
En la raya.
Guamúchil no es Tequila.
- ya basta de linchamientos.
- por: José Luis Lopez Duarte
Ahora sí que sí, como una jauría mediática, los diversos canales de televisión y medios digitales bajo el control de TV Azteca y Ricardo Salinas Pliego han desatado una campaña de linchamiento en contra del gobierno municipal de Salvador Alvarado. En esta cruzada destaca la figura de Jorge Fernández Menéndez, de ADN 40, quien, actuando a la manera de un Torquemada moderno, han equiparado sin rubor a este ayuntamiento con el municipio de Tequila, Jalisco, cuyo presidente municipal Diego Rivera Navarro está detenido por extorsión y vínculos con el CJNG. Tal comparación no solo es infame sino sumamente peligrosa, pues desacredita y expone injustamente a la presidenta municipal Guadalupe López González y a todo su equipo.
¿Y cuál es el pretexto para semejante embestida? La respuesta es tan simple como clarificadora: el ayuntamiento de Salvador Alvarado aplicó multas y cobros de impuestos a empresas como Telmex, Megacable y Totalplay, por la instalación irregular de cableado aéreo sobre la vía pública. Según el criterio del reglamento municipal de construcción y ordenamiento territorial, estas compañías ampliaron la instalación de fibra óptica sin contar con permisos adicionales, lo que convierte sus servicios en actividades irregulares desde la perspectiva local. El gobierno municipal no persigue caprichosamente ni extorsiona, mucho menos es cómplice de la delincuencia organizada, como se ha pretendido difundir sin ningún fundamento.
Lo que enfrentamos aquí es un abuso crónico de poder en manos de grandes monopolios que, durante décadas, han hecho y deshecho la infraestructura urbana de nuestras ciudades sin pagar un solo centavo a los municipios. Desde hace 30 años, la crisis de diciembre de 1994 sacudió los cimientos económicos del país y despertó movimientos de defensa popular como El Barzón y el Frente por Tarifas Justas en Sinaloa. Estos movimientos pusieron en el debate público la usura bancaria, las tarifas eléctricas abusivas y el dominio casi feudal de empresas como Telmex y Megacable, cuyas mañas impactaron directamente el bolsillo de millones de mexicanos.
Recordemos que Telmex fue vendida por una bicoca comparada con su valor real, y que Megacable siempre ha ofrecido un servicio deficiente a costos exorbitantes. Las luchas de esos años fueron heroicas: lograron frenar desalojos masivos, impedir suicidios desesperados y obtener tarifas eléctricas justas, éxitos que evidencian el poder de la organización social frente a intereses monopólicos. Sin embargo, en el caso de TELMEX y MEGACABLE las estructuras de poder político y económico detrás de estas empresas permanecieron intactas, invisibles y arrogantes ante cualquier intento serio de regulación o tributación municipal.
Por ello, la actual determinación del gobierno de Salvador Alvarado, encabezado por Guadalupe López González, debe ser vista con respeto y respaldo. No es una persecución injustificada, sino un acto legítimo de soberanía municipal y defensa del interés público. El Congreso de Sinaloa tiene la obligación ética y política de apoyar esta tarea y la gobernadora Yeraldin Bonilla debe sumarse con firmeza a la causa de quienes intentan imponer la ley frente a los piratas modernos del consumo social.
No podemos permitir que estos “Torquemadas” empresariales, disfrazados de víctimas, linchen a las autoridades que osan hacer cumplir las normas. Esta batalla va más allá de Salvador Alvarado; pone en el centro la redistribución justa de cargas fiscales y la dignidad de nuestros municipios, que hoy más que nunca son los eslabones más vulnerables frente al abandono estatal y federal. La discusión debe darse abierta y con argumentos, no con campañas infames que solo buscan proteger privilegios inaceptables.
Que no nos deslumbren los reflectores ni nos amedrente el poder mediático. Es hora de apoyar a quienes defienden el espacio público, la legalidad y, en definitiva, el futuro y bienestar de la ciudadanía. Salvador Alvarado y su presidenta merecen no sólo nuestro respaldo, sino también un reconocimiento por enfrentar, cuando pocos lo hacen, a los gigantes monopólicos que llevan demasiado tiempo devorando lo que es de todos.
