Por Alfredo Inzunza.

Wall Street está a punto de enfrentar una pregunta incómoda: ¿cuánto debe valer una empresa cuyo mayor activo no es lo que gana hoy, sino lo que promete transformar mañana? Anthropic, creadora de Claude, presentó el 26 de octubre su registro S-1 ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), buscando cotizar en Nasdaq bajo la clave ANT. La operación podría celebrarse en noviembre y convertirse en la mayor salida a bolsa de la historia.

De empresa privada a propiedad pública.

Una Oferta Pública Inicial (OPI), conocida en inglés como Initial Public Offering (IPO), ocurre cuando una empresa vende acciones al público por primera vez. Además de captar recursos para financiar su crecimiento, permite a inversionistas adquirir una participación y proporciona un precio de mercado a un negocio anteriormente privado.

Para concretarla, la compañía presenta información financiera y riesgos ante la SEC; después, bancos colocadores sondean la demanda de fondos institucionales mediante un proceso de formación del libro de órdenes, o book building. Finalmente, negocian con la emisora el precio por acción. La capitalización bursátil resulta de multiplicar ese precio por el número total de acciones.

En Anthropic todavía no existe un precio definitivo: el S-1 dejó en blanco la cantidad de acciones y su rango de colocación. Los hasta 100,000 millones de dólares que podría captar y la valuación de entre 1.5 y 2 billones de dólares son estimaciones, no cifras aprobadas.

El precio de un futuro que todavía no existe.

¿Cómo justificar semejante valuación? Tradicionalmente, el análisis fundamental ha recurrido a utilidades, múltiplos precio-beneficio, activos y flujos de efectivo descontados: calcular cuánto dinero producirá una empresa y traerlo a valor presente considerando el riesgo.

Esos principios no desaparecieron. Lo extraordinario es el peso adquirido por las expectativas lejanas. Reuters reveló que banqueros e inversionistas están empleando múltiplos de valor empresarial sobre ingresos proyectados para 2028, año en que Anthropic podría facturar entre 190,000 y 200,000 millones de dólares.

Si el mercado asignara un valor empresarial cercano a 2 billones, equivaldría a unas diez veces esas ventas futuras. Pero se trata de una proyección ambiciosa y de una comparación ilustrativa: el valor de la empresa y el valor de sus acciones difieren según deuda y efectivo. Los analistas también utilizan referencias como Palantir, Cloudflare y SpaceX.

La realidad contable impone cautela. Anthropic declaró ingresos de 16,286 millones de dólares durante el primer semestre de 2026 y una pérdida neta de 80,748 millones. Sin embargo, presentar esa pérdida como dinero quemado sería engañoso: 72,388 millones correspondieron a cambios contables en la valuación de instrumentos convertibles. La pérdida operativa fue de 693 millones.

SpaceX y la nueva arquitectura del valor.

El antecedente más cercano es SpaceX. En junio salió a bolsa a 135 dólares por acción, captó 75,000 millones y recibió una valuación inicial cercana a 1.77 billones de dólares, pese a registrar pérdidas. Los inversionistas no compraron únicamente lanzamientos espaciales: pagaron por Starlink, infraestructura orbital, ventajas tecnológicas y proyectos todavía sujetos a ejecución.

Anthropic representa una apuesta semejante, aunque en otra industria. En vez de privilegiar la rentabilidad presente, el mercado intenta anticipar quién controlará la infraestructura, los clientes y la productividad de la inteligencia artificial. No es que antes nadie valorara crecimiento; lo novedoso es la magnitud del capital y la distancia temporal de las promesas.

Una factura que también crece.

El prospecto contempla compromisos de hasta 120,500 millones de dólares con SpaceXAI para capacidad informática y al menos 114,500 millones con Google hasta 2033. Son compromisos en distintos plazos, no gastos ya realizados; aun así, muestran cuánto cuesta competir.

Anthropic advierte que su expansión podría desacelerarse, necesitar financiamiento adicional y no pagar dividendos próximamente. Además, reconoce riesgos graves asociados con sistemas avanzados de inteligencia artificial. El inversionista asumiría, por tanto, incertidumbre financiera y tecnológica.

Su estructura también resulta peculiar: los siete fundadores conservarían 50.1% del poder de voto, mientras que la compañía destinó acciones equivalentes al 5% de su capital diluido al Anthropic Public Benefit Fund, orientado a iniciativas de beneficio público.

La interrogante fundamental no consiste en saber si la inteligencia artificial transformará la economía, sino quién capturará sus beneficios y cuánto costará conseguirlo.

Las valuaciones de Anthropic y SpaceX reflejan un capitalismo que cotiza posibilidades futuras como si fueran certezas presentes. Cuando las expectativas se cumplen, aparecen gigantes. Cuando fallan, también lo hace el precio de sus acciones.

La tecnología puede cambiar el mundo. Pero ni siquiera la inteligencia artificial puede abolir el valor del dinero en el tiempo.

Por elpiripituchi

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