuevamente la confianza de los sinaloenses. Pero esta vez no bastará con decir que tenía razón sobre lo ocurrido.

Tendrá que demostrar que sabe qué hacer con el Sinaloa que encontró después.

JUN 30 2026

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio