
PAS: Del monstruo político al petate del muerto
Columna: “Dardos Políticos”
Por Rosario Antonio Ramírez
El Partido Sinaloense ya no es aquel monstruo político que alguna vez construyó Héctor Melesio Cuén Ojeda. Hoy, bajo la dirigencia de Robespierre Lizárraga, el PAS parece jugar sus últimas cartas y, paradójicamente, pretende hacerlo desde una posición de fuerza que los resultados electorales tendrán que confirmar.
Ahora resulta que el PAN y el PRI le abren la puerta a una posible alianza y Robespierre quiere ponerse los moños, estirar la liga y vender caro al PAS, como si todavía tuviera aquella capacidad de negociación que llegó a alcanzar bajo el liderazgo de Cuén.
Pero la realidad política es mucho más incómoda.
El PAS puede hablar fuerte, exigir espacios y presentarse como pieza indispensable, pero la verdadera pregunta está en las urnas: ¿cuántos votos puede poner sobre la mesa en 2027?
Porque una cosa es negociar desde la fuerza y otra muy distinta es intentar aparentar fortaleza cuando lo que está en juego puede ser nada menos que la supervivencia electoral del partido.
El PAS tuvo su momento. Con Cuén al frente construyó estructura, presencia territorial y una marca política que llegó a convertirse en factor de poder en Sinaloa. Después vino la alianza con Morena y con el gobierno de Rubén Rocha Moya. El acuerdo lo llevó a la cúspide momentánea, pero también comenzó un desgaste que terminó golpeando seriamente al partido.
Hoy aquella maquinaria ya no existe con la misma fuerza.
Y mientras Robespierre intenta mantener al PAS en el escaparate político, el reloj electoral avanza. PAN y PRI pueden ofrecerle una puerta; el PAS puede intentar cobrarla cara. Pero si la negociación fracasa y decide caminar solo, tendrá que enfrentar en las urnas la verdadera dimensión de su fuerza.
Ahí se acabará el discurso.
Ahí no habrá dirigentes que valgan, ni declaraciones altisonantes, ni negociaciones de escritorio.
Habrá votos.
Y los votos son precisamente los que terminan poniendo a cada partido en el lugar que realmente ocupa.
Por eso, aquello de que el PAS puede darse el lujo de despreciar una alianza podría terminar siendo simplemente el petate del muerto con el que Robespierre intenta espantar a sus posibles aliados.
El problema es que en política también llega el momento en que nadie se asusta.
Y si el PAS decide jugar solo o con otro partido minoritario en 2027, podría descubrir demasiado tarde que el monstruo político de los tiempos de Cuén ya no está: lo que queda es un partido intentando convencer a todos de que todavía tiene el tamaño que alguna vez tuvo.
2027 podría no ser la elección en la que el PAS regrese al poder, sino aquella en la que tenga que demostrar si todavía existe políticamente.
¡Es cuanto!
