
Sergio Sarmiento
Toda nueva tecnología ha generado resistencia, pero los cuestionamientos de hoy se difunden con mayor rapidez y amplitud. Los luditas ingleses del siglo XIX protestaban contra los telares e hiladoras, pero eran relativamente pocos y la destrucción de máquinas no generaba demasiada atención. Hoy los cuestionamientos a la tecnología, y especialmente a la inteligencia artificial (IA), son impulsados por personajes relevantes como el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y el papa León XIV, entre otros. Volker Türk, comisionado de derechos humanos de la ONU, ha declarado: “Ningún país puede gobernar esta tecnología por sí solo, ninguna empresa debería poder decidir por sí sola qué riesgos debe aceptar el mundo, y ninguna persona debería verse obligada a renunciar a sus derechos humanos a cambio de promesas de progreso tecnológico”. Estos temores se difunden por medios modernos y alcanzan todos los rincones del planeta.
Jacob Coxon, un técnico de 27 años que trabajó como “investigador de preadiestramiento” en OpenAI y Anthropic renunció a su cargo el pasado 9 de septiembre en protesta por las acciones de las dos. “Ninguna está actuando de manera responsable. Están compitiendo para crear superinteligencia que se mejore a sí misma y jugando con nuestras vidas”, dijo en X. Su mensaje se hizo viral.
Días después varios directores de empresas de IA pidieron públicamente una desaceleración de la investigación en este campo. Entre ellos se encontraban Dario Amodei de Anthropic, Sam Altman de OpenAI, Elon Musk de xAI y Demis Hassbis de Google Deep Mind. Destacaron entre sus preocupaciones temas de seguridad, riesgos por el posible mal uso de la tecnología y miedos sobre los procesos de automejoramiento (sin intervención humana) de la tecnología.
En contraste, el presidente Donald Trump de Estados Unidos ha rechazado cualquier freno al desarrollo de esta tecnología en su país: “El que la IA tome control del Mundo, destruyendo a la Humanidad, y todas las otras cosas malas, es un ENGAÑO. Hay una ENFERMA conspiración que va contra la IA y los Centros de Datos, y el único que es feliz con esto es China” [redacción original].
No es esta la primera vez que se registra resistencia ante los avances tecnológicos. En su diálogo Fedro Platón registra la oposición de Sócrates a una nueva tecnología que se estaba difundiendo en el siglo V a.C.: “La escritura producirá el olvido en las almas al dejar de ejercitar la memoria, ofreciendo solo una apariencia de sabiduría en lugar de la verdad real”.
En el Medievo y el Renacimiento la Iglesia argumentaba que los descubrimientos de la astronomía y las ciencias contradecían la palabra de Dios, manifestada en la Biblia, por lo que había que censurarlos. Posteriormente hubo resistencias de muchos ante la imprenta (por el peligro de que la lectura se difundiera en exceso), la maquinaria industrial, la electricidad, los automóviles, la energía nuclear, la televisión, las vacunas, los teléfonos celulares, los transgénicos y otros numerosos avances. Es cierto que todas las tecnologías han traído problemas, pero las mejoras en la existencia de los humanos han sido muy superiores. Hoy los temores se multiplican porque la gente identifica la inteligencia artificial con los robots rebeldes de obras como Yo, robot de Isaac Asimov o 2001, una odisea del espacio de Arthur C. Clarke.
Es sensato tener una supervisión sobre la IA, pero sin entorpecer las investigaciones científicas y tecnológicas. El freno al progreso sería mucho más costoso que los problemas que este pudiera ocasionar.
Cuotas
La presidenta Sheinbaum omitió en sus arengas del grito a Ignacio Allende e incluyó a Antonia Nava. En el afán de cumplir con las cuotas de género los políticos terminan por falsificar la historia.

SEP 17 2026