
Entre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“El problema es que la información no es el entendimiento”, Nadine Gordimer
(1923-2014) Escritora sudafricana .
ERRAR ES DE HUMANOS
En política también hay que saber reconocer cuando una información no termina convirtiéndose en realidad. Hace unos días adelantamos la posibilidad de movimientos dentro del gabinete de Graciela Domínguez Nava.
Hablamos particularmente de la Secretaría General de Gobierno, pero también mencionamos como áreas bajo revisión a Obras Públicas, Economía, SEBIDES y Administración y Finanzas. Nos fuimos de “hocico”
La información provenía de fuentes que anteriormente habían resultado confiables. Esta vez no ocurrió así. Hasta este momento no hubo los relevos que anticipamos y corresponde decirlo con la misma claridad con la que publicamos aquella versión: nos equivocamos.
No tiene sentido buscar una salida fácil ni acomodar después los hechos para hacer parecer correcta una información que no lo fue.
Un trascendido, aun cuando provenga de una fuente que antes haya acertado, sigue siendo un trascendido hasta que los acontecimientos lo confirman.
En esta ocasión nuestras fuentes nos hicieron una jugarreta o la decisión cambió en algún punto del camino; cualquiera que haya sido el caso, el resultado para nosotros es el mismo: publicamos movimientos que no sucedieron.
Por ello ofrecemos una disculpa a los funcionarios que fueron mencionados y, sobre todo, a nuestros lectores.
También asumimos una responsabilidad hacia adelante: cuando se trate de información de esta naturaleza tendremos que cruzarla con mayor rigor antes de publicarla.
Pero corregir el dato no significa dejar de analizar lo que ocurrió después. Al contrario. Entre aquellas versiones de cambios y la realidad actual pasó algo políticamente importante: la visita de Claudia Sheinbaum a Sinaloa.
Y esa visita no solamente dejó el respaldo público de la Presidenta a Graciela Domínguez; también permitió observar en funcionamiento buena parte de la estructura gubernamental que algunos suponíamos próxima a modificarse.
Ahí aparece una lectura distinta.
La administración estatal tenía frente a sí uno de los acontecimientos políticos más importantes desde que Graciela asumió la gubernatura.
Había que organizar, movilizar, coordinar dependencias, mantener interlocución institucional y conseguir que el evento presidencial funcionara.
En esa tarea participaron funcionarios y estructuras que vienen desde el gobierno de Rubén Rocha Moya y que hoy continúan formando parte del equipo de Graciela. Lo hicieron bajo una nueva conducción y, hasta donde públicamente puede observarse, cumplieron con la encomienda.
Eso importa.
Porque una cosa es recibir un gabinete y otra comprobar durante las primeras semanas quién puede seguir funcionando dentro de una nueva etapa. Graciela no llegó al inicio de un sexenio con libertad absoluta para diseñar desde cero una administración.
Llegó a conducir un gobierno en marcha, en medio de una crisis de seguridad y con menos de catorce meses por delante. En esas circunstancias, cambiar por cambiar tampoco necesariamente habría sido una decisión conveniente.
Yeraldine Bonilla Valverde continúa en la Secretaría General de Gobierno y ese dato tiene especial relevancia porque ahí se encuentra buena parte de la operación política y de gobernabilidad.
Pero tampoco hubo movimientos en las otras áreas que habíamos colocado bajo observación. Obras Públicas siguió trabajando. Economía permaneció dentro de la estructura. SEBIDES continuó con sus responsabilidades y Administración y Finanzas también siguió formando parte de la operación gubernamental.
Es decir, no solamente permaneció una secretaria. Permaneció una estructura.
Y si esa estructura participó en sacar adelante una visita presidencial que terminó con Claudia Sheinbaum expresando públicamente su respaldo a Graciela Domínguez, entonces la lectura sobre la urgencia de los cambios necesariamente se modifica.
No podemos afirmar que la visita presidencial haya cancelado relevos ni que Rubén Rocha haya intervenido para conservar posiciones porque no tenemos elementos para sostenerlo.
Pero sí podemos decir algo que está a la vista: quienes estaban en el gobierno tuvieron una prueba política e institucional importante y, después de ella, continúan en sus cargos.
También sería demasiado sencillo interpretar esa permanencia como una derrota de Graciela o como una demostración de que el rochismo mantiene intacto el control. La política rara vez funciona de manera tan elemental.
Los funcionarios que llegaron con Rocha ahora trabajan bajo las instrucciones de Graciela, y mientras permanezcan ahí la responsabilidad sobre su desempeño también comienza a trasladarse hacia quien actualmente encabeza el Ejecutivo.
Ese es quizá el punto más interesante.Al principio podía hablarse del gabinete que Graciela recibió. Conforme pasan las semanas, esa explicación pierde fuerza.
Porque cada funcionario que permanece empieza a permanecer también por decisión de la gobernadora.
No sabemos si los cambios fueron considerados y después aplazados, si nunca estuvieron realmente sobre el escritorio o si determinadas circunstancias políticas modificaron los tiempos.
Sería repetir el mismo error intentar presentar cualquiera de esas hipótesis como un hecho. Lo que sí sabemos es que los movimientos no ocurrieron, la visita presidencial pasó, la estructura respondió y hasta ahora Graciela decidió continuar con ella.
Y eso también puede representar una forma de construir gobierno propio.
No necesariamente colocando caras nuevas, sino estableciendo quién manda sobre las existentes.
La llegada de Claudia Sheinbaum terminó además fortaleciendo institucionalmente a Graciela.
La Presidenta no dejó espacio para demasiadas interpretaciones cuando expresó públicamente su respaldo al gobierno estatal.
A partir de ahí, la gobernadora dispone de algo que necesitaba durante sus primeras semanas: interlocución directa con la Federación y reconocimiento presidencial para conducir esta etapa.
Quizá por eso la pregunta ya no debe ser cuándo comenzará Graciela a barrer el gabinete.
La pregunta es si realmente necesita hacerlo ahora.
Nosotros adelantamos movimientos en Gobierno, Obras Públicas, Economía, SEBIDES y Administración y Finanzas.
No ocurrieron.
Lo reconocemos.
Pero la política no se detuvo por eso. Al contrario, nos dejó otro dato para analizar: quienes parecían estar en la puerta de salida siguen sentados en sus oficinas y, después de la visita presidencial, forman parte de una estructura que hasta este momento Graciela Domínguez ha decidido mantener.
Puede haber cambios mañana. Puede haberlos cuando comience el proceso electoral de 2027. O puede descubrirse que algunos nunca estuvieron tan cerca de salir como se pensaba. Como son los movimientos normales en un gobierno, sin haber una cacería de brujas o romper la ya estructura de gobierno.
Por ahora solamente existe una certeza. Los cambios no llegaron.
Y a veces, en política, que nadie se mueva también es un movimiento. Y es de sabios reconocer los errores. Y aunque no sirva de mucho… ofrecemos nuestras sentidas disculpas.
RÉPLICA
Hay una regla elemental que quienes opinamos públicamente deberíamos tener siempre presente: una opinión puede ser dura, incómoda e incluso provocar molestia, pero necesita partir de hechos correctamente establecidos. Si cambia un dato fundamental, también debe modificarse la conclusión construida alrededor de él.
Ayer cuestionamos una publicación del PRI Sinaloa en la que aparecían su dirigente estatal, César Emiliano Gerardo Lugo; Liliana Cárdenas Valenzuela; la senadora Paloma Sánchez, y el alcalde de Navolato, Jorge Rosario Bojórquez Berrelleza, participando en una jornada de pinta de bardas. La publicación apareció el domingo, cuando distintas comunidades costeras de Navolato enfrentaban afectaciones por la salida del mar, y a partir de esa coincidencia temporal construimos una crítica: mientras había familias atendiendo una contingencia, dirigentes políticos parecían privilegiar una actividad partidista.
Hoy tenemos un dato que modifica aquella lectura.
César Emiliano Gerardo Lugo se comunicó con un servidor y precisó que la jornada de pinta de bardas ocurrió el sábado, no el domingo. Explicó además que fue un error involuntario del equipo encargado de las redes sociales del PRI publicar posteriormente las imágenes sin establecer correctamente cuándo había ocurrido la actividad.
También se precisó que Jorge Rosario Bojórquez estuvo el domingo en las comunidades afectadas atendiendo la contingencia en su responsabilidad de presidente municipal.
Si esa es la cronología correcta, entonces hay que decirlo claramente: la pinta de bardas y la emergencia no ocurrieron simultáneamente.
Y eso cambia el fondo de nuestro comentario anterior.
No sería correcto intentar sostener la crítica original buscando ahora otro argumento para llegar a la misma conclusión. Si cuestionamos al alcalde porque entendimos que estaba en una actividad partidista mientras su municipio enfrentaba una emergencia y ahora sabemos que ambas cosas ocurrieron en días distintos, corresponde retirar ese señalamiento específico.
Particularmente en el caso de Jorge Rosario Bojórquez, el dato de que estuvo el domingo recorriendo y atendiendo las comunidades afectadas modifica completamente aquella parte de nuestra lectura. El sábado estuvo en una actividad de su partido; el domingo, ante la contingencia, estuvo ejerciendo su responsabilidad como alcalde. Son dos momentos diferentes y deben tratarse como tales.
Eso no elimina otro problema, mucho menor pero también real: la comunicación política.
El PRI publicó el domingo fotografías de una actividad realizada el sábado justamente cuando Navolato estaba viviendo una situación extraordinaria. Si no se especificó claramente que se trataba de imágenes del día anterior, el propio manejo de redes contribuyó a generar una percepción equivocada. El partido tendrá que revisar eso porque en comunicación política el cuándo importa casi tanto como el qué.
Pero una mala publicación en redes no puede convertirse en argumento para atribuirles a sus protagonistas una conducta que temporalmente no ocurrió.
Y nosotros también tenemos algo que revisar.
Entre Veredas debió verificar cuándo había sido realizada aquella jornada antes de utilizar la publicación como punto de partida para una columna crítica. No lo hicimos y corresponde reconocerlo. César Emiliano hizo bien en comunicarse y precisar los hechos, y nosotros hacemos lo que corresponde a un medio cuando recibe información que modifica sustancialmente algo publicado: rectificar.
No significa renunciar a la crítica. Significa hacerla mejor.
Podremos cuestionar al PRI, a Morena, al PAN, a Movimiento Ciudadano, al PAS, a cualquier alcalde, senador, diputado o funcionario cuando existan elementos para hacerlo. Esa es parte de nuestra responsabilidad. Pero precisamente para que una crítica tenga fuerza necesita sostenerse sobre hechos que resistan una aclaración.
En este caso hubo una publicación desafortunadamente colocada en el tiempo. Nosotros interpretamos que la actividad estaba ocurriendo ese domingo. No fue así.
Y cuando el dato cambia, no hay que buscar cómo salvar la columna. Hay que corregirla. Porque reconocer un error puede resultar incómodo por unos minutos. Perder credibilidad por no reconocerlo puede durar mucho más.
