GOYOTON 2026 UN JUGUETE, UNA SONRISA… ¿Y TÚ, JALAS O TE PANDAS?
Hace 16 años recibí mi primer aguinaldo de la chamba. Yo ya había decidido que ese dinero me lo iba a gastar en algo que realmente me diera satisfacción. Era 25 de diciembre. Iba rumbo a cobrar cuando, detenido en un semáforo, vi a una señora pidiendo dinero. Junto a ella estaban sus dos hijos, un niño y una niña, jugando con unos cartones y unas botellas.
Me acerqué y le pregunté cuánto tiempo iba a estar ahí. “Todo el día —me contestó—, para nosotros no hay Navidad”. No aguanté. Ni siquiera fui a cobrar el aguinaldo. Con la misma tarjeta me metí a Ley, al Circo de los Juguetes. Era un lugar al que de morro muchas veces había querido entrar a comprar y no había podido. Así es la vida y no reniego de ella.
Compré unos 10 o 15 juguetes, regresé al semáforo y le dije a aquella señora: “Hoy sí hay Navidad”. Les entregué los juguetes a los niños, saqué efectivo y se lo di a ella. Ahí, sin planearlo, le puse nombre a lo que estaba pasando: “Váyase con sus hijos. Hoy es el GoyoTon”.
Nunca se me va a olvidar cómo le cambió la cara a aquella señora, mucho menos la cara de esos niños. Pero pasó algo todavía más chingón. Los carros que estaban en el semáforo comenzaron a detenerse. Uno sacó comida, otro dinero, alguien más un juguete. Sin conocernos, sin organizarnos y sin preguntarnos de qué partido éramos, empezamos a hacer una pequeña cadena. Ahí entendí algo que sigo creyendo 16 años después: una buena acción también se contagia.
Pasó un amigo y me preguntó: “Cabrón, ¿qué andas haciendo?”. Le contesté: “Disfrutando la Navidad. ¿Y tú qué, jalas o te pandas?”. “Me jalo”, me dijo, y se fue por más juguetes. Hicimos un video porque pensé que, si más gente sabía lo que estaba pasando, seguramente alguien más se sumaría. Mi idea era conseguir unos 200 juguetes para llevarlos a las colonias donde más se necesitaban.
Entonces apareció Alan Yasser, quien era director del Instituto de la Juventud. Había visto el video y me habló: “Acabo de recibir un donativo de Deportenis y quiero sumarlo”. Eran alrededor de 400 pares de tenis de buena calidad. Podían ser de temporadas anteriores, pero de eso los niños ni sabían ni les importaba. Nos fuimos a Las Arenitas, la Progreso y otras colonias. Y así terminó aquella Navidad. Yo pensé que también ahí terminaría la historia.
Pero al año siguiente alguien me preguntó: “¿Este año no habrá GoyoTon? Yo quiero donar”. Y valió madre… ahí entendí que aquello ya no era mío. Había nacido algo mucho más grande. Desde entonces, cada año, normalmente comenzando noviembre, volvemos a pedir ayuda. Sin partidos, sin colores, sin credenciales y sin preguntar quién eres ni de dónde vienes.
Un juguete nuevo sirve y un juguete usado, limpio y en buenas condiciones, también. Después la misma gente comenzó a llevar ropa, cobijas, despensas, zapatos y un montón de cosas que jamás imaginamos recibir. Y aquello siguió creciendo.
¿Cuántos juguetes hemos entregado en 16 años? No lo sé con exactitud. Entre todos, probablemente estamos acercándonos al millón. Pero ¿saben qué? El número me vale madre, porque esto nunca se trató de romper un récord ni de presumir cuántos juguetes juntamos. Se trata de dibujar una sonrisa, de que por unas horas un niño pueda olvidarse de lo que falta en su casa, de que una mamá o un papá puedan verlo abrir un juguete y respirar tranquilos, de que un niño que no esperaba a Santa Claus ni al Niño Dios descubra que alguien, en algún lugar de Sinaloa, pensó en él.
Y este 2026 lo necesitamos más que nunca. Sinaloa atraviesa tiempos muy duros. Hay menos dinero en muchas casas, menos empleo, familias golpeadas y niños creciendo en medio de problemas que jamás deberían cargar sobre sus hombros. Si antes había niños que no esperaban Navidad, imagínense ahora. Por eso vuelve el GoyoTon 2026.
No importa si puedes donar mucho o poquito. Ese carrito que tu hijo ya no utiliza y sigue en buenas condiciones puede convertirse en el mejor regalo de otro niño. Esa muñeca guardada puede volver a tener dueña. Una pelota, una bicicleta, unos tenis, ropa, una cobija, una despensa… lo que para nosotros puede parecer poco, para alguien que no espera absolutamente nada puede significar muchísimo.
Hace 16 años todo comenzó con dos niños jugando con cartones y botellas en un semáforo. Yo solamente quería gastar mi primer aguinaldo en algo que me hiciera sentir bien. Jamás imaginé hasta dónde llegaría aquella decisión. Hoy ya no se trata de mí, se trata de ustedes, de cada persona que durante estos 16 años ha llevado un juguete, compartido una publicación, conseguido una despensa, regalado ropa o simplemente convencido a alguien más de ayudar.
Porque el GoyoTon no lo hace Goyo, lo hacemos todos. Y si este año Sinaloa está pasando por momentos más cabrones, entonces este año tenemos que demostrar que también podemos ser más cabrones para ayudar. No podemos resolverle la vida a todas las familias, pero sí podemos cambiarle unas horas la vida a un niño. Y a veces una sonrisa basta para recordar que todavía hay esperanza.
GOYOTON 2026 — DIBUJANDO SONRISAS
UN JUGUETE, UNA SONRISA
Aceptamos juguetes nuevos o usados en buen estado, ropa, calzado, cobijas, despensas y todo aquello que pueda servir para regalar un momento de felicidad.
Hace 16 años hice una pregunta. Hoy la vuelvo a hacer:
¿Y TÚ… JALAS O TE PANDAS?