
¿Quién paga la luz y quién recibe la claridad?
Vianey Contreras
En Salvador Alvarado, donde la actividad comercial es más intensa y los hogares dependen del consumo constante, los reclamos por cobros excesivos de electricidad se han convertido en un ritual mensual. Usuarios denuncian que los medidores no reflejan la realidad de su consumo, mientras la Comisión Federal de Electricidad insiste en su precisión. En Mocorito, la historia es otra: menos consumo, pero igual incertidumbre. En comunidades con apenas un poste para varias casas, los habitantes pagan cuotas fijas que rara vez se ajustan a lo que realmente utilizan. Irónicamente, quienes menos gastan, terminan pagando más proporcionalmente.
Las comunidades rurales de ambos municipios comparten una misma batalla: electrificación sin calidad. En las sindicaturas más alejadas de Mocorito, los postes están, pero la energía apenas llega; luces que parpadean como recordatorio de que la marginación también viaja por cables. En Salvador Alvarado, aunque hay mayor cobertura, muchos asentamientos irregulares viven conectados con cables improvisados que ponen en riesgo vidas y patrimonio. Electrificar es más que llevar corriente: es garantizar seguridad, medición justa, acceso digno y desarrollo comunitario..
Mientras Salvador Alvarado discute cómo mejorar la calidad del servicio, Mocorito aún lucha por conseguir lo básico. Los medidores precisos no deben ser un lujo de zonas urbanas, sino herramientas para construir justicia energética.