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Marco Antonio Lizárraga

Primera de dos partes
El diputado local habla de sus orígenes en el magisterio, su paso por la izquierda sinaloense, los movimientos sociales que marcaron su trayectoria y los costos familiares de una vida dedicada a la política. “Los puestos no son permanentes ni eternos”, sostiene.

Salvador Alvarado, Sinaloa.— Antes que diputado, dirigente partidista o aspirante político, Ambrocio Chávez Chávez se define de una manera mucho más sencilla: maestro.

La educación atraviesa buena parte de su historia. Fue maestro comunitario, trabajó en primaria, secundaria y preparatoria, llegó a dirigir en dos ocasiones la Preparatoria Guamúchil de la Universidad Autónoma de Sinaloa y posteriormente ocupó una vicerrectoría.

Pero su trayectoria también se construyó fuera de las aulas.

Participó en movimientos estudiantiles, magisteriales, campesinos y sociales; acompañó procesos de organización de colonias y transitó políticamente por distintas expresiones de la izquierda hasta llegar a Morena, partido del que actualmente es consejero estatal.

Hoy representa al Distrito 9 en el Congreso del Estado y acumula cinco años como diputado local.

En conversación con Entre Veredas, Ambrocio Chávez habla de esa trayectoria, pero también de lo que normalmente queda fuera de los discursos políticos: la familia, los sacrificios, las derrotas, la necesidad de adaptarse y la obligación de entender que ningún cargo es para siempre.

—¿Quién es Ambrocio Chávez Chávez y qué momentos de su vida considera determinantes para llegar hasta donde está hoy?

—Yo soy Ambrocio Chávez Chávez, actualmente diputado local por el Distrito 9, con cabecera en Guamúchil. Pero yo soy maestro, sobre todo maestro.

Mi trayectoria ha girado alrededor de esa profesión. Me ha tocado trabajar desde maestro comunitario, después en secundaria, primaria y durante mucho tiempo en preparatoria.

Fui dos veces director de la Preparatoria Guamúchil de la UAS y también vicerrector. Impartí clases en la UPN, que hoy es la UPES, y también en la Licenciatura en Educación de la UAS.

Mi formación profesional viene fundamentalmente del magisterio, como docente y también como directivo en la educación.

Pero también está la actividad social, política y partidista. Vengo desde el Partido Comunista, después otras expresiones de la izquierda, el PRD y ahora Morena. Actualmente soy consejero estatal de Morena.

En el campo social me tocó acompañar a colonos en procesos para formar colonias, participar en la formación de la Casa del Estudiante en Guasave y en movimientos relacionados con Ciudad Universitaria en Los Mochis.

En la UAS participé en movimientos sociales, estudiantiles y magisteriales. También me tocó acompañar a estudiantes, campesinos y maestros en la lucha por sus derechos y participar en la formación de sindicatos independientes de obreros en la región de Guasave.

Pero mi vida se ha desarrollado principalmente en la región del Évora. En Guamúchil me casé, formé una familia y tengo más de 45 años viviendo ahí.

Mi actividad ha girado entre el magisterio, la actividad social, la solidaridad con movimientos sociales y la política. Y, sobre todo, también he sacado adelante a mi familia.

Tengo tres hijos, dos hijas y un hijo. Ya están casados, ya hay nietos, y la responsabilidad familiar sigue siendo una parte muy importante de la vida y también de la política.

—De todas esas responsabilidades, ¿cuál considera que lo ha formado más políticamente?

—Las experiencias son diversas.

Como director de preparatoria conviví con alrededor de dos mil alumnos durante los periodos en que estuve al frente. También fui dirigente de partidos políticos en diferentes municipios y tuve responsabilidades estatales.

Todo eso me permitió adquirir experiencia.

Pero una de las etapas importantes fue la vicerrectoría. Fueron tres años y tenía bajo mi responsabilidad una región con alrededor de 12 mil alumnos y mil 500 maestros.

Después viene el Congreso.

Ya son cinco años como diputado: tres años del primer periodo y dos de este segundo periodo. El Congreso ha sido una escuela y una experiencia muy importante porque, si te dedicas a las cosas, aprendes de prácticamente todos los temas.

Aquí he tenido relación con secretarías de Estado, empresarios, grupos sociales, sectores productivos, transportistas, maestros, organismos y ciudadanos.

Eso permite conocer los problemas desde perspectivas muy diferentes.

Durante estos cinco años he atendido aquí a más de 10 mil personas que han venido desde Choix hasta Escuinapa. Llegan a exponer un problema, gestionar algo, plantear una iniciativa o buscar alguna solución.

Eso me ha formado mucho políticamente.

—¿Y cómo entiende hoy la política después de toda esa experiencia?

—Como una política de servicio.

El motivo central para estar en un espacio público debe ser atender al ciudadano, atender a las personas. Si no es así, no tendría razón de ser.

La política de llegar para enriquecerse es algo que la sociedad reprueba. También llegar a los puestos y creerse más que los demás, actuar con prepotencia o arrogancia. Esos tiempos ya se acabaron.

Yo estoy de acuerdo con la austeridad, pero con una austeridad normal, regular, no con exageraciones.

Una austeridad que permita vivir con tu ingreso público y que los presupuestos asignados se utilicen para atender las necesidades de la gente.

Tiene que haber transparencia, honradez y honestidad absoluta.

Y no una honestidad solamente anunciada, donde por un lado dices una cosa y por otro metes la mano en el cajón.

Tiene que ser una honestidad que pueda demostrarse con hechos, pruebas y transparencia.

Yo soy de esa idea y también soy crítico al interior de Morena cuando veo excesos, desviaciones o ejemplos que no dignifican el trabajo político del partido.

—Entrando a una parte más personal, ¿qué sacrificios le ha significado dedicarse a la política?

—Principalmente familiares.

Cuando mis hijos me necesitaban para una asamblea en la escuela, muchas veces no podía estar porque tenía otras responsabilidades.

Sí he atendido a mi familia y he procurado estar en los momentos importantes, pero evidentemente hay sacrificios porque tienes que dedicar tiempo a los demás y terminas sacrificando tiempo con la esposa y con los hijos.

Por ejemplo, no pude asistir a la boda de mi hijo.

—¿No estuvo en la boda de su hijo?

—No. Fue en Tijuana y yo tenía un evento político aquí en Sinaloa.

Son cosas que vas perdiendo.

Pero también vas ganando otras. Unas por otras.

Yo he tenido la solidaridad de mis hijas, de mi hijo y de mi esposa durante toda esta lucha. Ellos me apoyan y me respaldan.

También procuro ser un padre que no se impone. Procuro dialogar, escuchar y apoyar a mi familia en sus estudios, aspiraciones y actividades.

Buscamos nuestros espacios. En diciembre, Semana Santa o cuando tenemos oportunidad viajamos juntos, convivimos y nos respetamos.

Ese respaldo familiar ha sido fundamental.

—¿Y qué ha aprendido de los momentos difíciles de la política?

—Que las coyunturas políticas siempre están cambiando y uno tiene que aprender a adaptarse rápidamente.

Yo lo comparo con la naturaleza.

Cuando llegan las lluvias, el monte se pone verde; después llega otra estación y comienza a secarse. La vida política también tiene etapas y circunstancias distintas.

Uno tiene que aprender de cada una.

Todo está en movimiento permanente. Si uno no entiende eso, termina frustrado, molesto, enojado o incluso abandona su carrera política porque no comprende que las coyunturas cambian.

Los tiempos cambian y vienen tiempos nuevos.

También hay que aprender algo fundamental: así como hoy estás, mañana ya no vas a estar.

Los puestos no son permanentes. No son eternos.

Los espacios son temporales y circunstanciales.

Precisamente por eso, cuando llegas a una responsabilidad pública tienes que hacer algo por los demás.

Si no vas a hacer nada por la gente, entonces, ¿de qué sirve estar en un puesto?

Mejor déjale el lugar a alguien que sí quiera hacer algo por los demás.

Para Ambrocio Chávez, esa temporalidad del poder es también la explicación de lo que viene.

Después de cinco años en el Congreso del Estado, no oculta que observa hacia 2027 y que está dispuesto a participar nuevamente.

Pero esa es otra parte de la conversación.

En la segunda entrega con Entre Veredas, el diputado hablará de sus aspiraciones, de lo que considera que puede distinguirlo frente a otros perfiles, de su relación con los principales liderazgos de Morena y de una advertencia hacia su propio partido: la congruencia y la unidad serán fundamentales para evitar el desgaste del proyecto político

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Por elpiripituchi

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