
Agenda Política
Hasta 50 mil pesos
A restaurantes, por
Tener el Mundial
= Solo dos o tres pudieron hacerlo, aquí en Culiacán
= Frustrados, regresaron a casa la mayoría de los aficionados
= Incalificable la voracidad de la FIFA
= De plano, un mundial para millonarios, en todo sentido
= ¿Y la selección nacional? Pues…bien; en su estado natural
Jorge Luis Telles Salazar
De la sorpresa, pasaron a la indignación, luego al disgusto y finalmente a la resignación.
En efecto, cuatro sentimientos en uno, los que aquejaron a los potenciales clientes que llegaron la mañana de este jueves a los restaurantes más demandados de la ciudad, en demanda de mesas para saborear el desayuno y al mismo tiempo disfrutar de la ceremonia inaugural del campeonato mundial de futbol México-2026, así como del primer partido del torneo entre nuestra selección nacional y su similar de Sudáfrica.
La sorpresa, cuando se percataron de que los desayunaderos estaban prácticamente vacíos, un par de horas antes del inicio del evento y los televisores sintonizados en cualquier otro canal, menos a través de los que supuestamente transmitirían tanto el acto de apertura como el primer duelo del torneo.
La indignación al enterarse de la causa: “para tener los juegos, era necesario establecer un contrato con las distintas empresas de televisión, bajo las reglas de la FIFA”. Esto representaba una erogación del orden de los 50 mil pesos, por unidad, cantidad impagable para la mayoría de los restaurantes de nuestra ciudad, sumergidos en una crisis sin precedente ante el acentuado descenso de la clientela regular y extraordinaria, en los dos últimos años.
Disgusto al saberse presas de la incalificable voracidad de la FIFA al tomar medidas de esta naturaleza, diametralmente opuestas a las políticas aplicadas en mundiales pasados, cuando los restaurantes competían entre sí con calidad y servicio, como argumentos, además sin problemas de ninguna clase con la transmisión de los partidos.
Y resignación porque, ante el reducido número de establecimientos que si ofrecieron el servicio en la ciudad -uno de ellos el “Mar and Sea” – optaron mejor por regresar a casa, ante la premura del tiempo. No solo faltaba ya escasa media hora para el arranque del programa, sino que se carecía de una información veraz tocante a los negocios que si tendrían el mundial.
A esto hay que agregarle las restricciones impuestas por la FIFA a la televisión mexicana, incluso a TELEVISA a la que no se le permitió la transmisión integral de la ceremonia inaugural a través de TV abierta y se le limitó a un reducido número de juegos, exclusivos a los nuevos esquemas de televisión, que vendieron la totalidad de los partidos a precios estratosféricos, lo que representó una sangría adicional para los amantes de este deporte.
Justificados entonces los cuatro sentimientos en uno, los que se pueden englobar en uno medular: un marcado encabronamiento general.
Ya nos lo habían advertido; pero no lo creímos.
Ahora si sabemos, sin sombra de dudas, que la voracidad de la FIFA, sumada a las dudas de su integridad -hay que ver la película México 86 -, no conoce limite alguno. Han hecho del futbol mundial un negocio descomunal que ya creció a parámetros insospechados y que todavía irá por más en mundiales venideros.
Así de sencillo.
-0-
Y bueno.
No se si fue mi percepción personal, o que el audio era sumamente deficiente; pero, además de chutarnos una ceremonia inaugural de muy pobre nivel -inadmisible para la fama de que goza México en estos evento – el ambiente en el estadio “Ciudad de México” me pareció por debajo del que suele experimentarse en acontecimientos de esta naturaleza.
Ni por asomo el sentimiento de patriotismo, el calor humano y la euforia de los mundiales de México-70 y México-86.
Y la verdad es que no podía ser de otra manera.
Esa gente, la que ha sobrevivido de entonces a la fecha, se quedó fuera del estadio. Y no cerca, precisamente, sino a muchos kilómetros de distancia del originalmente llamado coso de Santa Ursula. Si bien, a uno de los fan fest instalados en distintos puntos de la capital y de otras ciudades del país.
Adentro -86 mil personas, según el dato oficial – solo aquellos que tuvieron la capacidad económica suficiente como para cubrir un boleto de 50 mil pesos o más, en las áreas mas alejadas del centro de la cancha. Gente que si pagó, básicamente para tomarse la foto y presumirla a través de sus redes sociales; pero gente incapaz de organizar una ola, de cantar el cielito lindo, de gritar “hulero” o de vestirse como Moctezuma, el chavo del Ocho, el Chapulín Colorado o Blue Demon. Si sucedió, no se vio por ningún lado en la transmisión, a menos que también habría que pagar para ello.
Quienes lo hicieron en años anteriores, en época reciente, en el mundial 86 o en el ya lejanísimo Mundial 70, no pudieron ahora estar en el estadio.
Porque no pudieron pagar 50 mil pesos por su boleto de entrada.
Solo por eso.
El mundial dejo de ser un evento del pueblo y para el pueblo. México 2026 se convirtió en un mundial para acaudalados y super millonarios. Solo ellos pueden permitirse desembolsos de esa naturaleza, sin colapsar finanzas personales y hasta patrimonio familiar.
Así de sencillo, amigos míos.
-0-
Bien.
En la otra arista del tema, ya en lo futbolero, México, sin ofrecer un gran partido ni mucho menos, derrotó a Sudáfrica 2 goles contra 0 y se colocó a solo un punto de sellar su calificación a la ronda de dieciseisavos de final. Si el marcador hubiese sido más amplio -que si estuvo cerca de ello – prácticamente ya hablaríamos de un avance a la siguiente fase, puesto que se integrarán a la misma los ocho mejores terceros lugares que surgirán de entre los 12 grupos en lista.
Un empate, entonces, le bastará a México, el cual tendrá que obtener ya sea ante Corea del Sur o Chequia, la antigua republica comunista de Checoslovaquia; la de la Vera Caslavska, de 1968.
Por lo pronto, México es líder de su grupo, finalizada su primera jornada.
México y Corea -que le ganó 2-1 a Chequia – comparten el primer sitio; pero el tri supera a los coreanos en diferencia de goles.
Buenas noticias, de entrada, luego de un partido malo. Apenas aceptable.
Dio la impresión, de entrada, de que México contaba con los recursos necesarios para fabricar una goleada; pero no fue así. Lejos de eso, tras el 1-0, las huestes de Javier Aguirre arriaron banderas y dejaron la iniciativa a los sudafricanos que si no empataron fue por lo rudimentario de su futbol.
En suma, un 2-0 que es bueno, que da esperanzas de una calificación y que fortalece las aspiraciones de un quinto partido para México.
Salvo su mejor opinión, amigo lector.
-0-
