
ntre Veredas
Marco Antonio Lizárraga
“También las indecisiones se toman, también dejar de hacer es una forma de hacer”, Carmen Martín Gaite (1925-2000) Novelista española..
SI EL RIO SUENA
En política hay silencios que dicen poco.
Y otros que mantienen a medio gobierno mirando el teléfono.
Desde que Graciela Domínguez Nava asumió la gubernatura de Sinaloa, el 25 de agosto, existe una pregunta que tarde o temprano tendría que llegar a Palacio de Gobierno: ¿gobernará hasta 2027 con el equipo que recibió o comenzará a construir el suyo?
Durante casi un mes la respuesta ha sido prudente.
Graciela ha revisado el gabinete, se ha reunido con funcionarios y ha mantenido trabajando la estructura administrativa que heredó. Este 22 de septiembre volvió a decir que la evaluación continúa, que se realiza todos los días y que todavía no existe fecha para anunciar posibles movimientos.
Hasta ahí, el dato. Pero en política ya sabemos aquello de que cuando el río suena, agua lleva. El problema es saber cuánta agua lleva y hacia dónde corre.
Porque alrededor de los eventuales cambios comenzaron el dime y direte, las versiones, los nombres que entran y salen de las conversaciones y las interpretaciones sobre quién podría permanecer y quién podría dejar la administración.
Hasta ahora, sin embargo, no existe confirmación oficial de una lista de secretarios que vayan a ser relevados.
Y eso hay que decirlo con claridad. Una cosa es la conversación política.
Otra, la decisión de gobierno. Hay, no obstante, un caso que inevitablemente ha llamado la atención: el DIF Sinaloa.
A Graciela Domínguez se le preguntó directamente si Eneyda Rocha Ruiz continuaba al frente de la institución. La gobernadora no confirmó su permanencia y respondió que era un asunto que seguían trabajando. Hasta ahora tampoco existe anuncio oficial de su salida.
¿Por qué importa?
Porque cualquier movimiento en esa posición tendría inevitablemente una lectura política por tratarse de la hija del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya.
Pero sería un error reducir toda la discusión del gabinete a un apellido. El verdadero parteaguas será otro.
El momento en que Graciela Domínguez decida realizar los primeros cambios comenzará a separar administrativamente el gobierno que recibió del gobierno con el que pretende terminar el periodo.
Eso no significa necesariamente una ruptura con Rocha. Tampoco una purga.
Los cambios de gabinete forman parte de cualquier transición gubernamental y pueden responder a resultados, perfiles, prioridades administrativas o simplemente a la necesidad de que quien encabeza el Ejecutivo tenga un equipo acorde con su propia manera de gobernar.
Como dice el refrán: cada maestrillo tiene su librillo.
Graciela llegó en circunstancias extraordinarias. No ganó una elección para asumir en noviembre con semanas para preparar gabinete, programas y prioridades. Recibió un gobierno funcionando, en medio de una crisis de seguridad y con problemas importantes en el campo, la economía y distintos sectores productivos.
Por eso mantuvo inicialmente la estructura. Primero había que gobernar. Después vendría la revisión. Y parece que estamos entrando precisamente en esa segunda etapa. Hay además otro elemento que puede acelerar movimientos.
Morena se acerca a sus procesos rumbo a 2027 y la propia gobernadora confirmó que hasta ahora ningún secretario o funcionario le ha comunicado que vaya a separarse del cargo para buscar una candidatura. También reconoció que quienes tengan aspiraciones poseen el derecho de participar dentro de la legalidad.
Eso significa que el gabinete podría modificarse por dos caminos distintos.
Uno, por decisiones de Graciela.
Otro, por decisiones de los propios funcionarios.
Porque cuando comiencen las definiciones por alcaldías, diputaciones y demás posiciones, algunos tendrán que decidir si continúan despachando o salen a buscar otra responsabilidad política.
Y entonces podría cumplirse otro viejo refrán:
no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se llegue.
Durante las primeras semanas Graciela tuvo razones para posponer esa discusión. La seguridad ocupó prácticamente toda la agenda y ella misma dijo recientemente que ese era el tema número uno de su gobierno.
Pero el escenario cambió.
Ya sostuvo su primer encuentro como gobernadora con Claudia Sheinbaum, estableció interlocución con el Gobierno federal y recibió en Sinaloa al gabinete de seguridad. El Gobierno federal reforzó además su presencia operativa en el estado.
Eso le permite comenzar a mirar hacia adentro. Y ahí aparece la pregunta que realmente importa. No quién será el primero en salir.
Sino qué tipo de gobierno quiere construir Graciela Domínguez para los meses que quedan hasta octubre de 2027.
Los primeros nombramientos responderán parte de esa pregunta.
Porque los perfiles que elija permitirán observar qué áreas pretende fortalecer, qué prioridades quiere imprimirle a su administración y qué equilibrio busca entre continuidad y renovación.
Por eso el primer cambio tendrá un peso superior al nombre del funcionario removido. Será un parteaguas. Hasta ahora Graciela gobierna fundamentalmente con la estructura que encontró.
Después de los primeros movimientos comenzaremos a conocer la estructura que decidió conservar y aquella que decidió modificar.
Y ahí también conviene recordar aquello de que escoba nueva barre bien, aunque en el servicio público lo verdaderamente importante no será qué tan nueva sea la escoba.
Será comprobar si barre. Porque cambiar funcionarios es relativamente sencillo. Cambiar resultados es otra cosa.
Y esa será finalmente la medida con la que deberán evaluarse los movimientos que decida Graciela Domínguez Nava.
PISA Y CORRE
Rodolfo Valenzuela Sánchez regresó al Congreso del Estado, pero políticamente nunca dijo que se iba. Esa es quizá la lectura más interesante de su reincorporación a la LXV Legislatura después de participar en el proceso interno de Morena por la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
Valenzuela había solicitado licencia desde el 26 de junio. Su reincorporación tiene efectos desde el 15 de septiembre y el Congreso formalizó su regreso dejando sin efecto aquella separación del cargo.
El proceso estatal terminó y la definición favoreció a Imelda Castro. Para Rodolfo, sin embargo, aquella participación parece haber sido una estación dentro de un recorrido político que todavía tiene capítulos pendientes rumbo a 2027. Y eso ayuda a entender su siguiente movimiento: regresa a su curul, recupera una plataforma institucional y mantiene abiertas distintas posibilidades para el próximo proceso electoral.
Ha mencionado la Presidencia Municipal de Culiacán, una diputación federal y la posibilidad de continuar en el ámbito legislativo local. No existe todavía una definición pública y él mismo ha señalado que esperará convocatorias, mediciones y condiciones antes de decidir.
Eso importa porque después de participar en un proceso estatal tenía dos caminos: retirarse temporalmente de la conversación electoral o mantenerse activo desde la posición institucional que ya tenía. Eligió lo segundo.
Y tiene lógica. Rodolfo es diputado del Distrito 13 de Culiacán por el Partido Verde Ecologista de México y su regreso al Congreso significa recuperar un espacio desde donde puede mantener agenda pública, interlocución política y presencia territorial mientras llegan las siguientes definiciones.
Hay además otro movimiento que merece atención: la Mesa Directiva.
Antes de solicitar licencia, Valenzuela era presidente de la Mesa Directiva del Congreso. Había llegado a esa responsabilidad en octubre de 2025 con 35 votos a favor y tres en contra. Ahora ha reconocido que algunos legisladores le han planteado respaldarlo nuevamente cuando se defina la próxima integración. No está decidido y dependerá del Pleno, pero la posibilidad agrega una dimensión inmediata a su regreso.
La secuencia, entonces, puede resultar interesante: primero recuperar la curul; después, eventualmente, reconstruir su posición dentro del Congreso; y más adelante decidir qué hacer en 2027.
Porque Valenzuela tiene algo que hoy juega a su favor: tiempo para decidir.
Puede observar cómo se acomodan las piezas en Morena y sus aliados, esperar las convocatorias y revisar las condiciones de cada ruta. Además, su participación en el proceso estatal le permitió recorrer diferentes regiones de Sinaloa y ampliar contactos fuera del espacio estrictamente legislativo. Él mismo ha señalado que durante esos recorridos recibió planteamientos relacionados con servicios públicos, campo, pesca y energía.
Ahora tendrá que demostrar qué hace con ese recorrido, porque participar en una contienda interna estatal proporciona exposición y relaciones, pero eso no se convierte automáticamente en respaldo para una elección municipal o distrital. Son competencias diferentes.
Si decide buscar Culiacán, por ejemplo, tendrá que aterrizar su discurso en problemas municipales: agua, drenaje, pavimentación, seguridad, movilidad y servicios públicos. Si opta por una diputación federal, la conversación será distinta. Y si permanece en el Congreso local, tendrá que justificar políticamente la continuidad.
Por eso no cerrar todavía ninguna puerta puede ser una decisión comprensible. Tiene curul, tiene una posición partidista y tiene margen para esperar las siguientes definiciones. Pero llegará el momento en que deberá escoger una ruta, porque una cosa fue participar por la coordinación estatal y otra construir un proyecto específico para el cargo que finalmente decida buscar.
Por ahora, Rodolfo Valenzuela volvió al Congreso y existe incluso la posibilidad de que busque nuevamente la presidencia de la Mesa Directiva.
Pero su regreso no necesariamente representa el final de sus aspiraciones.
Regresó a su curul, pero la pregunta rumbo a 2027 sigue abierta: ¿para quedarse ahí o para preparar desde ahí su siguiente movimiento?
RECUERDO
La visita de Héctor Melesio Cuén Díaz a la Cámara de Diputados tuvo primero una carga personal: conocer la curul 177 que estaba destinada a ocupar su padre, Héctor Melesio Cuén Ojeda, asesinado antes de iniciar la actual Legislatura. El espacio finalmente fue ocupado por su suplente, Juan Moreno de Haro.
Pero la fotografía tuvo también una dimensión política. Mario Zamora no solamente acompañó a Cuén Díaz hasta aquella curul. Durante la jornada hubo encuentros con representantes de distintas fuerzas: Rubén Moreira del PRI, Ricardo Monreal de Morena, Elías Lixa del PAN y otros legisladores. La amplitud de esas conversaciones permite leer la visita como un ejercicio de interlocución que rebasa las fronteras de un solo partido.
Y ahí aparece una lectura sinaloense.
El PAS se encuentra definiendo su ruta hacia 2027 y recientemente comenzó a hablar de construir candidaturas propias, sin cerrar la posibilidad de futuros acuerdos. Al mismo tiempo, desde otros espacios de la oposición se insiste en la necesidad de explorar coincidencias rumbo al próximo proceso.
Eso no significa que la presencia de Cuén Díaz en San Lázaro anuncie una alianza, una candidatura o un acuerdo electoral. No existe información pública que permita afirmarlo. Convertir una fotografía en pacto sería adelantarse demasiado.
Lo que sí muestra es que existen canales de comunicación.
Y Mario Zamora aparece nuevamente participando en ellos. El priista ha insistido públicamente en la necesidad de construir acuerdos para Sinaloa y utilizó precisamente esta visita para hablar de diálogo por encima de las siglas partidistas.
Para Héctor Melesio Cuén Díaz la jornada también tiene una lectura propia. El apellido Cuén continúa teniendo presencia dentro del PAS, pero esta visita lo colocó personalmente frente a dirigentes parlamentarios del PRI, Morena y PAN. Habrá que observar si queda como un encuentro de carácter simbólico y personal o si posteriormente tiene continuidad política.
Porque rumbo a 2027 abundarán las fotografías.
Lo importante será distinguir cuáles solamente retratan un momento y cuáles terminan contando una historia.
La de la curul 177 tiene memoria. Si tendrá también consecuencias políticas, todavía es demasiado pronto para saberlo.
MAS PINOLE
Cecilia Ramírez Montoya dice que no busca reelegirse en Guasave. Tampoco otro cargo político. Pero agregó una frase que políticamente impide cerrar completamente esa puerta: si Morena la requiere, acudirá al llamado.
La declaración llega después de que Imelda Castro mencionara públicamente a Cecilia entre los perfiles que podrían participar por la Presidencia Municipal en 2027, junto con Feliciano Valle Sandoval, Martín Ahumada Quintero y Feliciano Castro Meléndrez.
Por eso hay que leer con cuidado lo que dijo la alcaldesa. No anunció una retirada de la política ni descartó definitivamente participar. Lo que hizo fue colocar la decisión en otro terreno: hoy no está buscando candidatura; mañana dependerá de las circunstancias y de lo que determine su partido.
También existe una razón para mantener prudencia. Cecilia gobierna hasta octubre de 2027 y todavía tiene asuntos municipales importantes por resolver. Apenas se anunciaron 40 millones de pesos estatales adicionales para atender hundimientos y drenajes, uno de los problemas relevantes de infraestructura de Guasave.
La diferencia con otros aspirantes comienza precisamente ahí. Mientras algunos pueden recorrer, levantar la mano y construir una candidatura, Cecilia tiene que gobernar. Su eventual argumento para continuar no se construirá solamente en una encuesta interna, sino también en los resultados que entregue desde el Ayuntamiento.
Por ahora su posición es clara: no está buscando la reelección.
Pero tampoco dijo que no aceptaría.
Y en política, entre un “no quiero” y un “no voy”, existe una diferencia importante.
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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