
Selene Ojeda
Guamúchil, Sinaloa.- Subir por las noches o madrugadas al segundo piso del mercado municipal nuevo para encontrarse con los puestos de venta de menudo, principalmente, y probar el platillo hecho a base de maíz con el sazón de las cocineras que ahí tenían sus restaurantes, era una costumbre casi obligada de todo el pueblo alvaradense y visitantes.
Durante muchos años, las famosas menuderías recibieron a cientos de comensales que llegaban en carros o a pie a degustar el menudo caliente, tradición que en la actualidad ya no existe.
Ahí, la gente de todas las edades convivía sanamente, sentados en las mesas con manteles de plástico, donde las señoras servían las órdenes del menudo.
Rosa Imelda Cuadras Bojórquez, una de las primeras periodistas de esta región, expresó sobre los negocios de venta del delicioso menudo, “sin duda, el lugar de reencuentro después de los vistosos y concurridos bailes de Carnaval, desde el primer cómputo hasta el martes carnestolendo”.
Ahí no había distingos de clases sociales, -recuerda Rosy Cuadras-, llegaban personas ataviadas con las mejores galas coronando un día de celebración en la parte alta del mercado.
Cuando los clientes subían las escaleras y eran vistos por las señoras comerciantes, de inmediato iniciaban las clásicas frases “pásele, pásele por acá, lo tengo gordo, calientito, tengo callo”, esta era una manera muy peculiar de disputarse al cliente, agregó la experiodista.
“Y el que no pedía menudo, era la tradicional machaca con frijolitos, queso y chiles ‘chilpitín’ como antes les decíamos”.
A esas clásicas menuderías que eran parte de la tradición del pueblo, acudieron desde alcaldes hasta el más reconocido profesionista, sin distingos, aseguró Cuadras Bojórquez.
Ir a comer menudo era parte del encanto nocturno de Guamúchil, ya que Carnaval, graduaciones, bodas, bailes, todo terminaba en ese sitio o continuaban las fiestas. “Además, ideal para evitar las crudas”.
Hoy en día, las escaleras al segundo piso, están cerradas con rejas y candados, ya no está libre el acceso, en la parte alta, hay solo ruinas, mal olor, poca luz, y muchos recuerdos guardados.
Es un sitio amplio completamente desmantelado, el piso se encuentra sucio, los espacios donde estaban los puestos solo conservan el mosaico, las huellas donde estaban instaladas las llaves de agua y fregaderos.
Al parecer, ya nadie se preocupó por rescatar el emblemático sitio, es más, ni siquiera por mantenerlo limpio para evitar que se críen animales de todo tipo, sin embargo, en cada rincón del segundo piso del mercado, hay un recuerdo, una anécdota y toda una tradición perdida.
¿Qué anécdotas recuerda usted, con que señora iba?
Selene Ojeda
