Entre Veredas

Marco Antonio Lizárraga 

“Aquel que quiere permanentemente «llegar más alto» tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo”, Milan Kundera (1929-2023) Novelista y ensayista checo naturalizado francés.

HUMO BLANCO 

La política tiene esas vueltas.

Hace apenas unas semanas, Graciela Domínguez Navacaminaba Sinaloa buscando convertirse en la candidata de Morena a la gubernatura en 2027. Solicitó licencia como diputada federal desde el 17 de junio y entró formalmente al proceso interno del movimiento. 

Ahora el calendario político parece haberse adelantado. No llegaría por elección constitucional. Llegaría por una crisis. Y esa diferencia importa.

Porque, de confirmarse este martes lo que las negociaciones políticas han construido durante las últimas horas, Graciela Domínguez será gobernadora interina de Sinaloa, en sustitución de Rubén Rocha Moya.

No estamos hablando de un interinato cualquiera. Estamos hablando, en los hechos, de conducir el cierre de un sexenio profundamente golpeado.

La negociación fue más complicada de lo esperado

El primer mensaje apareció temprano este lunes. El Congreso tenía programada para las 8:00 horas la sesión extraordinaria donde sería designado quien asumiría el Ejecutivo. No ocurrió.

La sesión fue suspendida. Pasaron las horas. Y no hubo humo blanco.

Medios locales y nacionales permanecieron prácticamente todo el día esperando una definición que no llegó públicamente. Finalmente, el Congreso convocó nuevamente para este martes 25 de agosto a las 8:00 horas. 

Eso dice mucho. Cuando una mayoría legislativa tiene los votos suficientes pero necesita prácticamente un día entero para construir una propuesta, el problema nunca fueron los votos.

El problema era el nombre. Y detrás del nombre estaban los equilibrios. El rochismo. Morena nacional. Palacio Nacional. Los grupos internos. Los aspirantes de 2027. Y algo todavía más importante: qué mensaje mandar hacia afuera de Sinaloa.

Porque después de todo lo ocurrido con Rocha Moya, colocar simplemente a una extensión de su grupo habría complicado todavía más la narrativa política.

Ahí aparece Graciela

Hay un elemento que quizá no dimensionamos suficientemente cuando comenzamos a revisar los nombres. Graciela Domínguez tiene experiencia en los dos poderes que ahora tendrán que entenderse.

Conoce el Legislativo. Y conoce el Ejecutivo.

Fue presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado entre 2018 y 2021, además de coordinadora parlamentaria de Morena. Desde ahí tuvo que negociar con fuerzas políticas distintas a la suya y llegó a reivindicar públicamente el diálogo y el respeto a las minorías como parte de su conducción legislativa. 

Después llegó al gabinete de Rocha. Fue secretaria de Educación Pública y Cultura desde noviembre de 2021 hasta febrero de 2024. Posteriormente ganó la diputación federal por el Distrito 1 de Sinaloa y actualmente tiene licencia de ese cargo.

Es decir: no necesita aprender dónde están los botones del gobierno.

Conoce la administración estatal. Conoce el Congreso. Conoce Morena. Y conoce el territorio. Ese último punto tampoco es menor.

Nació en Rosario, tiene una trayectoria política construida desde la izquierda y antes de ocupar los principales cargos públicos estuvo vinculada a movimientos sociales relacionados con pescadores, afectados por la presa Picachos y derechohabientes de Infonavit. 

Eso puede convertirse en un activo importante para un gobierno que necesitará reconstruir interlocución.

Pero tampoco es una ruptura completa

Aquí está el punto fino. Sería incorrecto presentar a Graciela como una figura completamente ajena al gobierno que termina. No lo es. Fue secretaria de Rocha.

Formó parte de su gabinete durante más de dos años. Políticamente pertenece al mismo movimiento. Y durante buena parte de este proceso ha defendido a la Cuarta Transformación. Eso estará sobre la mesa desde el primer minuto.

Pero también existe otro dato interesante.

Durante los últimos meses comenzaron a aparecer lecturas sobre cierto distanciamiento político entre Domínguez Nava y el grupo más cercano al gobernador con licencia. Algunos análisis locales incluso señalaron que ya no mantenía la cercanía con Rocha que tuvo al comienzo de la administración. 

Ese matiz podría explicar mucho.

Porque probablemente eso era exactamente lo que necesitaba la negociación. 

Alguien de Morena, pero no necesariamente del núcleo duro del rochismo.

Alguien que no significara una ruptura con la Cuarta Transformación.

Pero tampoco una continuidad automática del grupo que gobernó alrededor de Rocha.

Ahí puede encontrarse una de las claves de su llegada.

Y hay otra lectura

Graciela ya estaba jugando para 2027. Eso está documentado. Era una de las mujeres que buscaban la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación junto con Imelda Castro y María Teresa Guerra.

Ahora el tablero cambia completamente. Porque gobernar no es hacer campaña. Y gobernar Sinaloa en estas circunstancias mucho menos. Recibiría un estado con una crisis de seguridad prolongada.  Con sectores productivos lastimados.

Con empresarios reclamando certidumbre. Con familias buscando desaparecidos. Con una oposición que exigirá romper con el rochismo. Y con una elección de gobernador prácticamente a la vuelta de la esquina.

Entonces aparece una paradoja interesante. 

La gubernatura puede ser para Graciela la mayor oportunidad de su carrera política y, al mismo tiempo, el mayor riesgo.

Desde Palacio de Gobierno tendrá una exposición que ningún aspirante podría conseguir recorriendo colonias o realizando asambleas.

Pero también cargará problemas que hasta hoy pertenecían políticamente a otros.

Cada homicidio. Cada desaparición. Cada crisis. Cada decisión de seguridad. Cada conflicto agrícola.

Cada problema presupuestal. Pasará por su escritorio.

La primera decisión será fundamental

Más que su discurso de toma de protesta, habrá que mirar el gabinete. Ahí comenzaremos a saber qué tipo de gobierno pretende construir.

Si mantiene prácticamente intacta la estructura que deja Rocha, será difícil convencer de que existe una nueva etapa.

Si realiza cambios selectivos, especialmente en áreas estratégicas, estará enviando otra señal.

Y si incorpora perfiles técnicos o políticos fuera de los grupos tradicionales del rochismo, entonces podremos hablar verdaderamente de una transición. Los nombres del gabinete dirán más que mil discursos.

También habrá que observar su relación con Claudia Sheinbaum. Porque esta sucesión dejó de ser un asunto exclusivamente sinaloense desde hace tiempo.

La Presidenta ha pedido para quien asuma capacidad, honestidad, profesionalismo y compromiso con Sinaloa, mientras el Congreso conserva formalmente la facultad constitucional de realizar la designación.

Graciela no recibe un premio

Eso también debe quedar claro. Recibe un problema. Quizá el problema político más complicado que haya enfrentado un gobernador sinaloense en varias décadas. Tendrá que recuperar confianza.

Reconstruir interlocución. Garantizar gobernabilidad.  Mantener relación con la Federación. Y conducir un proceso electoral que inevitablemente estará cargado de tensión.

Además deberá resolver algo todavía más complicado: gobernar sin convertirse simplemente en administradora del rochismo, pero sin romper con el movimiento político que la llevará al poder.

Ese equilibrio será extremadamente delicado.

Y aquí está la verdadera oportunidad

Graciela Domínguez puede intentar administrar lo que queda. O puede intentar reconstruir. Son cosas distintas.

Si entiende que llega únicamente para cuidar posiciones, repartir espacios y conducir tranquilamente el gobierno hasta 2027, probablemente terminará absorbida por la misma crisis que provocó esta sucesión.

Pero si comprende que recibió una oportunidad excepcional para establecer distancia de los errores, abrir Palacio de Gobierno, escuchar a sectores productivos, atender víctimas, recuperar interlocución social y tomar decisiones propias, entonces podríamos estar ante algo diferente.

No será sencillo. Tampoco inmediato. Pero tiene algunas herramientas. Experiencia legislativa.

Experiencia administrativa. Conocimiento territorial. Formación política. Y, sobre todo, una circunstancia que pocas veces recibe alguien que llega al poder: la posibilidad de comenzar sabiendo exactamente qué cosas no debe repetir.

Este martes será la formalidad. La votación. La protesta. La fotografía. Después comenzará lo verdaderamente complicado.

Porque Rubén Rocha Moya dejará la oficina.

Pero el rochismo no desaparecerá simplemente porque cambie quien se siente en la silla.

Esa será la primera gran prueba de Graciela Domínguez Nava.  Demostrar si llegó solamente para cerrar un sexenio. O si llegó para cerrar una etapa.

AGO 25 2026

Por elpiripituchi

Fundador y Creador del Sitio