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MORENA YA NO QUIERE COMPARTIR EL PASTEL CON PVEM Y PT

Columna: “Dardos Políticos”
Por Rosario Antonio Ramírez

La luna de miel se acabó. Y lo que queda entre Morena, PT y Partido Verde ya no parece una alianza política de caballeros, sino una disputa de poder donde cada quien está defendiendo sus propios espacios.

Durante las elecciones pasadas, Morena creció como monstruo electoral y terminó absorbiendo buena parte del protagonismo de sus aliados. Hubo candidaturas sigladas por PT y Verde que terminaron siendo ocupadas por personajes vinculados políticamente con Morena. El papel podía decir una cosa; la realidad política, otra.

Y ahí está precisamente el origen del pleito que hoy comienza a calentarse: los aliados quieren recuperar lo que consideran suyo y Morena no parece dispuesto a regresar lo que ya conquistó.

El PT ya puso sobre la mesa la posibilidad de competir sin Morena en los 300 distritos federales en 2027. No es una declaración menor. Es un mensaje directo: “si no nos das espacio, caminamos solos”. La continuidad de la alianza, han dicho sus dirigentes, dependerá del diálogo y de los acuerdos.

El Verde tampoco quiere quedarse mirando desde la banca. En Sinaloa, Ricardo Madrid enfrenta una militancia que reclama mayor presencia y espacios propios. El discurso es claro: si el PVEM tiene estructura, votos y registro, quiere candidaturas que lleven realmente su sello.

Porque siglar no es lo mismo que rellenar. Una candidatura puede aparecer bajo las siglas de un partido, pero políticamente otra cosa ocurre cuando el candidato responde a intereses, grupos o estructuras distintas. Esa contradicción quedó expuesta en la elección de 2024, cuando el INE revisó la afiliación efectiva de quienes ganaron distritos dentro de la coalición oficialista.

Ahora viene la factura de aquella alianza. PT y Verde quieren cobrarla en candidaturas, distritos y posiciones. Morena, naturalmente, tendrá sus propios cálculos. Y ahí está el verdadero problema: cuando todos quieren mandar, se acaba la comodidad de obedecer.

Durante años, la alianza funcionó mientras los intereses coincidieron. Pero una cosa es caminar juntos cuando hay oposición enfrente y otra muy distinta repartir candidaturas cuando todos quieren sentarse en la cabecera.

En público podrán hablar de unidad, transformación, proyecto común y coordinación. Pero detrás de las puertas cerradas la discusión será mucho más sencilla: ¿quién pone candidatos?, ¿quién conserva los distritos?, ¿quién encabeza las fórmulas y quién se queda con las posiciones?

La militancia puede defender colores y principios. Las dirigencias pueden hablar de unidad. Pero la política electoral se mide, finalmente, en votos, candidaturas y espacios de poder.

Y si Morena quiere seguir siendo el partido dominante, tendrá que negociar con aliados que ya entendieron algo elemental: una cosa es acompañar al gigante y otra muy distinta permitir que el gigante termine comiéndose todo el territorio.

La pelea apenas comienza. Y esta vez, el pleito no será por quién camina junto a Morena, sino por quién logra evitar que Morena vuelva a caminar por encima de todos.

¡Es cuanto!

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Por elpiripituchi

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