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Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga

“No existe ningún hombre que si puede ganar el máximo se conforme con el mínimo”, Friedrich Schiller (1759-1805) Poeta y dramaturgo alemán

RICHARD MILLÁN ¿VACÍO DE PODER?

 En política no siempre pierde quien deja un partido. Tampoco siempre gana quien conserva las siglas. Hay ocasiones en que una ruptura obliga a replantear el tablero completo y ese parece ser el momento que vive hoy Richard Millán.

Hace apenas unos meses, el joven alcalde de Elota era considerado uno de los activos políticos más importantes de Movimiento Ciudadano en Sinaloa. No era una percepción gratuita. Había construido un perfil distinto al del político tradicional, aprovechando las herramientas de comunicación que ofrecen las redes sociales para colocar a un municipio que históricamente había permanecido lejos de los grandes reflectores estatales.

Su triunfo en 2024 tampoco fue cualquier victoria. Con apenas 37 votos de diferencia consiguió arrebatarle la presidencia municipal a las fuerzas tradicionales y darle a Movimiento Ciudadano un gobierno que rápidamente comenzó a ser visto como uno de sus principales escaparates en Sinaloa.

Desde entonces, Richard Millán entendió que gobernar también implicaba comunicar. Mientras otros alcaldes se limitaban al boletín institucional, él convirtió cada actividad en una oportunidad para posicionar su administración. Para algunos, una estrategia moderna; para otros, un exceso de protagonismo. Pero en política existe una realidad difícil de debatir: quien logra mantenerse en la conversación pública comienza a construir un activo que ningún presupuesto puede comprar.

Por eso no resultó extraño que, conforme avanzaba su administración, su nombre apareciera entre los perfiles que Movimiento Ciudadano podría impulsar rumbo a las elecciones de 2027. Era joven, tenía presencia mediática, gobernaba uno de los municipios importantes de la zona centro-sur del estado y, sobre todo, comenzaba a construir una identidad política propia.

Sin embargo, la política también se mueve en los terrenos de las diferencias.

Las discrepancias ideológicas y de visión con la dirigencia estatal encabezada por Sergio Esquer Peiro terminaron por fracturar una relación que parecía destinada a consolidarse. Lo que pudo resolverse como un debate interno evolucionó hasta convertirse en un distanciamiento político que hoy, en los hechos, deja a Richard Millán sin el respaldo del partido que lo llevó al poder.

Y esa circunstancia cambia completamente el panorama.

Porque una cosa es tener posicionamiento y otra muy distinta contar con una estructura política que impulse una candidatura. En el sistema de partidos mexicano, ambos elementos suelen caminar juntos. Cuando uno desaparece, el otro comienza a enfrentar su prueba más difícil.

Eso no significa que Richard Millán haya dejado de ser un actor político relevante.

Por el contrario. Sigue siendo uno de los alcaldes más visibles de Sinaloa y, probablemente, uno de los presidentes municipales jóvenes con mayor nivel de conocimiento entre la opinión pública estatal. Su estilo podrá gustar o no, pero difícilmente pasa desapercibido.

Y ahí radica quizá la mayor paradoja de este momento político.

Movimiento Ciudadano parece perder al perfil que mayor presencia pública había logrado construir desde una alcaldía, mientras Richard Millán pierde la plataforma partidista que podía proyectarlo hacia una candidatura de mayor dimensión. No hay vencedores claros en esta historia; hay costos políticos para ambas partes.

Para el partido, porque formar liderazgos competitivos no es una tarea sencilla. Requiere tiempo, exposición y resultados. Cuando finalmente aparece uno, romper esa relación también implica renunciar a una parte del crecimiento construido.

Para Richard Millán, porque la política moderna sigue dependiendo, en buena medida, de las estructuras partidistas. El capital político personal abre puertas, pero difícilmente basta para competir sin una organización que respalde un proyecto electoral.

Aun así, sería un error considerar que su carrera política ha llegado a un punto final.

La historia reciente de Sinaloa demuestra que los liderazgos no siempre permanecen donde nacieron. Los cambios de partido, las nuevas alianzas y los reacomodos han sido una constante en prácticamente todas las fuerzas políticas. Quien hoy parece aislado puede convertirse mañana en una pieza estratégica para otro proyecto.

Por eso quizá la pregunta correcta no sea si Richard Millán tiene futuro político.

La verdadera interrogante es dónde se encuentra ese futuro.

Los próximos meses serán determinantes. La segunda mitad de su administración será observada con mayor atención que la primera. Ya no bastará con mantener presencia en redes sociales o conservar una imagen fresca. La exigencia será entregar resultados, consolidar obras, fortalecer los servicios públicos y demostrar que detrás del estilo existe capacidad de gobierno.

Porque al final, los ciudadanos terminan evaluando mucho más que una estrategia de comunicación.

Evaluan si hubo agua potable, si mejoraron las calles, si llegaron inversiones, si crecieron las oportunidades y si el municipio avanzó.

Si Richard Millán logra cerrar bien su administración, difícilmente desaparecerá del escenario político rumbo a 2027, aun cuando el camino ya no pase por Movimiento Ciudadano.

Y quizá esa sea la mayor lección de este episodio.

Los partidos construyen candidaturas.

Los gobiernos construyen liderazgos.

Richard Millán parece haber perdido uno de esos dos pilares. La incógnita es si durante los meses que restan de su gobierno será capaz de fortalecer el otro.

Porque en política, los proyectos pocas veces terminan cuando cambia el partido. Lo que realmente los define es la capacidad de reinventarse cuando el tablero obliga a mover una pieza inesperada.

ENFOQUES

En política, los tiempos importan tanto como las decisiones. Hay quienes esperan hasta el último momento para mostrar sus aspiraciones y quienes optan por hacerlo con suficiente anticipación para comenzar a construir una narrativa. Carlos Escobar eligió el segundo camino.

Su anuncio de buscar la Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en Mazatlán no representa únicamente el inicio de una aspiración personal; significa la incorporación formal de un nuevo contendiente a una competencia interna que, conforme avancen los meses, promete convertirse en una de las más disputadas de Morena en Sinaloa.

Aunque el proceso estatal apenas comienza con la definición de la coordinación para la gubernatura, Escobar decidió enviar un mensaje claro: quiere ser parte de la ruta que conduzca a la candidatura por la presidencia municipal de Mazatlán en 2027.

No es un movimiento improvisado.

En Morena, la figura de los coordinadores de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación se ha convertido en el primer filtro para quienes aspiran a un cargo de elección popular. Más que un nombramiento administrativo, representa el inicio de un proceso político donde los perfiles comienzan a medirse en territorio, estructura y capacidad de organización. Carlos Escobar lo sabe.

Por ello, antes de hablar de una candidatura, habla de la coordinación municipal. Comprende que la competencia interna tiene reglas propias y que el primer paso consiste en ganar la confianza de la militancia y de quienes tendrán la responsabilidad de evaluar los perfiles.

Pero quizá la declaración más significativa no fue su aspiración municipal. Fue su respaldo abierto a la senadora con licencia Imelda Castro para encabezar la coordinación estatal de Morena. En política, las definiciones públicas casi nunca son gratuitas.

Al expresar que considera a Imelda Castro como el perfil más capacitado para conducir los trabajos del movimiento en Sinaloa, Carlos Escobar también deja entrever con qué visión política pretende caminar durante este proceso interno. En un partido donde convergen distintos liderazgos y grupos de influencia, tomar posición también implica asumir riesgos.

No significa necesariamente un rompimiento con otros actores del partido, pero sí establece una identidad política que, dependiendo del desenlace del proceso estatal, puede fortalecer o complicar futuras negociaciones.

Otro aspecto que llama la atención es la narrativa que el diputado eligió para presentar su aspiración. No habló de encuestas. No habló de popularidad. No habló de adversarios.

Prefirió centrar su discurso en una trayectoria personal que, asegura, ha estado construida sobre el trabajo y el esfuerzo.

Al recordar la historia de su familia en Mazatlán y afirmar que cuenta con una hoja limpia dentro del servicio público, intenta posicionar un atributo que, en cualquier proceso electoral, suele convertirse en una ventaja: la confianza.

Es una estrategia distinta.

Mientras otros perfiles buscan destacar por su capacidad de movilización o por el respaldo de determinados grupos políticos, Escobar apuesta a construir una candidatura basada en la credibilidad personal y en la cercanía con la ciudadanía.

Sin embargo, el camino hacia la candidatura está lejos de ser sencillo.

Mazatlán es, probablemente, uno de los municipios donde Morena enfrentará una de las competencias internas más complejas rumbo a 2027. No sólo por el peso político y económico del puerto, sino porque existen diversos actores que desde hace tiempo realizan trabajo territorial y mantienen aspiraciones legítimas para encabezar el proyecto municipal.

La competencia apenas comienza. Y precisamente por ello, cada declaración, cada posicionamiento y cada respaldo adquieren una relevancia especial. Incluso su afirmación de que Morena no enfrentará un voto de castigo por la situación de inseguridad que vive Sinaloa forma parte de esa estrategia política. Más allá de una opinión personal, representa una defensa de la narrativa institucional del movimiento, convencido de que los resultados de gobierno serán suficientes para mantener el respaldo ciudadano.

Será la ciudadanía quien termine validando o rechazando esa percepción cuando llegue el momento de las urnas. Por ahora, lo que resulta evidente es que Carlos Escobar decidió dejar de esperar. Su destape modifica el escenario interno de Morena en Mazatlán porque obliga al resto de los aspirantes a comenzar también la construcción pública de sus proyectos.

Las candidaturas no se definen hoy. Ni siquiera comenzarán a definirse en septiembre. Pero la política tiene una característica invariable: quien permanece inmóvil mientras los demás avanzan suele llegar tarde a la competencia.

Carlos Escobar entendió esa lógica y decidió dar el primer paso. Ahora viene la parte más complicada. Convertir una aspiración legítima en un proyecto competitivo. Porque en Morena, como en cualquier partido con amplias posibilidades de triunfo, levantar la mano es apenas el inicio.

Lo verdaderamente difícil será convencer a la estructura, a la militancia y, llegado el momento, a una ciudadanía que observará con atención quién ofrece el mejor perfil para gobernar el principal destino turístico de Sinaloa.

La carrera por Mazatlán ya comenzó. Y todo indica que apenas estamos viendo los primeros movimientos de un tablero que todavía guarda muchas piezas por descubrir.

TIRO DERECHO

En política existen personajes que construyen su carrera desde la exposición pública y otros que prefieren trabajar lejos de los reflectores. Francisco “Paco” Vega Meza pertenece a este último grupo. Su nombre quizá no aparece con frecuencia en las primeras planas, pero dentro de la clase política sinaloense es identificado como uno de los operadores con mayor experiencia en organización, estructura y estrategia electoral.

Su trayectoria habla por sí sola. Fue dirigente de sectores del PRI, diputado local, delegado partidista, coordinador de campañas y funcionario estatal. Cada una de esas responsabilidades le permitió conocer de cerca la operación política, desde la integración de estructuras hasta la construcción de acuerdos y la movilización territorial.

Esa experiencia explica por qué su incorporación al Partido Verde Ecologista de México no puede verse únicamente como un cambio de camiseta.

El PVEM atraviesa una etapa distinta. Ha dejado de conformarse con ser un partido que acompaña proyectos políticos para comenzar a construir una identidad propia en Sinaloa. Para lograrlo necesita algo más que figuras mediáticas; requiere perfiles capaces de organizar, formar cuadros y consolidar estructuras competitivas. En ese escenario, Paco Vega encaja como una pieza que aporta experiencia y conocimiento.

Su fortaleza no está en el discurso ni en la confrontación política. Está en entender cómo funciona una campaña desde adentro, cómo se construyen equipos y cómo se mantiene comunicación con los distintos actores que intervienen en un proceso electoral. Son cualidades que pocas veces generan titulares, pero que suelen marcar diferencias cuando llegan las elecciones.

Sin embargo, el reto tampoco es menor.

Gran parte de su carrera se desarrolló bajo las siglas del PRI, un partido con una cultura política distinta a la que hoy intenta consolidar el Partido Verde. Adaptarse a una nueva dinámica, construir confianza entre la militancia y demostrar que su experiencia puede traducirse en resultados bajo una nueva plataforma será parte de su desafío rumbo a 2027.

Otro aspecto que no debe perderse de vista es el momento político en que ocurre su llegada. El Verde ha comenzado a incorporar perfiles con experiencia en la administración pública y en la operación electoral, enviando una señal clara de que pretende fortalecer su estructura y competir con mayor peso específico dentro de la coalición gobernante. En ese contexto, la incorporación de Paco Vega parece responder más a una estrategia de largo plazo que a una decisión coyuntural.

Quizá no sea un político de grandes discursos ni de constante exposición mediática, pero la política también se construye desde el trabajo silencioso. Y es precisamente ahí donde Francisco Vega ha desarrollado la mayor parte de su carrera.

Porque al final, las elecciones no sólo las ganan los candidatos. También las ganan quienes saben construir el camino para llegar a ellas.

JUN 23 2026

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio