Imelda frente a los grupos; Mario, Paloma y Paola frente a un PRI que no termina de arrancar
A Imelda Castro le dieron la coordinación estatal de Morena, pero el poder todavía tiene que negociarlo. La diferencia se conocerá cuando empiecen a definirse las coordinaciones municipales y los grupos descubran que respaldarla no incluye recibir todo lo que pidieron. Porque ahorita todos caben en la fotografía; el problema viene cuando haya que escoger quién aparece en la boleta.
La pregunta es cuánto margen tendrá Imelda para construir su proyecto entre los intereses que ya existen. El rochismo, los liderazgos municipales, las estructuras partidistas y los aliados no desaparecen porque haya una nueva coordinadora. Si conservan capacidad de movilización, tienen con qué negociar. Pero tampoco puede aceptarse que cada grupo presente sus exigencias como si fueran derechos escriturados sobre alcaldías y diputaciones. Una coordinadora que acepta todas las condiciones termina encabezando un proyecto que otros decidieron.
Mazatlán muestra el tamaño del asunto. Entre quienes han hecho público su registro están Juan Carlos Patrón, Édgar González, Estrella Palacios, María José Salazar, Fabiola Torres, Carlos Escobar, Manuel de Jesús “Meny” Guerrero y Pablo Zazueta Kelly. Y la relación pública no debe confundirse con la lista definitiva, porque pueden existir solicitudes que sus promoventes no hayan anunciado. Hay suficientes ganas de gobernar como para surtir otros municipios; falta saber cuántas ganas quedarán de trabajar cuando salga el resultado.
Imelda enfrentará dos riesgos. Si intenta colocar únicamente a los cercanos, puede provocar resistencia de quienes tienen presencia propia. Si entrega posiciones para contentar a todos los grupos, puede llegar a la elección rodeada de candidatos que le deban más a sus respectivos padrinos que al proyecto estatal. Su autoridad dependerá de sostener decisiones competitivas y conseguir cooperación después, no de repartir suficientes consuelos. Tampoco hay regidurías para pensionar políticamente a todo el que se sintió presidente municipal durante quince días.
Mientras Morena administra la abundancia de aspirantes, el PRI sigue sin convertir sus proyectos personales en una alternativa estatal reconocible. Ésa es su lentitud más costosa. La conversación gira alrededor de Mario Zamora, Paloma Sánchez y Paola Gárate, pero una elección de gobernador se construye también con candidatos municipales, organización y acuerdos locales. No basta tener tres personas mirando hacia el mismo despacho si nadie explica quién está haciendo el trabajo en el resto del estado.
Mario propuso una consulta mediante voto libre y secreto; Paloma mostró disposición, aunque pidió aclarar cómo se financiaría. No acredita una ruptura, pero sí deja pendiente lo fundamental. ¿Quién decidirá y bajo qué reglas? El método importa porque distribuye poder entre aspirantes, militancia y dirigencia. Mientras no lo acuerden, cualquier discurso de unidad viene con letra chiquita.
Mario necesita demostrar que su proyecto puede integrar a quienes no están con él. Paloma necesita mostrar cómo su aspiración se convierte en organización municipal. A ambos les corresponde explicar qué ofrecen juntos si uno pierde la candidatura. Porque el PRI puede terminar con un candidato oficialmente reconocido y dos equipos trabajando a medias. Y a Morena le saldría baratísima una oposición que se neutralizara sola.
Paola tampoco puede seguir como aspirante incómoda a la que escuchan sin resolverle nada. Ha insistido en buscar la gubernatura, descartó la alcaldía de Culiacán y se inscribió también en la convocatoria del PAN. Ya puso sobre la mesa su intención; ahora falta saber quién está dispuesto a respaldarla. El PRI debe definir si la considera en serio y el PAN qué alcance tiene su participación. Mantenerla en la incertidumbre puede convertir una diferencia negociable en una fractura innecesaria.
En los municipios está la otra deuda opositora. En Culiacán, Noé Heredia ha expresado aspiraciones y presentado una propuesta de seguridad, por lo que sería falso decir que nadie se mueve. Pero la exigencia debe extenderse a Mazatlán, Ahome, Guasave, Navolato y El Fuerte. ¿Quién encabeza, con qué equipo y bajo qué acuerdo? Los comités necesitan decisiones y trabajo sostenido; esperar a que resuelvan la gubernatura puede dejarles demasiado poco tiempo para construir competitividad local.
La oportunidad del PRI está en ofrecer una alternativa frente al desgaste del gobierno; su peligro está en creer que ese desgaste le entregará los votos automáticamente. Imelda tendrá que demostrar que puede conducir a los grupos. Mario, Paloma y Paola, que pueden construir algo mayor que sus aspiraciones. Si los priistas siguen esperando a que Morena se fracture para empezar a organizarse, van a acabar viendo cómo los guindas se pelean, negocian y llegan juntos, mientras ellos todavía discuten quién tenía derecho a encabezar la reunión.
Todo esto según yo, el Goyo310.
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