Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“Nuestra mayor gloria no es no caer nunca, sino levantarnos cada vez que caemos”, Confucio, (551 – 479 a. C.)
ESCAPARATES
La propuesta de realizar un debate entre los aspirantes de Morena a la presidencia municipal de Culiacán ha abierto una discusión interesante, no solamente por la posibilidad de confrontar proyectos, sino por las verdaderas motivaciones políticas que pueden existir detrás de la iniciativa.
Alonso Ramírez Reyes fue quien colocó el tema sobre la mesa al convocar a Tere Guerra, Merary Villegas, Jesús Ibarra, Serapio Vargas y Rubén Miranda a un encuentro público para discutir sus propuestas. La respuesta de la dirigencia estatal, encabezada por Édgar Barraza Castillo, fue que ese ejercicio no está contemplado en la convocatoria interna.
Hasta ahí, dos posiciones legítimas. Una que plantea abrir espacios de discusión y otra que defiende las reglas establecidas para seleccionar a quien encabezará la coordinación municipal de la Cuarta Transformación.
Pero la política rara vez se limita a lo que dicen sus protagonistas.
Un debate puede representar una oportunidad para elevar el nivel de la competencia interna. Culiacán enfrenta problemas de seguridad, movilidad, servicios públicos, recuperación económica y confianza institucional que requieren algo más que recorridos territoriales, fotografías con simpatizantes y declaraciones sobre la unidad partidista.
Quienes aspiran a gobernar la capital sinaloense deberían tener la capacidad de explicar cómo enfrentarían esos desafíos, de dónde obtendrían los recursos y qué resultados podrían comprometerse a entregar.
Desde esa perspectiva, la propuesta de Alonso Ramírez tiene un elemento positivo: colocar las ideas por encima de la simple promoción de aspiraciones personales.
Sin embargo, también existe otra lectura.
En una competencia donde algunos participantes cuentan con mayor trayectoria, reconocimiento público y estructuras políticas, un debate puede convertirse en una herramienta para que los perfiles menos posicionados obtengan visibilidad frente a sus competidores.
Y eso no es necesariamente incorrecto. Buscar posicionamiento forma parte de cualquier aspiración política. El problema aparece cuando el objetivo principal deja de ser discutir soluciones y se convierte en conseguir reflectores, provocar declaraciones o colocar a los adversarios en una situación incómoda.
La pregunta entonces resulta inevitable: ¿Alonso Ramírez busca realmente un intercambio de propuestas o pretende aprovechar la presencia de figuras más conocidas para fortalecer su propia proyección?
No hay elementos suficientes para afirmar que esa sea su intención, pero tampoco sería ingenuo ignorar el beneficio político que podría obtener.
La negativa de la dirigencia estatal también merece examinarse. Édgar Barraza tiene razón al señalar que los aspirantes deben sujetarse a las reglas de la convocatoria. La disciplina interna es necesaria para evitar conflictos y garantizar condiciones claras.
No obstante, existe una diferencia entre respetar un procedimiento y cerrar cualquier posibilidad de discusión pública.
Que un debate no esté previsto en las reglas no significa que sea perjudicial para Morena. Por el contrario, un ejercicio organizado con criterios de equidad, tiempos definidos y preguntas sobre los problemas reales del municipio podría fortalecer la confianza ciudadana.
El riesgo aparece cuando se improvisa.
Sin reglas previamente aceptadas, un debate puede terminar en descalificaciones, enfrentamientos personales o acusaciones que después resulten difíciles de superar. Y en un partido donde varios grupos buscan espacios de representación, ese escenario podría complicar la unidad posterior a la selección.
También habría que preguntarse si todos los aspirantes competirían en igualdad de condiciones. Un encuentro diseñado para favorecer la confrontación mediática podría beneficiar a quienes dominan el discurso político, sin necesariamente demostrar que poseen mayor capacidad administrativa.
Hablar bien frente a una cámara no equivale a gobernar bien una ciudad.
En ese sentido, Tere Guerra representa un perfil con experiencia legislativa y responsabilidades institucionales que tendría que defender con resultados y propuestas. Jesús Ibarra podría aprovechar el ejercicio para explicar su proyecto municipal y su visión sobre los principales problemas de Culiacán. Merary Villegas, por su parte, tendría la oportunidad de responder sobre su trayectoria y capacidad de gestión, especialmente después de las controversias recientes que han afectado su imagen pública.
Serapio Vargas y Rubén Miranda también tendrían que demostrar que sus aspiraciones van acompañadas de diagnósticos y soluciones, más allá del reconocimiento político que puedan tener.
Para todos existirían oportunidades y riesgos.
Un debate serio permitiría distinguir entre quienes conocen los problemas del municipio y quienes solamente han construido una estrategia para alcanzar una candidatura. Pero uno mal organizado podría convertirse en un espectáculo de confrontación que termine debilitando a todos.
Hay otro aspecto que no debe perderse: Morena no está seleccionando todavía, formalmente, una candidatura a la alcaldía, sino una coordinación municipal dentro de su proceso político interno. Esa diferencia importa porque las actividades de los participantes deben mantenerse dentro de las disposiciones partidistas y electorales aplicables.
Por ello, cualquier debate tendría que cuidar su naturaleza, sus condiciones de participación y su relación con las reglas vigentes.
Ahora bien, desde una perspectiva política, Alonso Ramírez ya consiguió algo importante: colocar su propuesta en la conversación pública y obligar a otros actores a pronunciarse.
Aunque el debate nunca se realice, la iniciativa le ha generado visibilidad. Ese es un beneficio concreto de su movimiento, independientemente de las motivaciones que lo hayan originado.
La dirigencia, por su parte, enfrenta un dilema. Puede mantener su negativa con fundamento en la convocatoria, pero deberá evitar que esa decisión se interprete como resistencia al contraste de ideas. La unidad no tendría que significar silencio ni ausencia de discusión.
Culiacán necesita una competencia política de mayor profundidad. Los ciudadanos tienen derecho a conocer quiénes aspiran a dirigir su municipio, cuáles son sus propuestas y qué experiencia poseen para enfrentar una realidad particularmente compleja.
Pero tampoco deben confundirse los escenarios. Un debate no garantiza democracia interna, así como su ausencia no demuestra automáticamente que exista una imposición.
La verdadera calidad de un proceso depende de reglas claras, igualdad de oportunidades, transparencia en los mecanismos de selección y aceptación de los resultados.
Por eso, la propuesta merece analizarse sin ingenuidad y sin descalificaciones anticipadas. Puede ser un ejercicio útil para la ciudadanía y, simultáneamente, una estrategia de posicionamiento para quien la impulsa. Ambas cosas pueden coexistir.
Lo importante será determinar qué pesa más: el interés por discutir el futuro de Culiacán o la necesidad de ganar presencia en una competencia cada vez más concurrida.
Porque un debate puede servir para conocer a quienes quieren gobernar, pero también para exhibir a quienes solamente buscan protagonismo.
Y al final, la pregunta no es quién se atreve a debatir o quién prefiere evitarlo, sino quién tiene verdaderamente algo que proponerle a Culiacán.
RECONOCIMIENTO
El Premio a la Mujer Rural 2026, otorgado por el Congreso del Estado a Analai Sipatly Valenzuela Higuera, representa algo más que un reconocimiento personal. Es también una oportunidad para reflexionar sobre las dificultades que enfrenta el sector pesquero y la capacidad de sus comunidades para construir alternativas económicas.
Originaria del campo pesquero El Tetuán Nuevo, en Navolato, Analai conoce desde su infancia las condiciones de una actividad que durante décadas ha sostenido a numerosas familias sinaloenses. Su participación en proyectos de cultivo de ostión y moluscos bivalvos demuestra que la diversificación productiva puede abrir nuevas oportunidades, particularmente para las mujeres.
El trabajo desarrollado mediante Copembi y el programa Ostricultoras Sinaloenses, con la participación de 82 cooperativas en el proyecto referido, constituye una experiencia que merece atención. Sin embargo, también plantea la necesidad de evaluar su impacto económico y garantizar que estas iniciativas cuenten con capacitación, financiamiento y mercados estables.
El reconocimiento llega en un momento complicado para la pesca ribereña, donde la incertidumbre de las temporadas de camarón obliga a buscar nuevas fuentes de ingreso. En ese contexto, impulsar la acuacultura sustentable no significa abandonar la pesca tradicional, sino ampliar las posibilidades de desarrollo de las comunidades costeras.
El Congreso acierta al reconocer una trayectoria vinculada al trabajo comunitario. El siguiente paso corresponde a las instituciones: acompañar estas iniciativas con políticas públicas que permitan consolidarlas.
Porque reconocer a una mujer que transforma su comunidad es importante, pero contribuir a que muchas más puedan hacerlo sería el verdadero alcance de este premio.
GESTIÓN
El rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Jesús Madueña Molina, mantiene una agenda de gestiones ante instancias nacionales para enfrentar uno de los principales desafíos de la institución: garantizar el pago de salarios y prestaciones de fin de año.
Su reciente reunión con Luis González Placencia, secretario general ejecutivo de la ANUIES, representa un movimiento importante para fortalecer el respaldo institucional a las solicitudes de recursos extraordinarios. El encuentro se suma al sostenido con Ricardo Villanueva Lomelí, subsecretario de Educación Superior de la SEP.
La situación exige atención. La UAS ha señalado que necesita mil 380 millones de pesos para cubrir aguinaldos y las dos quincenas de diciembre, una obligación que no puede quedar sujeta a la incertidumbre financiera.
Hay un aspecto positivo en la estrategia de Madueña: buscar interlocución con organismos y autoridades que pueden contribuir a encontrar soluciones. Sin embargo, las reuniones por sí solas no garantizan recursos. El verdadero resultado se conocerá cuando existan compromisos presupuestales concretos.
También es necesario reconocer que el problema requiere soluciones de fondo. La universidad debe avanzar hacia una planeación financiera que reduzca su dependencia de apoyos extraordinarios, acompañada de transparencia y responsabilidad en el ejercicio del presupuesto.
Madueña enfrenta una prueba de capacidad de gestión. Conseguir respaldo federal permitirá atender la urgencia inmediata, pero construir estabilidad financiera será indispensable para el futuro de la institución.
Porque una universidad no puede desarrollar plenamente sus funciones académicas mientras sus trabajadores enfrentan cada diciembre la incertidumbre sobre el cumplimiento de sus derechos laborales.
SE QUEDA
En medio de una creciente competencia interna de Morena por la presidencia municipal de Culiacán, la alcaldesa Ana Miriam Ramos Villarreal ha tomado una decisión que merece atención: no registrarse en el proceso de selección rumbo a 2027 y concentrarse en la responsabilidad que le confirió el Cabildo.
Su postura representa una diferencia frente a quienes ya comenzaron a posicionar sus aspiraciones. Mientras otros actores buscan espacios en la próxima contienda, Ramos Villarreal apuesta por mantener su atención en la administración municipal, una decisión que puede contribuir a la estabilidad institucional.
Hay un aspecto positivo en su planteamiento. Culiacán enfrenta desafíos importantes en seguridad, servicios públicos, infraestructura y recuperación de la confianza ciudadana. Son problemas que requieren continuidad administrativa y decisiones que no estén subordinadas permanentemente a los tiempos electorales.
Sin embargo, mantenerse fuera de la competencia no garantiza por sí mismo una buena gestión. La alcaldesa tendrá que demostrar con resultados que su decisión se traduce en mejores servicios, atención a las colonias y respuestas oportunas a las necesidades de los culiacanenses.
También resulta relevante que haya expresado respeto por las aspiraciones de sus compañeros de Morena, evitando involucrar directamente al Ayuntamiento en las diferencias que puedan surgir durante el proceso interno.
Su determinación puede interpretarse como una señal de responsabilidad institucional, aunque será el desempeño de su administración el que finalmente permita evaluar sus alcances.
Porque en política no solamente se construye trayectoria buscando el siguiente cargo. También se construye cumpliendo con el que se tiene.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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