Siete cosas que un político debe evitar

Guadalupe Robles

  1. La vulgaridad. El político encarna una representación social. Debe por ello guardar un comportamiento decoroso. Cuidar su lenguaje, sus gestos y sus actitudes. No comportarse con vulgaridad ante ninguna circunstancia. No ser un patán ni conducirse con majadería ante la pregunta incómoda, el cuestionamiento ciudadano o la crítica de sus adversarios.
  2. El cinismo. La falta de vergüenza es uno de los pilares fundamentales del cinismo. El político no puede alardear de sus errores ni hacer ver que no le importa lo que se diga de él y sus acciones. Tampoco vanagloriarse de sus actitudes obscenas. Ni ser un descarado cuando se le cuestiona su comportamiento.
  3. El victimismo. Un político serio debe saber dar la cara. Enfrentar las consecuencias de sus actos. No inventar enemigos imaginarios y echarles la culpa de todo lo que le pasa. El victimismo ha cobrado relevancia como método de defensa de la política. Pero hace ver al político medroso, sin valentía para enfrentar sus circunstancias.
  4. El resentimiento. La política sirve como plato de venganzas. El ser humano guarda resentimientos de su pasado y de sus circunstancias. Pero este no debe influir en su desempeño como servidor público. El político resentido nunca verá con objetivada la realidad que lo rodea. Siempre buscará revanchas ante los otros o ante sus circunstancias.
  5. La indolencia. Un político debe ser un ser empático. Ponerse en el lugar del gobernado y actuar de acuerdo con ello. La indolencia es ausencia de esfuerzo y preocupación por lo que le pasa a los demás. Es un alejamiento frío del dolor ajeno. El poder aísla al político de la gente.
  6. La ostentación. Nunca renuncie e vestir con decoro pues es una forma de respeto a quien representa. Pero aléjese de la ostentación, porque esa ofende. No se deje llevar por la vanidad o por el glamour. Evite la ropa de marca o los relojes ostentosos. Recuerde que todo exceso en el vestir, es falta de clase.
  7. La cobardía. No tire la piedra para luego esconder la mano, como dice el refrán. Enfrente a sus adversarios sin titubeos. No eche la culpa a otros de sus actos. Acepte de vez en cuando que se equivoca o comete algún error. ¿Quién se cree el político para no reconocer sus yerros?

Por elpiripituchi

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